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lunes, 12 de septiembre de 2016

Tres minutos / Debut XIII


Texto para salas de espera y salones de belleza




"La esperanza lanza sus anzuelos desde un más allá 
y yo no me encontraré hasta que me deje de buscar." 

Nano Stern


Quienquiera que seas, donde estés, mírate en los espejos: sabrás entonar con dulzura tus distintas pieles a través del tiempo. Duele hacerse más ocaso y menos viento, duele reírse con los dientes maltrechos, duele aprender a vivir con menos ropa pero es un deleite quitársela más lento. Duele cada fútil momento que destinas a pensar a qué sabrá tu siguiente alimento. 

¡Pero sabe a tierra mojada el brillo con que te miras! Huele a fresas con crema el futuro que respiras y, quién lo sabe a ciencia cierta, puede que en tres horas cambie(s) tu vida e inviertas tu invierno al goce del atardecer perfecto. Debes estar preparado, maletas adentro, para salirte del eje, reinventarte entero, vociferar entonado cada uno de tus aciertos y miedos, salir resabiando la menta y el romero de tus instantes de quiebre, de tus treguas con el tiempo.

Cual sea tu virtud, doquiera riegues tu talento, deja que el silencio te calle la boca y te haga más noble, mírate en los espejos: ronda con la yema de tus dedos el pasado inmediato y entrégalo sin remitente a los carteros; llegarán tus mejores "yo" a otros destinos inciertos. No habrá quien pueda enfrentar el que fuiste con el que eres. Humedece entonces tus labios con agua mansa de riachuelos y deja que de tu lengua emane la verdad perfumada que acaricie corazones de gente que aún no conoces. Prométete sonrisas en rostros ajenos. 

Lima las asperezas con el tibio que llevas dentro y enciende otras almas y otros cerebros. Fabrica un ungüento con el ala rota de tu mariposa y frótalo con vehemencia detrás de las orejas, escucha el sonido de tu cuerpo al otro lado del espejo y déjalo salir a mirar el mundo con gafas de celofán y brillantina. Todo será lampareante y valdrá la pena el mareo.

Sea tu postura lisonjera y cantante o sea más bien de hierro forjado, petulante, cuídate bien de los reojos, encara tus ruinas, mírate en los espejos: tienes un lunar de niebla en la nariz que te obnubila el olfato y pretende a toda costa quitarte el gozo de oler con mansedumbre hirviente el cuerpo de quien amas. Vas a extirpar con fuego la carne vieja de tu carne virgen y a escupirte alcohol con ajo sobre la herida abierta, no dejes que infecte la experiencia tu anhelo de saborear el reino del aquí con su filtro de indiferencia. 

Has llevado tu vida con más decoro que paciencia y siempre es un buen momento para las pausas y los aplausos. Ríndete un homenaje. Fanfarrias y tecnicolor deben rodearte ahora mismo. Supongo que nadie está listo para esta clase de cinismo pero ¡que nada importe!, apaga la luz que llevabas prendida por dentro antes de conocerte. Hoy te sabes más vivo y más tuyo, sabes lo que engendras y lo que eres; no vas a parar de descubrirte nunca, más vale que te des el tiempo de acostumbrarte.    

Digas lo que digas, ardas con lo que ardas, rías por lo que rías y llores en multitud o a solas, mírate en los espejos, haz un esfuerzo, desdobla tu andar y tu monserga: riega sobre el cabello cada insondable batalla (las estrategias si las hubo, las piedras donde las haya, el ciclón de los temores, la imponente tormenta del olvido), espera unos minutos con esa mezcla espesa en tus ideas y, mientras nubes bajas se alejan aclarándote la tarde, prepara un té de durazno, de hoja de higuera, de hierbabuena, ¡de cualquiera de tus fortalezas!, y bébelo al tiempo que piensas si has ganado o perdido, si tu vida es la balanza con la que otros te miran o el martillo que fija las cosas en su sitio. 

Mantén la mente abierta, empapa tu paladar de incertidumbre y también de fiesta. Vuelve a tus espejos, sacude con fuerza tu cabello, camina lento y nota la ligereza en este nuevo andar sin atropellos. ¿Te diste cuenta? Funciona. Nadie sabe cómo ni por qué pero uno siente que domado el miedo, cabalgar se transforma en regocijo.

Por si pensabas que es fácil, debes repetirlo todos los días. No estoy diciendo que conviertas tu tiempo en un ritual, puedes cambiar las esencias; esta vez fue el miedo, mañana ataca a la pereza y presta atención en los detalles, o en una semana comienza por entender tu ira, dentro de un mes cambia la nostalgia por terrenos pletóricos de flor y confeti, en un año los gastos en navidad, en fin, lo que te duela, lo que te quite del camino: borra lo que te haga más parecido al espejo y no al "contigo". Date tiempo. Vete quitando el abrigo.

Dedícate a progresar, a amar, a respetar, a dar un abrazo o a congeniar con el diablo. Tú eliges, la vida es un restorán con menúes que cambian a diario. Dice un cantar popular que vivir son tres minutos, y dígome yo: deja de estar, coño, sentado y aprende a ser un jinete. Si vas a mirar, no mires al de enfrente, ¡mírate en los espejos!, y resplandece.

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shh, play & listen!



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martes, 7 de abril de 2015

Esquema provisional de censuras



Te sobreviví a las largas heladas de la adolescencia, a los besos que robaste y te quitaron en las fiestas infantiles. Luego viajamos, cada quien con su entonces cada cual, y en parajes remotos a los ojos de los dos nos llenamos el rostro de aurora sin pensar tanto en el otro.

Entonces, lejos de atavismos, cargados de eclipse y niebla, nos dimos la mano en un diciembre ligero; nos dimos la boca y los vientres, nos dimos la luna y el frío y la danza.

/

Cuando cobré la conciencia que me debían antiguos fantasmas me hice pobre en inconsciencia y dime cuenta enseguida que si quería alcanzar mi plenitud

(PLENITUD: pies en la tierra mojada, alma vuelta papel de colores, mirada boscosa, alegres manos jaraneras, lluvia en la piel cobriza, voz de miel y nuez moscada, ojos anisados, dedos de novia, ombligo de tabaco, etcétera, etcétera, tantísimo de etcétera)

                                      debía escabullirme de cualquier estándar de belleza que antes me haya enunciado como “amante de lo bello”. Pensé: no puedo,  y sucumbí a la llana contemplación de miradas portentosas. Me di a tu forma de ver el mundo. Abandonado en vista, miré a mi alrededor.

