lunes, 31 de marzo de 2014

303 días después


Infusión
Obra completa



(Musiquita para relajarnos)


Durante una tarde de mayo del año pasado recorrí el refri y el pensamiento buscando ideas frías. Y encontré una muy caliente: volver a escribir en mi blog que, si bien no había abandonado, lucía pálido de efigie.

Idea fría: escribir por deleite de crearme más y diferentes mundos efímeros. Escribir ficción. Inventar dolencias y placeres de personajes que probablemente nunca podría llegar a ser (por mi nimio interés en ser alguien más de lo que soy) dada mi cobardía y el infatigable paso de los años sobre mi redonda figura.

Nunca he sido disciplinado; gozo de un trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad (o creo gozarlo) que me aferra al orden preestablecido del universo: mi universo, mi física y mi tiempo. Eso es tan distinto a la disciplina y la constancia creativa que sugiere ciertos huecos en mis momentáneas encerronas con las musas... y en mis devastadores enamoramientos; pero eso no viene al caso.

Dicho lo dicho, pensé en escribir 30 cuentos no mayores a los diez párrafos. Uno diario, un mes, una taza de té mientras eso ocurre. "Salir fortalecido", dije en voz baja para no ser escuchado, volver a mis antiguas glorias de desenfreno existencial y literario llegadas tan sólo hace cinco años. 30 cuentos, 30 días, 30 tazas de té. Y volver a empezar. Escapar de la monserga de escribir por escribir. Fijarme objetivos. Diversificación es diversión.

Y aquí están, 303 días después, los resultados.
(Guárdese sus comentarios)

PARÉNTESIS DE APERTURA

Infusión es la tercera serie que completo. Las dos anteriores (Debut y Dilecciones, que puede usted encontrar al costado derecho de esta bitácora electrónica bajo la columna Barrios) fueron monotemáticas.

La primera, de diez entregas, revisa mi adaptabilidad a los cambios que ha sufrido (el) peatón, tanto en diseño como en maneras de utilizar el lenguaje, y es más bien una suerte de ejercicios que no tendría por qué haber publicado -y que, venido a ver, ni siquiera sé muy bien si esté "completa"-; cosas del ego, como este texto, como este blog: cosas del ego. Arrebatado, incluso, por cambiar de estigma, intenté desaparecer mis rastros a través del Debut X. Por supuesto, no lo logré: para desaparecer hay que ser constantes.

En Dilecciones, sin embargo, la fuerza motora de mi núcleo sustancial que (perdone la franqueza) ha sido siempre amar y ser amado, se me fue de las manos. Así surgieron treinta textos en los que utilicé un lenguaje más ramplón y coloquial para generar conversaciones lo más humanamente realistas entre dos enamorados.

A esas entregas, se les sumaron después doce garabateadas imágenes sobre el desamor y los celos. Hoy se muestra completa luego de haber desaparecido un par de años del blog y puede usted leerla con los 42 incisos.

PARÉNTESIS DE CIERRE

La serie Infusión no consiguió extraer de mi cerebro envenenado el mal bicho de la desidia y la poca perseverancia, pero sí dio luz a una faceta distinta en mis umbrales creativos. Por ello le debo mucho y la atesoro desde ahora como un premio de consolación a los diez improductivos meses que tardé en terminarla.

Su numeración sólo corresponde a un registro elemental de mi lentitud hacia la vida; un mero orden cronológico que supo trazar algunos esquemas sobre los temas a tratar, las formas narrativas y la experiencia misma de ir aprendiendo palabras en desuso.

Por ello sugeriré un orden (recuerde usted mi trastorno), más de fondo que de forma, y que no pretende ser paradigma para su lectura sino sutil acomodo de tópicos o circunstancias. Vaivenes emocionales que en el continuo desdoblamiento (canalla o hipócrita) que supone para  un servidor el acto de escribir, servirán de menos para entretejer de modos más honestos este enredijo sin cabeza que tuvo a razón perdida llamarse: Infusión.

Los dos bloques que le presento muestran los vínculos a cada entrada, lo que le permitirá navegar con más comodidad por este mar de nombres propios y sustantivos.

Espero que disfrute el trance y logre conectar con más de uno. Sírvase un té de lima y tenga a la mano sus galletas. Feliz viaje. Gracias por leer.


