domingo, 10 de agosto de 2008

Sobre el Humo Gris Azul...

> (... de los "contigo" perdidos).



Te mueves despacio y frunces el ceño. Acomodas la almohada buscando el frescor del otro lado. Te reconfortas por segundos. Notas que detrás de las cortinas se aviva un sol dichoso de domingo y algunos vencejos que aterrizan en el jardín, trinan de gusto. Sacudes tu modorra, te calzas pantuflas, bostezas sin miedo, gritando quizá, murmurando sueños:



Corres con desprecio las cortinas, y ajustando pupilas, alzas los brazos tratando de alcanzar el techo, haces tres ejercicios de flexión vertebral: ríes por el diminuto dolor que aparece en la espalda baja. Lavas tu cara sin usar jabón, más bien, te mojas la cara, quitas una legaña y ya con emoción, preparas un desayuno sencillo y frugal, lavas tus dientes, pasas la lengua por los dientes, sonríes ante el espejo enseñando los dientes, entonces te quedas serio, retador… cambias la pijama por las licras, bajas la bici de su arnés, la desempolvas, verificas las onzas en las llantas, te pones los lentes de sol y llenas de agua simple el cilindro que guarda el arco.

Sales de tu casa contento; con el sol cayendo a pleno y algunos perros ladrando cerca. Saludas a tres vecinos que se cruzan en la ruta; lentamente recorres el poblado y así de lento te le alejas, tomas el camino a la reserva, estás asombrado por el cuidado sendero (ahora que tanto ha llovido), pasas de largo a un compañero de ciclismo, le saludas, le sonríes, pedaleas más fuerte, prometes ¡allá nos vemos! y luego entras en repentino sprint de adolescente, te sabes sudando y con las piernas fuertes, te recreas en las esferas del deporte, rítmicamente resoplas, aflojas la marcha, debes detenerte (¡de tenerte aquí no estaría haciendo todo esto!). Sin los guantes, las manos sudan mucho… hay que comprar unos guantes.

Entonces sacas el cilindro de su base y lo destapas, te quitas el casco y mojas la cabeza, palmeándote la nuca. Qué sabroso sentir, qué lujo de estar tan vivo y vaya influjo enérgico con el cual se amanece por aquí. Decides, a bien, volver a tus terruños. Como el camino de regreso es de bajada, dejas de pedalear, normalizas el cardiograma.

Al llegar a tu hogar, abandonas el velocípedo en el garage. Te quitas el reloj y entras corriendo al baño, remueves de tu cuerpo -de un tirón- la escasa ropa y te duchas con más calma (tanta calma que apacigua, al final, agua fría en bruto, gritas, de tu boca escapan palabras prohibidas para niños). Ya los poros abrieron y será más fácil estrenar mejillas; rasurarse presto, empezar a oler bien, a hierbabuena, a tomillo, a verde artificial.

Te peinas haciendo gestos ante el espejo, hablas solo: ¡Juan Carlos Medrano, servidor, el gusto es mío!, ¡hola (ríes) qué tal estás!, ¡buenas tardes! / Eliges prendas de calor, “vestidos de domingo”: una rica guayabera de lino aperlado, un pantalón de mezclilla ligera, botas de ante (al tobillo), cítrico perfume. Vuelves al espejo y en un ejercicio narcisista (otro más), te sientes satisfecho. Pones musiquita:



Una vez alcanzado el límite patológico de la limpieza, te diriges al refrigerador más cercano y consigues un seis de “bellas” y una botella de agua mineral. Sales al jardín, te sientas en una mecedora, tienes el inalámbrico a la mano, abres una cerveza, bebes de la botella, le das un beso tronado al limón que antes fue partido en cuatro, hondamente respiras y vuelves a agradecer el gesto a dios (o al hombre, siniestras mitades de lo mismo), te levantas de ese cómodo estar para ir por el directorio donde se esconden los contactos, amigos y familiares.

Llamas al amigo distante, le sorprendes, escuchas cómo su voz es quebrada por un chiste que contaste, lo imaginas bien; feliz, con salud, enamorado, trabajando y ganando dinero, con ganas de estar tomándose la cerveza en este efímero instante. Te despides, mandas abrazos, saludos a la familia, “nos vemos en septiembre”. Cuelgas. Recuerdas que también estás enamorado, elaboras un gesto alegre a partir de tu memoria.

Pasan algunos minutos sin sombra, suena el teléfono: es uno de tus hermanos que se está comiendo un pescado zarandeado cerca de Ixtapa y quería compartírtelo (¡estúpida distancia!, empiezas a pensar seriamente en las teorías fracasadas de la tele-transportación). Te cuenta que ayer pasó una tarde divina con amigos viendo el crepúsculo (propio del Pacífico, quiero decir, tremendo) en Las Gatas y que se acordaron de tu noble persona porque el dueño del beach bar aquel les puso el concierto de Serrat y Sabina. “Te hubiera gustado” te dice, y tú te iluminas. "Mañana yo te llamo", le prometes, "mañana como a las cuatro". Y recuerdas que también estás enamorado.