/

No hay nada / No hay focos / No hay rastro / No luz / No magma / No cristales ni vendimias ni ventanas / Nada ni habrá / Nada de nada / Nada de viento / Nada de eterno / Nada de bueno / Nada de blanco / Ni negro / Ni mientes / Ni estorbas / Ni huyes / Ni nada.

/

Me estás prohibiendo mi emoción y los asombros, sentencié con voz de trueno. Por ciclos tengo impulsos de ser el árbol y el agua, la caracola anciana donde el mar se reproduce, el pájaro que duerme a las seis de la tarde, el gusano que se esconde del pájaro, la fruta que no cayó del árbol. Pero vuelves, inquirí, robándome todas las ganas de ser el globo que deja escapar el niño envuelto en llanto; logras con tus trucos que ya no quiera parecerme al lobo que patrulla las praderas congeladas hostigando a los bisontes viejos.

Le haces daño a mi sombra de palmera datilera, quitas todo el frío de mis noches estrelladas en el Perito Moreno, te comes la manzana que puse en el camino de los primeros hombres, me robas el abrazo en el que quiero fundirme contigo, dinamitas los montes donde he visto dormir a tantos soles, riegas los árboles de mis caminatas a sabiendas de mi completo disfrute al verlos secos, rompes la soga con la que cada abril comienzo a suicidarme, bebes del agua donde mis salmones nadan a su encuentro con los osos, te vuelves carnaval con las plumas de mis faisanes, declaras sitio inaccesible a los jardines de Aranjuez matando de un soplo el vago recuerdo que sostengo de mi padre y de su mano fuerte como guía.

Si quiero cenarme un pato tú cocinas perdices, si quiero cazar un alce tú me engañas con cualquiera, trazas mis itinerarios para que vaya donde vaya, de ningún lugar me sienta dueño, ningún lugar me haga falta. Eres cada uno de mis espacios. Soy todos tus sitios.

/

Anoche perdí el deseo que tracé con la estrella fugaz de los mediados de agosto.

/


No niego mis miedos, no ensucies los tuyos. No me mojes los cigarros, son los últimos que tengo. No me digas que sí cuando sabes bien que no. No lo sientas. No me perdones. No te distraigas. No te enojes. No jugar en el césped. No molestar: recién casados. No estacionarse. No mientas. No al aumento de la gasolina. No te metas. No te salgas. No te duermas. No desvíes la mirada a los lugares comunes. No queremos pan, queremos educación. No me colmes la paciencia. No te quieras pasar de lista. A mí no me gritas. No me toques. No funciona. No te había visto. No me dio la gana. No sabía. No tengo cambio. No hace frío, no jodas. No lo creo. No sé. No tiene madre. No me gustó. No te lo comas. No va a pasar nada que no queramos los dos. No hay agua. No lo tengo en existencia. No juegues con fuego. No hables con extraños. No controles mis sentidos. No rompas más mi pobre corazón y otros muchos éxitos del verano.




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El esmalte es de Maritza Morillas


lunes, 12 de septiembre de 2011

Los continentes vencidos

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Play & read!


Struggle for pleasure by Wim Mertens on Grooveshark


Miro una garza herida pero desvío la mirada; no me atañe a mí la sangre que a tibios borbotones emerge de una zanca blanca o el débil graznido que susurra su alma.

Cuán cantidad de mejores razones me otorga el árbol aquél para que algo escriba sobre su fronda, su fruto, su altura, su “rojo que te quiero rojo” ante el verde anestesiado de tanto follaje incaduco.

Qué necedad la del viento que arremolina frente a mi ventana las alas de los insectos que aprendieron a volar en la prehistoria; qué empeño el de éstos mismos en dibujar con su vuelo líquidas líneas policromas que aparentan ser círculos erráticos de lámparas con filtros de celofán.

Qué lúcido instante me regala el cerro al postrarse eterno y silencioso ante mis ojos que, incautos, mimetizan su pupila con la del ocre y barro que de su tierra emergen.

A dónde voy, si todo lo que miro no se mueve; yo lo muevo. Yo entiendo de mover espacios. A dónde voy si lo que añoro está tan cerca y nunca lo visito. Miro una garza herida pero desvío la mirada; me sucede todo el tiempo.

Cómo llegó esa zancuda solitaria a la azotea del vecino si su parvada descansa de la migración praderas atrás, sobre mi Sierra Madre; ¿o es que no son migratorias estas aves?, ¿o esta Sierra Madre ya no es mía?; ¿o no es en ajenas azoteas sino en mi pletórico jardín donde cansada la garza agoniza a cuestas con su pena?

Quién movió las señales de vuelo: ¿el gavilán será el que con hambre y destreza mutó al Sur por el Norte?; o el potrero, tal vez, harto de daños a terceros, ¿inclinó los avisos que indicaban el camino corto a la evolución para que nadie los viera?; o las vacas aburridas que odian a las garzas pese a la simbiosis buena que años atrás pactaron; o el niño inquieto, hijo egoísta del cabrero que perdió a su rebaño; ¿el niño, tan dueño de sus pastos, tan arribista?

Quién pudo mover las señales si sólo nos queda el recuerdo de haber nacido sin ropa; nosotros, seres humanos prudentes, sin ropa, sin propiedades, sin turbas emancipadas contra los malos gobiernos, sin malos gobiernos, sin siquiera gobiernos, sin anuncios de metal impuestos donde sólo crece el heno, sin derecho a estorbarnos, sin armazones ni amazonas.

Quién arruinó nuestros vencidos continentes si antes todo era Gondwana y ligereza. Bien es cierto que pudimos transitar descalzos todos los caminos y regresar al hogar a nado franco, batiendo el mar con nuestras manos limpias; cuándo, entonces, empezaron a hacernos falta las aletas, los visores, las antenas, los motores, las venas en las ciudades, las monedas, los aviones, las banderas, los alambres de púas, el gas pimienta, los robóticos soldados y otros instrumentos de diseño homologado. Qué tipo de dios idealizado, poderoso, barbado o lampiño, pudo más que millones de acuáticas bacterias mutantes.

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Tierra virgen es un óleo de Angels González

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domingo, 9 de enero de 2011

Inventores de palabras

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El español, a pie.