INFUSIÓN
OBRA COMPLETA

PARTE 1

(La vanagloria de esa tarde de mayo. 
Una introducción)

(Extrovertidos escupitajos sin sentido)

(Mejor no hablar del pasado)

PARTE 2

(Cuentos para niños y adolescentes)

(Cuentos de malicia y regocijo)

(Cuentos para envejecer)
Tangentes:
a) Primera
b) Segunda

(Breves homenajes a la literatura de la Onda)

(Rendición de honores a la Naturaleza)


F I N  D E  S E R I E


Al interior


Infusión
30, de 30

FIN DE SERIE




La niñez es la etapa en que todos los hombres son creadores
Juana de Ibarbourou, 1947

°

Julio vació las calles. Una a una las despobló de asfalto, liquidámbares cerúleos, bancas y hojas secas, pintura, tropeles, proclamas de neón, chalinas, gozques, autos, felinos, cellisca, tamo, olores, lamentos, despedidas, primeros besos, boletos de lotería, divorcios, tabaquerías, independencias, desalojos, relojes, semáforos, esquinas, cruces peatonales, casas de té, banquetas, vidrios y estructuras, estatuas, ruidos, fuentes, estertores, cantinelas. Las despobló de domingos y se fue a vivir para siempre a la calle en que creció, intacta a pesar de su memoria asesina.

/

Ansiaba la muerte como el agricultor que espera la primera llovizna del año. Ilusionada, Mariana revolvió sus recuerdos con café y se los bebió de un solo trago. Enfermó de tristeza y se fue andando bajo el repaso de sus años mozos, paso lento y con vestido a flores, sobre las protuberantes raíces de los árboles ancianos que no pudo digerir.

/

La más gozosa de las damas afligidas. Inés sonreía a pesar de sus múltiples tragedias domésticas. Así lo dijo al palpitar de la noche fresca de un verano insospechado: soy la más alegre de las personas tristes. La rodeé con fuego y ternura, llevado quizá por los rones blancos y los trozos de sandía que gustamos en el vergel de su amigo alfarero. A veces sólo hace falta abrazar a quienes gustan del llanto incontrolado y libre: guardar silencio, mimar espaldas, sobar las entreveras del cabello, acercar pañuelos, echar un vistazo a las luciérnagas.

/

Esta mar tanto blanca es betún insoportable para Eugenio que aprecia el mundo al envés de los colores. Amarillo el cielo, cian la carne, pestañas de pitiminí. La gnosis, que es tan plena en sinsentido, nunca arbitra el prisma negativo de los niños. De noche, todos los gatos son leones.


° 


-

Apnea estática en playas de Cadiz
sin referencia

FIN DE SERIE

viernes, 28 de marzo de 2014

(Bucólica pausa musical de 7 minutos)


Infusión
29, de treinta





Remedios mancha de verde y ambarino este boscaje  
Lola fiscaliza los ecos de los grillos 
 Rigel llora plata en la túnica estelar 
 Natalia cabriolea sin falda entre los labrantíos de mirasoles 
Antonia duerme a los retoños de los lobos 
Mare enseña a trovar a los mirlos
 Tina dispone los olores de las savias, las frutas, las especias
 / Montaña arriba / Malacaides cincela florestas 
 Lourdes cimienta otros mundos furtivos 
Valeria los puebla junto a Fausto 
Inti tutela el reino mar adentro 
Julia desarma las balas de los hombres 
 Olivia se entrega a la intuición 
Jade pone carbono en los volcanes  
Ruth aprende a mirar a los espejos  
Manuela estampa lirios en lagunas  
Eugenia remedia los crucigramas  
Sonia pare y pare y pare a las criaturas 
Celia idea la nieve y se entretiene 
Refugio es la mujer, de niña era Isabel, Ana será cuando abuela 
Beatriz es la mujer 
Luisa la mujer 
Amelia, Patricia, Ernestina, Martha, Cristina, la mujer 
Toda la mujer es Rosa y Margarita, Catalina y Guadalupe 
Rocío llueve 
El Cosmos recomienza


Play!


°

La foto es de (el) peatón.

- veintinueve -

miércoles, 26 de marzo de 2014

Duermevela


Infusión
veintiocho, de treinta




Sara, si mueres en verano vas directo al infierno. Así es aquí, no pongo yo las reglas. A tu abuelo le faltó el aliento en julio y vive en el infierno. A tu padre le fallaron los pulmones justo iniciado un septiembre: está en el infierno. Están solos y se asustan. Mi madre se colgó en agosto, durante mi cumpleaños: deshabitada y oliendo a podredumbre, está en el infierno. Yo no pongo las reglas; la gente simplemente deja de ser feliz en verano y decide morirse.

