sábado, 27 de septiembre de 2008

Declarar el Exceso de Equipaje

> Dilecciones 27/29



Ella se deleita todo el tiempo siendo juiciosa. La mayor parte del día atina a dar un buen comentario sobre los árboles, los papeles, sus hermanos, los pintores, los muebles. Es la hermana mayor, la que tiene el derecho resonante sobre todo lo que a su alrededor se mueva (me refiero, claro está, a lo que no sea hecho con aplomo y no provenga de su esencia preciosa). Siempre que se lo digo se enoja; piensa que se lo externo con sarcasmo. ¿Así actuarán todas las mujeres?, o será, más bien, un gen que detona ciertos espasmos de irritación sin que dependa en lo absoluto del género, la estatura, los detalles. Es un buen dilema: así somos todos, o así es ella.

Yo que la quiero distinguir de los demás, de lo obsoleto, de lo que a golpes se renueva y destruye afuera; en la vida social, en la vida paria de los amuletos y los metros y las muchedumbres, diré (arriesgándome, insisto, a que se enfade) que así es ella: la consejera perfecta, la hermana paradigma, el camino a seguir, la bondad desmedida. Dicho de otro modo: es la tibia tranquilidad que armoniza los males y bienes de mi mundo.

Deberías usar la camisa azul /… / Te va mejor / ¿Sí? / Sí.

Pero no sólo en lo importante, también para lo nimio. También en lo escaso y superfluo es la rebelión de mis sentidos y el elemento justo de equilibrio. Se sabe que Nietzsche describió una mala noche al amor como “un desbordamiento hacia algo ilimitado”; dónde está la tolerancia, el respeto, el desprendimiento del egocentrismo. Ilimitado. ¡Desbordamiento ilimitado!, aquí ya se escondieron los datos cuantificables, apreciables bajo reglas estrictas; ya, por fin, se quedó fuera del juego el amor dialéctico basado en valores, moral y libertad. Peter Ustinov habla del perdón interminable como prueba efectiva de amor. Qué irritante. Cuál es entonces la fórmula apropiada para amarse. Dónde acaba lo puro y empieza el exhibicionismo…

¿O todo es exhibicionismo?

O todo es arte, como opina el señor Fromm; don de algunos pocos; imitación de las grandes mayorías; actuares cotidianos de enfrentamiento y solución; decisión y permiso; tomas y dacas; anhelos y sacrificios; sexo a granel a costa de frivolidad en las cocinas; cuánto me debes; si se lo hizo a él seguro te lo hará a ti; qué horas son éstas de llegar; no sé tú, pero yo me voy a la cama; le faltó sal a esta ensalada; no hubo Coca-Cola pero te traje una Pepsi, mi amor; ¡mira nada más cómo vienes!; “¿te he dicho que con corbata te ves muy guapo?” / Sí, alguna vez... gracias / Deberías usar la camisa azul /… / Te va mejor / ¿Sí? / Sí / Oye, tú crees que tú y yo, no sé, podamos un día, quizá, si tú quieres claro está… / Sí.

¿... y si ni siquiera existe el amor?, ¿Y si se trata de una necia producción en serie de nuestro miedo a morir solos?, ¿y si sí había Coca pero por molestar me trajo una Pepsi Light?

Sería una hecatombe; sería la catársis más

/...

Insisto; no sólo es consecuente, también es sensata; y en eso encuentra deleite todo el tiempo, y en todos los puntos de encuentro.



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viernes, 26 de septiembre de 2008

Reconocer dos Olores en Campos Agrestes

> Dilecciones 26/29



Toda hierba aromática es particularmente perfumada y sabrosa en estado fresco. Es en él, en el estado más fresco, que nuestro amor debe engullirse. Nuestro amor es hierba fresca, aunque a los ojos de la gente, carezca de aroma y belleza. Un tormento es el designio para echar vapor al suelo y sacudir de entre la tierra vasta nuestro sueño. Pertenencia y conversión sin más remedio.

Como el agua, tomada en arrebato por el dios pagano de los truenos, salió de entre los musgos, cierta noche, una doncella con su cara llena de postales y lunares y duraznos y botellas de vidrio azul, pidiéndome esencias, vinagres, especias. Platiqué con ella, me hice luz, se hizo mujer y otra vez, cada quién en su estrella. Dos caminos paralelos, una sola querella.

Lo que pasa, en realidad, es que me había faltado cocinar con ella (¡malditas malas rimas que no dejan huella!). Un día se me quedaron quietos los habitantes del mar: los caracoles, centollas, pulpos, la langosta, el calamar. Quisimos hacerla de gourmandise y no nos faltó el talento ni nos sobró el regaliz.