Quienes dicten que los idiomas no deben evolucionar, involucionados. O, peor aún, cuadriculadamente paradigmáticos. O, mejor aún, defensores acérrimos de la belleza caligráfica que toda lengua escrita posee. Es decir, kukluxklanes inefables contra los inventores de palabras, contra los correctores de estilo y contra los bohemios que discuten apasionadamente largas horas sobre el adecuado grafismo de los nobles códigos que se conjugan en lo que hoy conocemos como lenguaje.

Las ideas que hoy miro desconfiado son imprecisas, quizá, en su concepción más primigenia. De cualquier forma, no estamos (usted y yo) inmersos en estas líneas sólo por capricho del destino. El destino no existe. Fuerza en las palabras, aplastante y poco jerárquica cuando cae en manos equivocadas. ¿Las mías son manos equivocadas?, dígamelo luego de leerme. Y cuando digo leerme, me refiero, por supuesto, a malinterpretarme, a adoptarme como dogma o a querer hacer jugo de letras con lo expuesto aquí.

Lo expuesto aquí es la lucidez gráfica de cada palabra escrita, no el por qué de sus funciones ni la cuna de la que todas provienen. Latín para seminaristas, español (del bueno y crudo español que escribimos y olemos) para la gente de a pie. Pa’ usté y pa’ mí, para el mexicano, o colombiano, o argentino, o filipino criollo, o cubano, ibérico o peruano. Español a caballo para el ciudadano que, sin ser un entendido, lo utiliza en defensa propia. Póngale usted sus costumbres al español mestizo y maltrecho y maldecido.

El español, de boca en boca

El Diccionario Panhispánico de Dudas es, tras todos los días y sin mucho sentido, cada vez más gordo. Las razones, más allá de la obviedad, nos significan múltiples apropiaciones de la lengua en función de sus usos y costumbres.

Un chicano gasta diariamente un aproximado de 15 nuevos spanglishismos en su búsqueda por una identidad colectiva y acentuada en sus características únicas. El graffitero rudimentario inventa tags que hoy figuran en tumbaburros alternativos lanzados por editoriales de prestigio desconocido. Un twittero economiza el lenguaje para reírse a carcajadas (y profusamente) sobre un tema mórbido por extraño: WTF! LOL! (8).

Los ejemplos, como vastos, son irrisorios o interesantes o especiales o innecesarios. La necesidad de revolucionar las formas, los pasajes y el imaginario colectivo en función del idioma, fue, es y será imperante, obligatoria, libre.

Visto lo visto, por si usted es de los que imagina visualmente lo que lee; dicho lo dicho, por si es de los que no, me parecen absurdas, sin dejar atrás lo confusas, las múltiples reformas que la Real Academia de la Lengua, sabedora de lo anterior, se empeña en marcar “a pies juntillas”; por qué la insistencia en acentuar los errores habituales de los usos lingüísticos en vez de agruparlos en funciones, permitir novedades, provocar nuevos “decires”, satisfacer a los clientes, seducir a los nuevos hablantes.

El español, en medio

Tranquilicémonos: vamos por mal camino con tanta demagogia. Calma, las verdades a medias no llegan a mentiras. Despacio, yo no entiendo gran cosa de los paradigmas. Lo mejor será pasear al español por los medios de comunicación y dejarse seducir por cada asesinato diario que correctores de estilo, editores, reporteros, amigos todos, cometemos sin misericordia con el único objetivo de ajustar textos a plantillas prediseñadas; ejemplo: si “extraterrestre” es vocablo lon-gi-tu-di-nal-men-te largo, utilizamos alien: gusta y regusta por aquello de nuestra dilección por lo extranjero.

Hace algunas tardes, conversando entre amigos del gremio, trataba de dilucidar en mis fondos alguna línea directriz sobre esto que ahora usted, colmado de paciencia, lee (línea que, al parecer, curveé demasiado casi hasta convertirla en círculo).
Hablamos, no sé, del periodismo de antaño, que educaba o malcriaba a sus lectores, del periodismo moderno, que invita a la reflexión sobre fotografías explícitas o (explícitamente) trae consigo alguna reflexión comprada y, del periodismo futurista, digital, virtual, emancipado, el que organizan indígenas en su lengua madre para no ser reducidos a “páginas no encontradas por el servidor” a causa de alguna afrenta contestataria.

Lo que quiera usted, o yo, o ellos: no estamos aquí para revelar los secretos místicos del acontecer cotidiano ni para instruir sobre tildes diacríticas o diptongos. Sólo (tildado) estamos para no sentirnos tan solos (sin tilde).
Abramos la discusión y cerremos la mente al cambio, o al revés o whatever you want o QSLQDQ o larga vida al español y muerte lenta a lo estatuario, a lo siempre vigente, al castellano inamovible de sus formas.

Entonces, cómo le hacemos: ¿saltamos la valla?





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miércoles, 1 de diciembre de 2010

Procesión del suicidio colectivo

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Play



a.

Brindan viento más que miseria los nuevos tiempos. Me otorgan las medias horas más cortas y la volátil sensación de encaminarme hacia la nube aquella que luego se convierte en agua y nada y surfista y sal y playa y viento. Ciclos de viento; mar adentro, peces y pescados: batalla absurda de los nuevos tiempos.

b.

Los idílicos nuevos tiempos siguen buscando soluciones matemáticas perfectas, creaciones abstractas o sinopsis derivadas para argumentarme, al fin, gloriosos, que debo dar la cara por ellos. ¡Ha llegado nuestra hora!, me gritan desde adentro. Pobres nuevos tiempos, supongo pobres: los números no existen, son creaciones abstractas de sinopsis derivadas del encuentro entre el Hombre con su espacio y /adivinaste/ tiempo. O, lo que es lo mismo: los nuevos tiempos se andan buscando a sí mismos sin notar que en mi mundo interior no hay espejos. Glup. Catástrofe, diríamos por negar cualquier cosa; yo /mira tú/ me quedo más bien (en principio) con la siempre vigente, y sin embargo difamada, idea de la reencarnación.

c.

La reencarnación, torpe anzuelo despuntado para peces a dieta, sugiere re-evolución de nuevos tiempos. Casi lo de siempre /mira/: la reencarnación, partiendo del concepto estipulado en diccionarios de la metafísica y en los clubes privados de los top ten millionaires, no va más allá de plantear, eternamente, segundas oportunidades. Nuevos horarios, nuevas rutinas, nuevos delitos, nueva carcasa para motores viejos. El alma, esta alma motorizada que hoy nos ocupa atender, se queda igual. Siempre obsoleta, llegando tarde, limpiándose los mocos, ofreciendo disculpas a quien se le cruce en el camino. No hay discusión al respecto /creo yo, verás/; es decir, pienso, o elucubro o me malgasto, que el reencarnado quiere engañar a gente que ha dejado de creer: torpe anzuelo despuntado para peces a dieta. El reencarnado - no corregirá – nada.

d.