Por qué no apuñalas a tu hermana mientras duerme (le susurra) ¡Sara: cuchillazos en su vientre! (Aire caliente. Pesadilla. Sara empapada, asustada, enlamparada, despierta congestionada) ¡Sara! (Chillidos desde la ventana. Aire frío de dos de la mañana. Paulina ronca muy discreta junto a Sara deslustrada, atenebrada, casi de congojas maltratada y de cara parda a la luz del toilette que la abuela nunca apaga)

¡Sara! 

Sara: si mueres esta noche por tu hermana yo me encargo de poblarla de hijos castos, principescos, laudatorios. Niños lisonjeros y amables como tú. Pícate el cuello con estas tijeras, vida. Ten. ¡Clávate las tijeras, Sara! Mira, es fácil. ¡Clávate las tijeras en el cuello, niña! ¡Clávate las tij!

¿Sara? Tu hermana está sangrando. Ven. Ven acá Sara. No tardo en domeñarte. Jugaste con el bautismo, con tu crédito bautismal, ¿por creerlo divertido? De poco sirve ahora. Yo no pongo las reglas; ya lo conoces, tú sabes Su Nombre y Su Paciencia.

Te vas a quedar dormida y vas a venir conmigo a ver a tu hermana que está sangrando. ¡Sara, se está muriendo Paulina! Del cuello sisé sus arterias, y sangre con vómito derramó sobre el blusón de noche. Sangre verde y amarilla y negra de tan roja.

¡Despierta, nena! ¡Sara, despiértate! (Manos añosas le acarician las mejillas) Si mueres esta noche en vez de tu hermana no irás al infierno. Ayúdame a parar el sangrado de Paulina. Se nos va de las manos. Sara, muy en serio se nos va de las manos. Despiértate Sara. ¡Despierta, nena! ¡Despiértate! (Despierta irreflexiva, como vacua materia, Sara como autillo distante en la zozobra) Si mueres esta noche vas directo al infierno.

(En el infierno las almas tienen un cuerpo pesado, caliente y quejumbroso; se cortan la piel una, y otra, y otra, y otra vez con los filos de las hojas de papel; además les crecen las uñas al revés desbaratándoles la cutícula y adhiriéndose a los huesos / y las cuencas de sus ojos despachan una suerte malsana de hielo seco. Eternas criaturas de lentos caminares sobre espinas. Ánimas reinantes en la sordera del reino más callado. Y volver a empezar con las claras del día. Y volver a caminar entre tanta gente viva) No te nos mueras, Sara; hoy no te mueras. (No al menos esta noche de ciclo lunar y luz de vela)

°°°


[ La escarificación es obra de Xavier Aceves ]

28

martes, 25 de marzo de 2014

O viceversa


Infusión
27 / 30



Se le acaban los cigarros a Panda. Y la luz también se le acaba. Afuera hay tormenta citadina y las calles se multiplican, vueltas agua y faros para niebla y gasolina quemada que bulle de los escapes. Cantos de sirenas que enarbolan el caos y lo convierten en rosarios de accidente.

Panda cree que Gero no llega porque tuvo un accidente. Oye sin mucha atención a las ambulancias cercanas. Gero tuvo un accidente, seguro. Intenta llamarle pero no hay tono al otro lado. Sale por cigarros. Vuelve tranquilo al darse cuenta que no son ambulancias sino patrullas.

Sigue lloviendo y sigue tronando y Gero no llega. Le dijo que a las ocho; son las nueve quince. La mataron. O la mataron y van persiguiendo a sus asesinos, o la mataron y tratan de llegar lo más pronto posible a la escena del crimen.

Gero es necia y pese a las advertencias de Panda, no ha dejado de manejar el auto flamante que le regaló su papi ausente. ¡Es un BMW!, véndelo, te compras algo más "tú", e inviertes el resto de la lana en otra cosa. No. A ella le va muy bien el auto. Es azul ultramarino y le encantan los colores que le remiten a su mar de infancia.  

(Gero es de Mérida, con una larga y esponjosa familia de magistrados sólo ha sabido ser una escuincla pecosa con "diamonds on the soles of her shoes". Panda es gordo y tonto, no se sabe bien si más gordo que tonto o viceversa. No tiene por qué identificar las sutiles diferencias entre andar en un deportivo ultramarino o convertirse en una más a bordo de un Renault blanco)  

La mataron para robarle el BMW. O la secuestraron al salir del Starbucks. Venía de allí. Su mensaje es de las seis y media: "Llego en tiempo; estoy en el Starbucks con Carmen, por tu casa / Te pito y sales ¿va?". Va. Nueve dieciocho sin tono cuando intenta llamarle de nuevo.