Llegó buscando romero; gentil caballero de la nariz más austera. “Te lo cambio por laurel” / Debe de ser romero / Por qué "debe de ser"; nada debe de ser / Debe de ser romero y debes de tener romero guardado y fresco en un rinconcito lejano / No tengo romero pero hay heno griego / ¿Todavía conservas los granos de anís? / Todavía los tengo, mi querida adormilera / ¿Y tomillo salsero, casmary, ají? / El ají es el peor veneno; a mí me gusta el coriandro, por hierba buena, por ser de potrero / Sasafrás y mostaza… eso iría muy bien con el arens / Una tarde te preparé un frappé con esencia de almendra y nuez / Que si lo recuerdo; me intoxiqué / No te intoxicaste por la esencia, fue más bien por el jerez / ¿Has probado el mango en polvo con galanga y aguamiel? / No sé qué es la galanga, mujer / Es como el jengibre, sólo que blanca y sin piel / Te recuerdo, mi bien, que en herbolaria, soy el juez / Sin conocer la galanga, ése es un duro traspié / Tal vez sí, pero imagina: pimienta dulce, curry y sechuán antojando un postre parecido al mazapán / Mejor me tomo un ajenjo con esencia de limón que seguir escuchando a tipejos hablar sin darme una solución / No me llames más tipejo, corazón / Si no tienes romero, no me dejas otra opción / ¿Y si le ponemos enebro? / Romero / ¿Eneldo? / ¡Romero! / Ya sé: estragón, zumaque, alhova, macis / No me convences del todo: romero, ¡romero, mi amor!, debes tener siempre un poquito de romero / Pero no me avisaste que llegabas hoy / Es que soy parecida a las alcaparras / Y cómo son las alcaparras / Crecen de la nada, mudan de la tierra, se van / Dónde escuchaste ese invento / En “Botánica Ilustrada” de don Guillermo Meraz / Podemos intentar los camarones con mahaleb y tamarindo; dicen que incentivan las pasiones / ¡Y a nosotros nos hace falta tanto andar del tango al tingo! / Querrás decir, al revés / Sí, pero así no rimo / ¡Qué doblez! / Diría mi abuelo: ¡mira qué tino!



Campo de llamas azules: Vasil Iliev Vasilev

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jueves, 25 de septiembre de 2008

Negociar Sordamente con los Mudos

> Dilecciones 25/29



A las 4:14 p.m. del 7 de abril de un año par, brillaron sus ojos más que nunca y me dijo que sí. Que al final, siempre sí. Que sí; que quiere quedarse conmigo, iluminar el camino bostezando juntos, quedarse conmigo, saborear los instantes más fieros y más tiernos. Me dijo que sí y mis alas esa vez (acostumbradas al alto vuelo) volaron bajito. Me dijo que sí; que siempre sí: que “soy la mujer de tu vida”, que “conmigo ya ni modo”, que “dame un beso, no te infartes, los dos lo estábamos deseando”. Me dijo que sí y sepultó las intrigas de los meses secos, me dijo que sí ante el azul de los mares vírgenes con el sol en picada como testigo. “Sí, mi amor, todo el tiempo y lo que venga”.

Sí quiero saludarte cada mañana y discutir por las tardes sobre intereses bancarios / ¿Intereses? / Por decir cualquier cosa / ¿Pero tú sabes en qué te estás metiendo? / La verdad que no / Son ilusorios los parasiempres / Quién dice / Los libros, los amantes, la lluvia, el valium / No creo en eso / Tienes que empezar a hacerte a la idea de que las palabras no son oro ni jugo si no se vuelven pragmáticas / ¡Viva la praxis, entonces! / ¿Y tú harás mis noches más suaves? / Las haré más intensas / ¿Habrá mucho sexo? / Cantidades enormes / Porque estoy leyendo un libro que dice… / ¡No le hagas caso a los libros!, cuáles libros; dime Juan Carlos, cuáles libros ponderan lo imponderable / Pero yo preciso hablar de ello / Habrá tiempo, a montones, para que tú y yo salgamos a la calle a prender farolas / No quiero salir si está lloviendo; me enfermo muy seguido, tengo problemas con las vías respiratorias, creo, desde hace algunos años. Bueno, es que en realidad todo empezó cuando era un niño y me dij… / Pues te acostumbras a impermeables / Pero, quiero decir, la lluvia no es el problema, es todo el frío / Yo te abrazo, te acompaño, te llevaré de la mano, ten confianza; en qué habíamos quedado / Lo sé, corazón, sé lo que opinas del frío / A mí no se me dan los fríos, irradio calor ¿no te das cuenta? / Irradias lumbre, mujer / Pero te gusta / Me fascina / ¿Y los pretextos? / Cuáles pretextos / Los que tienes siempre / Ya no los cargo desde que puedo andar cerquita tuyo / Habrá que hablar de independencia / ¿Y si se sueltan mis amarras? / Soy jinete experta y te traeré de vuelta / ¡Qué ambición la tuya! / ¡Aquí no se negocia nada! / Pero tú eras… / Pero yo era, tú lo has dicho; era. Y ahora soy / … / Soy contigo hoy / Me halagas, linda / No pienso estártelo repitiendo siempre / ¿Crees que es momento de unir fuerzas? / Seremos imbatibles / ¿Guerreros en tiempos feroces? / Imbatibles / ¿Boleros cubanos de amor desmedido? / ¡Imbatibles!, seremos orgullo de los mirones / ¿Luz de candelabro? / ¡Luz de neón, amor mío! / ¿Rojo como en los Barrios Chinos? / Azul como los Lofts a los que muchas veces fuimos / Me gustan tus detalles / Tratándose de ti, sólo así me redimo / … / … / ¿Eres la mujer de mi vida? / Sí, soy ésa; soy la mujer de tu vida y tú, pequeñín, eres mi hombre, lo que quiero, con o sin veneno / ¿De verdad? / Conmigo ya ni modo / Cómo ni modo / Ni modo, ni hablar, ya me encontraste, estoy de tu lado, pásate al mío / ¡Llevo un año en tu lado! / Dame un beso, no te infartes, estaba bromeando, los dos lo deseamos / Pero a mí me gustaría pensar que la… / Sí, mi amor, todo el tiempo y lo que venga.