Porque no hay nada que corregir /muchacho, no has entendido/. Datos duros: el Hombre es el lobo del Hombre, y el alma, cochinita con pezones quebradizos, lo amamanta. O, si me apresuro, el alma es la loba paranoica de la que todos los minutos bebemos gotas de leche agria.

e.

Somos lodo, entonces. Basura sideral caída en la Tierra por suerte de principiantes. O somos menos, somos restos del planeta aquel que destruimos por miedo a perder el alma. O somos más, somos la imperfecta dualidad entre el querer y el poder que no se decide a destruirse, a costa de salvarse a sí. Al final, prefiero la redención, y si la redención significa "nuevos tiempos", nos estamos tardando demasiado en empezar a construir espejos.

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Machine boy: Kevin Carter

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lunes, 13 de julio de 2009

Lecturas detestables 6/n

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Según un estudio publicado por la compañía norteamericana Springer Science + Business, las personas que no son felices consumen un 30% más de televisión que las alegres y dichosas.

Leon Tolstoi jamás vio la televisión, pero lo sabía todo sobre las personas y la tristeza. Las primeras líneas de Ana Karenina son el epílogo perfecto para el estudio de Springer Science + Business:

"Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada."

Javier Pérez de Albéniz

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lunes, 30 de marzo de 2009

Arriba y Encima: lo mismo

> ¿no?



1.

Hay un reino lejano, secreto, donde lo presuntuoso aflora entre jardines colmados de libélulas inquietas y estanques con nenúfares morados. Se llama, tal vez, lo cursi. En él habitan dos personas en universos paralelos e infinitos. Habitan, cohabitan, beben felices del néctar de la vida eterna… y no rastrean a nadie nunca. Viven dos aquí, allá otros dos, abajo dos, encima dos, dos desnudos, dos con ropa, lejos dos, dos hombres, dos mujeres, uno de cada, imposibles dos, dos ancianos. En universos paralelos, dos.

En lo cursi se amamantan esos dos; hay mucho de secreto, aunque estadísticas confirman que el reino también es visible para públicos adversos. Es en los nunca-cursis que los cursis encuentran peso y medida. Es, también, en la no-verdad (que no mentira) que los nunca-cursis refuerzan los detalles de los cursis. Los nunca-cursis bostezan de lo cursi y los cursis, a su vez, temen todo el tiempo de los nunca-cursis. De que el amor se acabe. De que la vida siga su rumbo… en otros universos paralelos… y con otros dos.

2.

Quiero aquí discordar; romper el esquema global/dogmático que la academia me presenta (lo hago muy a menudo; disiento de los viejos verdes españoles que le ponen nombre a las cosas; y encima, escribo; y a colmo, soy profesor de redacción. Y qué. Me alzo de hombros, hago un pucherito infantil: quiero aquí discordar) sobre el vocablo: cursi.

Los Reales Lenguados de Ultramar me dicen, casi a gritos, profiriendo sabia elección de palabras, que lo cursi es toda acción o cosa que, con apariencia de elegancia o riqueza, es ridícula y de mal gusto.

No pretendo en mí los malos pensamientos pero me supongo, casi sospecho, que la definición fue creada antes de hojear siquiera lo propuesto por Adorno, Greenberg o Eco. Habría que discernir la estética kitsch del modus vivendi cursi. Yo soy cursi, visiblemente; lo saben los que me conocen y los que no, lo intuyen.

Soy además, un discretísimo coqueto de lo kitsch; no soy coleccionista, no regalo postales rascahuele, nunca entrego rosas a mi amada en tardes de trova barata, no me corto las venas con el Ojalá de Silvio ni traigo pintadas llamas verde “hot-wheel” en el auto. Sin embargo disfruto las Guadalupes con foquitos navideños o me encanta admirar las pinturas de atardeceres montañosos hechas con spray fosforescente.

Cursi y Kitsch, ¡maldita RAE!, nunca serán lo mismo. Deberían premiarles, ese sí, su mal gusto por definir palabras; ese sí, su ridículo intento de englobar el lenguaje en términos ambiguos.

3.

Maravilloso. Cursi. Perfecto. Imposible.
Me encanta.



Pero más me encanta:
¡Urrrrrrsula, cien años!



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martes, 16 de diciembre de 2008

Querer Amar

> The Buzz Lightyear Theory



Preludio.

"Uno va a hacer algo y siente voces
(vienen de otra parte de la noche.
Vienen de milenios entregados
a sacrificar las emociones).

Como si fuera poca la carga que trae el hombre,
trae el amor atado con cien cadenas de bronce.
Se va librando ya de ese falso peso,
ya va dejando de tenerle miedo a un beso
que libremete vuele por la humanidad.

¿Hasta cuándo va a durar el ruido?
Hasta que la gente se decida
a hacer el amor y amar de frente
en casas con muros transparentes."


N. Nicola y C. Vallejo

1.

La verdad es más verdad cuando se acorta la distancia entre palabras y referentes. O sea, la única dimensión probable para advertir los distintos colores de una sensación es mediante la vívida experiencia que trae consigo el contexto que uno habita. O sea, que a lo dicho, dicho, y al hecho me remito.

2.

La Real Academia Española define a la verdad como la “conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente”. Así, entiendo conformidad como igualdad o correspondencia entre dos factores inmutables; y así, deduzco que concepto es toda idea engendrada por el entendimiento y entendimiento es alma y alma es, a su vez, esencia. O sea, verdad es esencia, no se mide en rituales de lo cierto y lo falso sino de lo creíble e increíble.

3.

La negación como verdad es parte desordenada de la construcción simbólica que nos proveen los enunciados. Por ejemplo; “No te quiero” significa eso mismo: carezco de una percepción necesitada del objeto deseable. En contraparte: “Te quiero”, ubica ambiguamente la necesidad entre su propio definiens y el definiendum. O sea, querer no establece los límites conceptuales del amor en ningún momento. Y sin embargo, se presta a desatenciones del escucha y promueve la batalla en aspectos físicos y mentales.

4.