Se abre su caja de Camel, prende el cigarro como quien no quiere la cosa. Onda la calada. Sabio el humo que le retumba en la cabeza como rayo atronador. Se adelantaron las lluvias. Gero ni sabe manejar con lluvia. Está impaciente y toca un piano imaginado sobre el sillón donde reposa. O mal reposa. O se sienta y se pone de pie y vuelve a llamar y nada de línea. Apaga su Camel y entra al baño.

Panda mea de pésimas formas y ensucia el piso con su orina tibia. En cuclillas, limpia de malas y se pone rojo y el corazón le late fuerte. Tantos tacos y tantas tortas y tantas papitas y refrescos y cervezas y pizzas le tienen las arterias viejas. Esa obesidad tan "mal de familia"; su primo Nacho se murió de un infarto apenas con 22 años. Y el Panda tiene 21. No mames Panda, se miente. Limpia sus manos y sale del baño.

Saca del refri una Coca y sirve medio vaso cargado de hielos. Nueve veintitrés. Ya Gero, qué pedo. Ya llega Gero, ya llega Gero, ya llega Gero, ya llega, ya llega, ya llega. Ya puta madre, ya llega.

No va a venir, se le olvidó a la pinche vieja. Pinche Gero. Culera. A güevo que se le olvidó. ¿No es hoy el crossfit con su primita reina? Pinche Gertrudis. Si fue eso que mamila. Y si no también. Me hubiera hablado y ya estaría viendo una peli.

Nueve veinticinco. Pianito de impaciencia, muy breve. ¡Nueve veinticinco para ir a los putos tacos de en casa de la chingada que le gustan a la Gero! No mames Gero. No mames, no mames, no mames.

(Gero y Panda se conocieron en octubre del año pasado durante una clase y se han hecho buenos cuates. Los dos estudian lo mismo, o parecido: publicidad y eso. Francisco vive con otros dos morros en un depa cerca de la facultad y entre los tres organizan fiestas épicas; de cuando en vez se quedan otras niñas ahí mismo, con ellos. Pero son bien zonzos; mucha gente asegura incluso que Guillermo es virgen. Otra historia. El Panda no; quien viera al Paco, y sin putas de por medio, no: lo montó Lucy en una fiesta de la prepa. Parece que ya. Fue esa vez y ya. Pinche Panda)  

Pinche Panda es bien puñal. A Carmen no le cae bien el Panda y asiente con desprecio mientras mira su nombre escrito sobre el moka deslactosado light. A mí se me hace que te gusta el Panda. ¡Ay no mames! Te gusta por gordito. ¡Pinche Carmen, no mames, ya! La ha de tener grande; así la tienen los gordos. ¡Qué asquerosa eres!, le grita Gertrudis con morbo y picardía a su amiga de toda la vida. ¡Qué; así la tienen! Una vez me cogí al Manuel cuando era... Manuelote. ¡Qué puta! ¡Una vez... y borracha! Y qué, ¿la tenía grande? Pfff; me dejó sin poder sentarme dos días.

Ambas se ríen a carcajadas y un gringo de sesenta años que lee a Bolaño en inglés se cambia de mesa. Gero pregunta susurrando si el ruco entiende español. Las dos se quedan calladas mientras Carmen se limpia las lágrimas. Llora cuando se ríe mucho.

Ya casi que me voy, tú. Vas a cogerte al Panda, cantarrutea dos veces de forma traviesa la inseparable de Gero: vas a cogerte al Pandita. Se ríe la Gero y no contesta.

Vamos a cenar tacos, güey; responde luego de un viento filtrado que trae la lluvia. Quedé de pasar por él a las ocho, y son las ocho. Que se espere el puto. No, mejor mañana te veo; voy a ir al crossfit con Diana, ¿vas? No, dice Carmen disgustada, voy al cine con Ricardo. Ese güey sólo sabe ir al cine, Carmen. Y qué; me gusta. Allá tú. Pues sí, allá yo, fíjate. Le saca la lengua que le huele a fresa, café y chocolate. Qué bonita es Carmen.

Las dos se abrazan y se besuquean como niñas chiquitas. Afuera, Carmen pide un taxi y su abrigo negro se llena de anchos goterones. Gero baja un piso de la plaza y se mete al deportivo ultramarino. Huele a nuevo y a cerezas. Qué bonito es el coche.

Las ocho y diez. Pese al divorcio de papás, Gero está contenta; anoche le escribieron sus tíos invitándola a pasar el verano en Brasil, y la cosa con Artemio marcha bien. 




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(Las fotos, Carlos Roldán)

¡27!