Todo el tiempo y lo que venga.
Toda la vida.
Todas las fronteras.
Cada recodo del sueño.
Cada cuento.
¡Me dijo que sí!; lo demás es accesorio.



Neon lights: John Green

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miércoles, 24 de septiembre de 2008

Arar entre el Olfato y la Memoria

> Dilecciones 24/29



Quizá no deba seguir estimulándome; es un riesgo cada día mayor, o es, casi, por ejemplo: uno de esos retos que uno se crea en la adolescencia para percatarse de cuán vivo se está. Hablo aquí de este transitar por el amor, de esta religión inventada con virtudes y penas que enarbola disentires, que obliga llantos, que crea problemas, que es la única fuerza capaz de evitar que muramos cuerdos y sanos. Aún así, apoyo la moción amatoria. Entro al juego; con ella claro que entro al juego, no importándome, si en la primera apuesta me quemo.

Una de estas noches voy a meterme en su boca, en sus orejas, en cada madriguera que su cuerpo me ofrezca con timidez y ternura. Voy a sembrarle, allí, dudas, coplas, rostros, viajes, diamantes. Luego me quedaré dormido en su entrepierna como un gigante noble y torpe, como un mandril acurrucado en su sueño eterno de juventud decrepitada. Seré feliz y postrero. Seré el dueño de los campos de amapolas que alguna vez pintó Monet. Seré frugal; no hablaré de lo nuestro, no entonaré más himnos, no salpicaré ninguno de sus pulcros inventos de belleza terrenal (tan masiva y personal) que, como gladiola longeva, se encarga de señalar.

¿Cómo constatar estas ideas?, ¿cómo hacerlas verdaderas cartas de promesa?, ¿cómo regalarle un anillo?, ¿cómo alimentar al alma con besos sin afanes egocéntricos?, ¿cuándo intervenir?, ¿en qué momento especial empezar a seducirnos por el puro gozo estético que por igual nos provocamos?, ¿dónde están las señales?, ¿a quién hay que hacerle caso?

Debo poner en tela de juicio todas las respuestas oficiales. No aburrirme en los abismos particulares. Quiero amamantarme de regalos, de viernes, de envidias sociales, de paseos en parques, de historias estupendas con poetas inmortales, de su savia, de su leche, de su vino, de su azoro, de su insensatez que a veces rompe los ideales. ¡Y entonces morir fulgurante!; ofrézcanme ya de beber más ambrosías que mi cuerpo amenaza con quebrarse, que mis manos se achican por no tener el entrelazo con las suyas, que todos mis pesares se agravian cuando el cielo se rompe al fin tocando el filo de cada horizonte.

Soy un animal sepultado, un títere inquieto que danza bajo tierra, una limosna (un centavo), un quieto ardor en el olvido. Soy la desfachatez y el abrigo, el arador del olfato, el clamor popular, los “te quiero” más dulces, el vivo caudal que todo lo cambia, destruyendo.