Pero el “Te amo” tampoco es verdad; es más bien, fe. Fe en uno mismo (en la capacidad de abstracción que genera en otra persona) y fe depositada en alguien más (en el contexto singular del verbo amar). Por tanto, decir “Te amo” es, también, decir “No te quiero”. O mejor, hablar de amor no es necesariamente hablar de pertenencia. Insisto aquí; el amor es conceptual mientras que la querencia recae meramente sobre los encantos de la posesión sobre objetos.

Entonces, ¿se puede querer amar a una persona?, se puede, qué se yo: ¿amar queriendo a una persona?, o incluso, si se me apura, ¿es posible amar y no querer a una entidad?, ¿es, asimismo viable, querer cierto elemento sin amarlo?

La ruta de estas respuestas es transitoria y merece atención una vez que se ha logrado discernir lo casual/objetivo de lo causal/subjetivo. Me quedo con la causa y el efecto; desecho, por tanto, casualidad y destino. Aunque…

5.

La misma Academia, esa sala invencible de abuelos con mal humor, decreta que el destino es una fuerza desconocida que encadena los sucesos. ¿Favorable, adversa acaso? Fuerza, lector, suma de circunstancias y potencias en pos del arranque motriz de un resultado.

Sí, creo entender el punto.
No hay amor a primera vista.
¿Lo hay?

Independiente a este laberinto sintáctico es mi total convicción hacia el sí. Sí hay. Sí existe en nosotros la capacidad perceptiva en cuerpo, ideales y sintonía hacia un organismo desconocido. Pero en la afirmación se acepta el miedo: ¿Es entonces imaginable la visión definitiva?; las actas de divorcio opinan lo contrario.

Supongo luego, que el amor como fuerza (no como concepto) es producto tangible de un soez incidente, y como tal, tiende a remediarse con el paso de los años, a no ser que, de entrada, haya sido fatal. “Gozola y matola” es un fortuito fatalismo, “Te amo desde el primer momento en que te ví” es una completa mentira, que no falsa, aunque increíble.

6.

Concluyendo / A) no es conveniente polarizar los momentos de amor en buenos o malos; mágicos o terribles; fugaces o eternos. Lo mejor es ponerle nombre a las sensaciones; para eso nos enseñaron sustantivos y adjetivos en la primaria. B) El amor no es verdad ni mentira: es intuición visceral y descaro psicológico. C) Amar y querer no son etimológicamente equivalentes. D) La paradoja cierto-falso es un recurrente intenso en el amor. Lo único cierto son los ojos, la boca, el vientre, los lunares, las cicatrices, lo oculto, lo desvelado, el cielo (y venido a ver; el cielo es incoloro). E) Las tensiones entre causa y casualidad; destino o efecto; mentira o verdad, son pequeñas al compararse con la certeza de lo cotidiano. F) La validación de este debate sólo encuentra cabida en la fe. Y G) Es mejor actuar que ver. Mucho mejor, aprender a enseñar que señalar lo aprendido. Máximo es el momento, pésimo el olvido.

Mejor ponerse a amar, en vez de seguir leyendo.



Infinito: Pablo Blanes

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martes, 5 de agosto de 2008

Paraguas / Sombrilla

> o Lecturas Detestables 5/n



Se atrevió a perder primero. Deambuló por tantos recuerdos y tan vagos que su quebradizo espejo se quebró. Dolió. Jamás había dolido tanto (y dime si había perdido, pero esa vez perdió). Comenzó mintiendo: con falsas teorías de la relatividad hizo de su mundo un poderoso embrujo contra el ser honesto (un escarpado terreno para diversión de los mitómanos).

Calentó sus ansias; se quemó. Nos dijo a todos: “no te creo” y sólo yo me lo creí. Dicen que engañaba, que sus pupilas se quedaban quietas y se le arqueaba de pronto una de sus cejas. Yo pienso seriamente en su verdad como Verdad (aunque tolere la de los otros). Dicen que falseaba datos, que sus manos se entrelazaban con manteles largos de divinos pesares y cuasillantos; que por ello, se nos caía la baba. Que hasta por eso, la lástima en el aire vagaba, le rondaba. Y ella que tan bien se ríe, y yo que siempre he confiado en su sonrisa.

Se aventuró a partir primero. Conoció los límites psíquicos del quehacer humano y corrió tan aprisa que su aletargado pensar se cansó de pensar (y le ganaron todas las tortugas). Yo que a tantas liebres he cazado y que de los anfibios paso, perdí aquel día toda la pierna y no hubo prótesis alguna que fuera capaz de salvarme. De tanto caminar, partí camino y la perdí; me atreví a perder(la) primero.

Puse a hervir mis ansias y ofrecí de beber a sus amigos; sus amigos no bebían, mis ansias, como las suyas, se calentaron, pudiendo al fin, arquear una ceja. Ella (nada en serio) creyó en mi Verdad como "verdad" (y dejó de confiar en sus aliados). Cuentan que a ratos reía, inventando esquemas y falseando manos para después curarlas; bordaba manteles que acompañaron muchos años sus penares largos, que hicieron brotar dos llantos que salpicaban el aire y que por lástima, llenaron la vaguedad de rondas.

(¡Pero en qué conjugaciones andas!)

Fue la primera en atreverse. Dibujó paisajes con espejos sobre espejos sobre espejos y se vio y se vio y se vio forzada a romperlos todos, dejando en las aristas mentiras regadas, mundos relativos y embrujos terrenales. Pudo más la tortuga, que miró a la liebre ser comida por el zorro, a la nube asustarlo y al aguacero detenerla; sólo entonces cruzó la vereda de la verdad, de canto y sin ansias. Con pausas, sin fuego. Y yo tan clima invernal... ella tan lloviznita.

Señalan los que se mojan, que su vientre escapó del riego y su mirada hizo labor de costurera, teje que te desteje todo lo blanco de los manteles, dejando a solas lo negro. Apuntan al cielo cuando llueve y dicen que es ella llorando. Anuncian tormenta… siguen guardándole lástima. Y ella que tan bien se ríe... yo que siempre he confiado en el verano.



< U.N.K.L.E. Rabbit in your headlights. >

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"El hombre está siempre dispuesto a negar
todo lo que no comprende".

Blas Pascal.

Sí cierto.

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martes, 1 de julio de 2008

La Felicidad

> Por poner un ejemplo:



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A las tres de la tarde, con dos autos estacionados sobre la calle de enfrente, vi morir a un hombre de algo así como 31 años. Presencié todita su muerte. Me aferré al volante y supuse que podría ayudar. No pude. Era tarde.