Así que con su intangible “presencia” pones en la grabadora el último de Joe Barbieri, sigues paladeando la cerveza, se te acabó tu limón y tu tristeza, a dos metros está el árbol, te le acercas, (usando rituales hippies) le pides permiso para cortarle un fruto y éste agita sus ramas por el viento; lo entiendes como un “sí” y lo cortas, lo pones en un plato, lo llevas a la mesa, suena la 5 y tú le subes. Y recuerdas que estás enamorado… no sólo del sol, el bosque, los vencejos, las rutinas, tus amigos, tu familia; de alguien más, enamorado y a agigantados pasos de su espacio. / Y tú le subes; te quedas ahí, casi inmóvil la escuchas... "algo" te hace bajar la mirada:



Tienes otro hermano que vive cerca, que toca a tu puerta con su esposa e hija (a la que haces cosquillas y te diviertes viendo cómo se retuerce), le das un abrazo a tu cuñada y un empujón de cariño al de tu sangre. Les invitas un trago; has dejado enfriando más cervezas en la hielera y ya se ven suculentas, muertas y en su punto. Giras la tapa de dos, te gusta el sonido que esto provoca, las secas y preguntas: ¿en vaso o en botella?, tu cuñada pide un vaso.

Han traído una pizza de anchoas que consiguieron en un negocio nuevo, huele muy bien, sacas los calamares en lata que guardabas para otro domingo, y los ofreces con galletitas integrales que se negaban a ser encontradas. Vienes, vas, te mueves, te ofertas, te ríes (¡te has reído tanto este día y con eso basta!). Comen juntos mientras cae la tarde sobre el jardín, mientras los pájaros vuelven a sus nidos, mientras la sinrazón poco a poco te conquista…

Sobre el Cofre de Perote se está metiendo el sol (para que, como canta Joaquinito, le subas la falda a la luna). Sin embargo, es verano extendido, divertido, caótico verano, y la luz se entretiene mansamente en el horizonte. Entregas anís con anís en copa ancha y llevas tres chaisers. Sacas el agua mineral de la nevera, las burbujas hacen que tus ojos se inquieten de complacencia.

Brindas por la vida y los paraísos, ¡Salud por el amor y la comida!, y decides que es momento de plasmar, para siempre en tu memoria, todo el color azul (casi grisáceo) que tienen los momentos brillantes. Aunque ella no saldrá a cuadro, sacas la cámara y tomas una fotografía:



Tu hermano te pide un cambio musical, quiere al maestro, tú lo concientes… ambos notan la diferencia, y se ponen a jugar al air guitar para arrebatarle risas a la pequeña que se niega a salir de la alberca; hoy te has dado a la buena vida... ¿cuándo piensas empezar a compartirla?.



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5 comentario(s):

Anónimo dijo...

Difícil... ¿Compartir?...

Bien, pues... que puedo decir... además del típico 'está bien bonito'... me arrancó tres suspiros [los conté]...

Que bonito quedó esto!...



Aneh!

Pd. En cuanto al árbol y el posible sí: no cabe duda, las señales son interpretadas a nuestra conveniencia.

Celeste Laviani dijo...

Para mi fiel mirón de fotografía:
Ay, pinche Juan Carlos (el "pinche" es de cariño)... mira qué hermoso cuadro describiste.
Lindísimo relato, en verdad.
¡Un anís con chéiser para celebrar! (porque me mareo bien rápido)...
Por cierto, es probable que el viernes y sábado (12 y 13 de septiembre) vayamos por tus rumbos, Brunóf, yo y unos cuates. Así que estamos en contacto para ver si estás libre por esos días y nos acompañas y muestras los lugares que más te gusten de Xico, ya que, al menos yo, casi ni conozco...
¡Un abrazo bien grande desde Jarochía!
Celeste...

Juan Carlos Medrano dijo...

Aló caminantas !

ADRI: ni tan difícil ¿eh? / nomás que encuentres con quién verás que todo es más sencillo. Y de verdad, el árbol me habló en su lenguaje y me dijo que sí; no me estoy inventando nada... ji.

CELESTE: No me pinchees ... ¡NO MKE PINCHEES!, no cierto, sí, pinchéame, me lo merezco por buenazo (jujujú). Gracias por las porras. Y de la visita, no se hable más, me avisas y nos vemos ¡cómo chingaus no!

Salud.
Bai-bai.

Anónimo dijo...

Ese es un buen domingo caray. Barrilete, esta casi confirmado, andaré por rumbos coatepecanos por ahí del miércoles 27... haber si planeamos una ida por xico viejo/ cabania, (el gringo estresado necesita ver naturaleza .. Jejeje), un abrazo y hasta pronto !

Anónimo dijo...

Pues asi fue mi estimado, de esos Domingos quiero muchos, ya sea lejos o cerca.
Finalmente hay que compartir lo bello de la vida.
Tendremos que hacer un viaje a los mares de cualquier parte juntos mi hermano.
Salud desde San Juanito y a darle que es mole de olla.
Abrazos.