Su cuerpo (casi cosido a muñones) ya empezaba el lento viaje a la descomposición. Era también verano y el sol, que no quemaba, caía a plomo sobre los ventanales del edificio que actualmente quiere vender la inmobiliaria donde trabaja uno de mis conocidos . Y yo no supe ni cómo esconderme del testigo más cercano –supongo que amigo del tipo arrollado por el del inter 7, un verde con franja amarilla -. Si usted lo hubiera visto: impávido y lloroso, temblando de las manos, mirando a todos lados, ante mis adustos ojos.

Qué ciudad tan quisquillosa; repleta de situaciones mal halladas en semáforos y esquinas de viento. No sé bien cómo murió el sujeto: por qué fue atropellado, qué dedo poderoso lo ubicó en el cruce, qué acelerador invisible le sirvió al que se dio a la fuga...

Dónde están esas respuestas.
Cómo se compran.
Con qué se digieren.

Porque éste para mí no es nada, pero hay quien sí. Porque puede que mi fugaz transporte a Itaca se quede sin frenos y me desbarranque del barranco con todo y sueños e hijos y libros y tazas. Dónde voy a poner todo eso: luego de caer 214 metros, incendiarme y comerme mis vísceras, q u é l e v o y a d e c i r a m i g e n t e. Con qué cara me les aparezco.

Por eso maldigo a los fantasmas: por pura y llana ignorancia, porque no les veo con sabanitas blancas y no me da la gana ser de su raza. Estoy cansado de pelearme con ellos y de que me hayan asustado tantas veces de pequeño.

¿He pensado en la muerte? Sí y no. La oportunidad es grandiosa: ya me imagino a Dios jugando conmigo al “dónde quedó la bolita”. Pero Dios es pura pedacería, no hay forma de ganarle. Dios es una alucinación masiva como dicen los nihilistas, y la felicidad: búsqueda eterna. Mi mayor confesión es entonces que hoy, luego de ir manejando media hora con vierausted qué belleza de compañía, me dieron hartas ganas de vivir. No sólo estar aquí por permanencia o espacio, sino vivir y aprovechar hasta el último destello luminoso que haya en mi capacidad de asombro para así… / (échele un cinco al silencio, deje que me aclare la garganta).

Es de verdad… ¡carajo!, espéreme es que… es que hay algo… no. Hay al… (toso, carraspeo).

Esto me frustra; le doy muchas vueltas pero me frustra. Es más grande que yo y más siniestro. Mil veces más siniestro. Porque a uno se le acaban las… (mis pulmones avientan aire oscuro). Recuerdo el día que conocí la noción de “podas humanas” ante el Tsunami aquel en la Indonesia y al principio me malgasté una risa. No estamos diseñados para eso, ni siquiera para desyerbar el barrio. Cómo vamos a entender a un tipo que se nos muere a un metro, entallado en pants de nylon con bolsita del súper dejando un tiradero a media calle: ensalada de tela, lechuga y sangre. Cuántos kilómetros, y a qué velocidad exacta, debo haberme recorrido entre chistes coquetos y sonrisas para estar en el medio de aquel esmerado panorama. No me lo explico.

¡Yo ni tenía que pasar por ella!.
¡Yo qué chingaos tenía que estar haciendo ahí!

Mire mejor, para que no le cuenten, le explico: en el auto siempre cargo con discos, muchos, multiformes y de diversa jerarquía. Hay que ser precavidos. Entonces dígame cómo, a qué hora se fraguó ese plan de muerte y alegría. Quiero decir, yo pude estar escuchando muchas otras cosas menos ésta:



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jueves, 26 de junio de 2008

Lecturas Detestables 4/n

> Para Bebe



Atención: lo siguiente podría, tal vez, herir susceptibilidades de algunos lectores. Se recomienda, por tanto, mucha discreción.

Delimitación: ¡Ah, los desencantos! Yo bien podría saltármelos; no niego que sean una parte importantísima en todo enamoramiento, pero, las más de las veces los hallo en demasía apasionados y poco funcionales. Sin embargo, por razones desconocidas, a mí me persiguen todo el tiempo: tengo una noción de derrumbamiento forzoso en los noviazgos. "Todo acabará", siempre puedo estar asechando a mi futura ex novia. Es terrible, lo tengo bien sabido, es más que terrible… es… terriblísimo. Pero bueno, lo es.

Supuestos: Ahora bien; hombres y mujeres mostramos distintas facetas de nuestros corazones compungidos. Aunque genéticamente distemos muy poco, somos la antítesis en los negocios del amor. Si los hombres gozamos de fácil desapego al terreno sentimental, es también un hecho comprobable que mucho sufrimos la ausencia física: el olor, el beso, la caricia, el sexo, los hematomas de lujuria, los ombligos. En ese aspecto andamos fallones. Y así será siempre.

Las damas no; casi toda mujer es un exquisito crucigrama de ideales y programas ajustados a medida. Como machos, debemos ser, en analogía fashionista, unos pret a porter de buena estatura, buen peso, buen ingenio y buena talla. Y si se puede en negro, mejor.

Doctrina: Alguien cercano a mí, en sangre y pensar, me propinó -sobre una madrugada queretana- tres detalles infalibles para cosechar una relación duradera:

a) Gana siempre buen dinero; que nada falte en especie, que nada falte en capricho, que todo sobre en los refris, los armarios y las bibliotecas.

b) Se fantástico en los terrenos sexuales: f a n t á s t i c o. Nunca dejes de pensar ni en nuevas cláusulas ni en nuevos disfraces. Es deber humano desarrollar otras maneras divertidas de llegar al orgasmo. Bueno…

c) Conviértete en su mejor amigo: sal y pimienta, mostaza y miel, dardos con veneno, agua fresca todos los días, todos los inviernos, en todos los ciclos. Saber escuchar y además, proferir una opinión justa y sincera de cada inquietud que tenga a bien comunicarte, será sólido cimiento de una vida comfortable.

Esto… parece extraído de Vogue o la Cosmo. Quizá esta persona leyó unas revistas, esperando en la salita del dentista, luego se hizo de noche y los tragos corrieron para finalmente escupirme este dogma con cierta adaptación al pensamiento masculino. ¿Hay corriente de pensamiento masculino?, ¿la hay, incluso, del femenino? Valdría la pena charlar al respecto; no por géneros ni equipos, sino tratando de saldar las cuentas del raciocinio y otorgándole el beneficio de la duda a los consensos.

Enunciación: El tiempo, estoy seguro, le dará la razón al ADN, cambiará de hoja y mutará de especie. Sea lo que sea, toda vertiente hedonista, herética o fascista que desemboque en los caminos viscerales del amor, deberá ser siempre sellada con un poquito de llanto y un tantito de ron.

Fórmula: La música que dediquemos al objeto de nuestro odio repentino dependerá directamente de qué tan repentinas y odiadas sean las acciones del objeto. Por tanto, aconsejo lo siguiente:

- Para que la canten las niñas, esto:



- Para los nenes, nada mejor que aquello:



- Y algo de preciosismo:



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miércoles, 18 de junio de 2008

Las Múltiples Formas

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El cerebro trabaja de modos misteriosos, ¿o es Dios? No - contestó Dios -, es el cerebro. Ah, pues muy bien. Es el cerebro. Su maquinaria es un diseño universal de quebrantos propiciados por una existencia somnolienta, única en acabados y rellena de engranajes soldados a medida particular.

Por ejemplo: uno puede ir manejando (siempre tratando de sonreírle al de a pie, cual robot) y notar que se acerca la intercepción con un ciclista. Y pensar (así muy adentro): "las bicicletas tienen frenos". No se malentienda y profiera a mi persona la categoría de conductor suicida y desalmado. Nada de eso… ni de lo otro. Es simple: las bicicletas tienen frenos y el ciclista puede parar despacio sin necesidad de que yo lo haga. Eso, si la sustancia gris que a todos nos aqueja es sagaz y atleta. De no ser así… bueno, pasemos a otro ejemplo.

A ver. Atento. Alguien puede conversar con usted sobre lo fascinantes que son los puentes que atraviesan mares kilométricos y argumentar, con sólidos fundamentos, que las estructuras que sostienen a esas bestias demenciales de la construcción son un invento formidable de la naturaleza humana. El mood momentáneo puede incluso ser exquisito: 23 grados, algo de Billie Holliday, un vaso con agua fresca y twist de limón… y de lo imprevisto, sin que nada ni nadie lo acarree, soltar por mandato cerebral alguna oración estúpida: ¡se me antojó una nieve de macadamia!

Modos misteriosos. Nuestros millares de neuronas son unas esquizofrénicas. Yo no las culpo; el hecho de visualizarlas todas enjutas y rodeadas de hermanitas que en su vida han visto me llena de misericordia. Pobrecillas las neuronas, todas dependientes de una sinapsis tirana que les ordene (a veces no) qué hacer, cómo y cuándo hacer y sobretodo, qué no hacer. Vaya dilema el de las neuronas… pues ni eso; porque además son esclavas de nuestros hábitos. Si uno fuma, las quema; si una noche brindas por el amor conferido a una dama y ella te lo devuelve con un salvaje guiño de ternura, se hinchan tanto que explotan; si se opta por el desvelo, enflacan. Y así: infinitos casos de estudio socio-neuronal que esta tarde me rodean.

Por ello dicto lo siguiente: uno (punto y guión), familiarícese con sus maneras de actuar; es importante saber que las más de las veces tomamos decisiones incorrectas (que a la larga pueden llegar a hermosos senderos). Dos (punto y guión), cuando guste llorar, llore; si aplaudir es lo suyo, póngase rojas las palmas; ¿le contaron un chiste inmoral y quiere carcajearse? hágalo: abra bien su boca, tome mucho aire, limpie sus pulmones y retuérzase hasta el dolor si escucha alguna vez un comentario gracioso de Jesucristo en la Cruz (acuérdese que los católicos tienen mala memoria), y tres (por favor, indispensable; y tres), punto y seguido: deje de saborear mentalmente sus helados cuando le hablen de ingeniería.



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martes, 6 de mayo de 2008

Lecturas Detestables 3/n

> ... tras un intento fallido (junio 2006)

No si el viento sopla. Si la mata crece no. No mientras valga la pena y tú te fijes en detalles. Nunca, de serme posible, te diré un piropo porque sí. Jamás de los jamases. No cuando te acuerdas. No hasta que lo olvides. Tú prosigues, yo me atengo. Antes dije no, hoy te lo repito: no, porque me ciegan tus modos y tu andar. Diré que no cuando me invites y hasta saber si tú viviste o no, con otro. Ni por un instante creas que sí. No quiero insistir en tu perdón. Nunca no; y de ser así llegarás muy lejos sinmigo, porque ¿conmí?. No, pues se estropea lo que no llegó a cuajar. Ni así, porque tampoco dar es dar. No mientras yo viva y tú no me animes al sí.



< Liliana Felipe.- Pero no te extraño >

lunes, 28 de abril de 2008

¡ Ni cómo ayudarte !

> A Dumbo, por preguntar.



La supervivencia es un animal moribundo, destrozado por dentro, lamiéndose heridas, ofreciendo la lástima de quien lo nota. Si lo nota.

Ya lo escribieron muchos y de mejores formas: es pasar el rato, lograr que el universo gire acomodadamente a ritmo y destino propios. Supervivencia es quizá la forma más amable de cotejar tus acciones en función de las de otros, y es también, por puro capricho, el siemprevivo deseo de aminorar los males a toda costa.

Supervivencia es más: de lograr una definición correcta valdría la pena mandarla a los diccionarios. Es el tiempo transcurrido entre vida, justicia, ambición y muerte. No es cíclica, no es conferida y mucho menos regalada… se cosecha poco a poco, y ahí, en temporada, se sirve bien fría… como la venganza mis amigos.

Sobrevivir para tomar otros rumbos, hacerlo con la fija intención de mantenernos erguidos. Si se desea puede acompañarse de procesos de adaptación múltiple: sobrevive el que más rápido se adapta. Así de sencillo, así de frágil se vive.

Por ejemplo: dos hijas le piden a una madre (una mamá condescendiente) dinero para helado de macadamia; mami, sin embargo, sólo tiene efectivo para una bola (esto se está volviendo una broma) así que decide no darlo a ninguna y, ya que la idea está puesta, mentir bajo criterios estrictamente ahorrativos para después, con disimulo, ir a “Helados Conchita” y regalarse (por dos minutos) un incentivo sabor nuez, por tantos años de no pensar en ella.

Es probable que toda madre salte en este instante y me maldiga (¡donde quiera que estés, aborto retroactivo, debes saber que una madre nunca sería capaz de siquiera pensar en cuestiones tan obscuras y egoístas!).

Sí las hay. Debe haberlas… hay de todo en…la… no sé… en esto que tiene el Señor ¿no? Sí o no. Sí o no… ¿lo ven?, entonces sí las hay, debe haberlas. Anyway. El punto recae sobre la “i”, cuando, inmersos en una rutina (laboral, amorosa, depresiva, etcétera) nos desencajamos del mundo que nos habita y por un momento, vivimos. Así, con todas las letras: uveiuveiemeoese. A lo ancho. Dejamos de sobrevivir para contar (de un modo más oscuro) todos nuestros inmundos deseos.

Bien lo cantaba Silvio: “un señor quisiera ser mujer, y una chica quiere ser señor, hasta Dios sueña que es un poder y Mariana quiere ser canción”. Alberto Cortez siempre quiso ser bombero, Drexler fue doctor y luego cantante durante ceremonias gringas que premian obras fílmicas, Serrat estudió Agronomía, Sabina letras, Filio se hizo LAE, Aute pintor, Fito rodó películas, Luis Miguel aprendió solfeo, ¿te estás burlando grandísimo hijo de puta?, no señora, como lo oye: Luismi le echó ganas a la cantada, tuvo maestros y todo. En fin; no nos detengamos ahí… también hizo buenas películas, tres, en una perdía la pierna (pero luego le ponían una de palo).

Aún con todos estos patrones de supervivencia no me queda muy cristalino el asunto: pareciera entonces que en vez de vivir, gozar el presente, darnos besos en parques sombreados, regalarnos chocolates en febrero, llorar por novias, buscarnos modos más seguros de ya no llorar por novias y demás parafernalias, sólo sobrevivimos. Moribundos y sin ser notados.

No debería ser tan patético el asunto, tan… lúgubre, injusto.
- ¿y los de Kenya?, ¡niño!, ¿y los de Kenya?
- Y los de Kenya qué… señora.



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miércoles, 18 de enero de 2006

Lecturas Detestables 2/n

- Se salieron con la suya. Los dogmáticos del tiempo, del espacio y de la vida, se salieron con la suya. Hicieron que descubriera por méritos propios que el fuego quema. Se desquitaron por no saber acomodar más horas en un día, y así nació la noche; aquella triste dama en luto eterno que propaga los deseos más siniestros del hombre común, hombre que trabaja de 9 a 5 por un "miserable salario que no alcanza a fin de mes"*, casado con una mujer sociópata que lo atosiga con pagos, caprichos, negados besos, efímeros placeres carnales y que, encima de la ya dramática existencia del miserable, lo espía. Sospecha que mantiene un secreto romance con la de caja. Así entonces, el hombre sale a la noche y divulga sus torturas a desconocidos en barras viles que abundan en la ciudad, misma que no cesa de refrendarnos nuestra insignificante labor humanitaria. Llega luego, borracho y pleno, al hogar que le asemeja de inmediato una mazmorra, sonríe; sabe lo que tiene. -

> "El día es un desgraciado que le roba horas a la noche" dice Chavela Vargas. Y es ahí, durante las obscuras estadías de nuestra existencia diaria, donde por fin nos liberamos del terremoto interno que amedrenta todas las virtudes. Como bien preciado, la noche invita a los excesos; no más bailes de disfraces... sin máscaras ya, recordamos nuestro génesis. Pareciera que es, durante aquellos negros instantes, un volver a verme sin historia clínica o social, un deambular desnudo por las grandes avenidas. O mejor aún, un cigarrillo fumado despaciosamente sin el ruido de motores que hacen de cualquier momento, un fatídico y banal resultado. Una noche conmigo me deseo, conmigo a solas... y decirme todo lo que siento, sopesar errores, suspirar amores imaginarios, cantarme desafinado y valorarme sin ataduras de estatus. Después vendrá lo establecido y mandará mi futil romanticismo directito al caño urbano donde me encontraré con otros hombres grises, donde checaré crueles tarjetas bajo un inquisidor reloj, donde tomaré café con el enemigo, donde saldré por fin a la bella luz del día, a la que le pediré, por favor, que desarrugue mi corazón con la ternura de sus besos. <

* frase extraída de la canción "Princesa" - J.M. Serrat

martes, 6 de diciembre de 2005

Lecturas Detestables 1/n

La diaria restauración del ser humano para convertirse en lobo de sí mismo. "El hombre lobo del hombre" marca la sentencia humanista. ¿Dónde se esconden los placeres de siempre?, ¿en qué desvencijadas mentes descansan los recuerdos intregrales de nuestra persona?. Los placeres son los que descansan, los recuerdos son los que se esconden.
Se acercan entonces vientos sigilosos de nostalgia, amotinados llegan los colores de la infancia, el brillo esférico empolvado, el azúcar de la risa de toda la casa llena, las nuevas generaciones que juguetean a ser mayores y el adulto que suaviza su mirar ante el mundo suyo.
Súbditos todos de las calles, vamos poblando encasillados, egoístas, la ciudad que se pinta en policromos paisajes de alegría. Unimos fuerzas. Jalamos parejo con ilusorios sentidos de humildad. Procuramos el cuerpo con café, con cigarrillo, con carnal compañía. Y juntos, así de juntos, más juntos, volvemos al hogar colmados de presentes que alegran al futuro. Nos abrigamos con pesadas cobijas de lujos pasajeros y prendemos fuego a los leños que esperan ya excitados en aquella vieja chimenea. Con pequeños pasos, abrazamos al pariente, al hermano, al prójimo desconocido, a nuestra perfecta compañía de seres queridos... nos ponemos tristes por la injusticia y brindamos exhaltados por la vida futura, por los éxitos incontables a los que estamos sometidos en años venideros. Cantamos en fraternal unión y dejamos que la cera ardiente de las velas carcoma por segundos la piel de nuestras manos. Lejanos se escuchan los trineos, miles de campanas que retocan de alegría insensata el corazón, nieve en los tejados y en la uñas, fanfarrias jubilosas. Ahora timbales de grandeza. Más tarde, diminutos tintineos de esperanza. Y al final, un grito que apaga algarabías. Entre la neblina se ven dos hombres, uno joven y cansado que carga un cabrito cuesta arriba, el otro, de mayor edad y relajado, fuma despacio y exhala un humo pegajoso. A su alrededor, árboles enmarañados, inmortales, árboles sin hijos... atrás quedamos todos, sólo se escuchan de vez en cuando algunas carcajadas que hacen eco en la montaña, el tronar de copas: estallido de una fiesta antigua, mesas colmadas de manjares y licores, guantes, abrigos, violines, amor...

música: Narada Christmas Collection Volume 2.