¿Has tenido alguna vez la sensación de que estás enamorada? / Ahora sí; quizá antes también pero… pero no con tanta convicción / De qué / De que esto es grande, tiene cimientos fuertes, se planifica, se ubica a largo plazo / ¿Tú crees? / Por algo hay que empezar / Esa actitud te la agradezco / Tú eres quien la provoca / Gracias a ti, perdona que insista / Es tu persona, tu agua, tus minerales /… /… / ¿Quieres irte a tomar un café conmigo? / Nada mejor, caballero / Ven, dame la mano, vámonos a pie / Te recuerdo que afuera está lloviendo / Ya se despejará /… / ¡Vamos, ven!; quiero mostrarte algo en el camino…



Campo de amapolas: Claude Monet

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martes, 23 de septiembre de 2008

Deletrear las Palabras más Sencillas

> Dilecciones 23/29



¿Me silbas una canción mientras tiendo la cama?... hoy te ves tan bonita y ligera que no me dan ganas de tenderla. Acércame la almohada, por favor, y quédate quieta, que en tu cabello está durmiendo una libélula. ¿Puedes abrir esa ventana?, para que entre el sol, digo yo, para que no se esconda la mañana. Abrázame fuerte, que me duela la espalda del apretón, que se enjuten nuevamente los músculos dormilones. Tengo antojo de ciruelas, ¿hay?. Siento que se me escapa una cosa; que ahora mismo debiera estarte besando en vez de escribir detalles y guardarlos. Pero no te me vas de las manos, ¿verdad?. No me estás cerrando esa puerta, ¿verdad?.

No creo en eso que me dice el reloj todos los días: produce, ahorra, invierte, crea, experimenta, coteja, desdobla, puntualiza; ¿tienes tiempo de charlar? o prefieres beberte el café a solas. A veces, no te miento, me gusta que lo hagas así y que después me cuentes del poderoso incentivo a la nariz que te entregó el cardamomo, el jengibre, incluso el anís. ¿No se te ocurre beber de pronto un carajillo?, a mí sí; se me ocurre también acompañarlo de membrillos o tejocotes tiernos envueltos en pectina de semillas sabias.

Realmente, sería muy útil para mi suerte sentir tu cuerpo junto al mío en tibio aguacero tropical. En serio lo necesito. Lo clamo a gritos, lo reclamo, lo hago mío. No lo he dicho hasta el momento, y por eso lo personal y directo: ¿quieres volverte la cómplice de mis sonidos?, prometo ser buen niño; comerme lo que me pongas en el plato, no matar a las arañas, tolerar a los gatos, inventarme cada día más intenso si es preciso. Ya no quiero voltearle la cara a mis problemas, ni sacudirme por preocupón, ni estimular mi vicio de generar dilemas. Pinta ser tan fácil que hasta yo, con mi pincel endeble, con mis manos temblorosas, soy capaz de dibujarlo sólo por demostrarte este desvergonzado afluente que, con pasión, me envuelve.

Es tu persona esa selecta flor.

Tu modo de cuidar la tierra me reinventa como raíz, tallo y cubierta. Tus pasos silentes sobre el corredor de casa electrifican a la gente; la vuelven más viva, poderosa, con indecentes ganas de vivir al tope aunque sepamos todos que este mundo halla su solución en los problemas. No habrá tropiezos si tú me miras atenta, no habrá desgracias ajenas, y ten la certeza de que un niño, al menos uno, dejará de poblar las calles y banquetas.

Es tu canción, la más coqueta. Tu tono el que prefiero. Tu voz de alondra la que me canta. ¡Y tus inviernos; cuánto calientan!... y tus quiebres, tus momentos, tu introspección secreta, tus susurros, tus ideales…

Todo me reconforta.
¡Vaya hazmerreír para la gente!



Nubes: Abraham Mena

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lunes, 22 de septiembre de 2008

Hablar por Hablar (p.e., de la Muerte)

> Dilecciones 22/29



Dos) Así de pronto (pensando en ello), la silla empezó a moverse; todos -los cuatro- nos pusimos nerviosos; particularmente ella, quien llevada por el miedo tomó esa silla, la detuvo de sus inusuales vibraciones y enseguida salió al porche a respirar un poco de aire fresco que la noche se encargaba de llevar colina arriba.

Doble cero) Adentro, el espanto, lo nostalgioso, la cuasiobscuridad, seis velas, ron destilado. Afuera, la muy ligera llovizna, su cabello espeso y ondulado, las dos de la mañana con celo demente de ser las siete. Adentro, una pareja de amigos y mi cuerpo estatuario. Afuera ella con su bondad, un aura de humo y alquitrán, un velo etéreo, visible de humildad. Adentro la tabla de los muertos. Afuera ella tan viva, tan presente, tan allí.

Tres) No está bien molestar a los ausentes, son entidades débiles que a fuerza de esperas nos revuelven la mente, las maneras de actuar, de ser diferentes. Creo en las energías, no en las coincidencias. Ella es carácter, yo coexistencia: no creo en mí. ¿Y después?, que la impasible casualidad se encargue de volverse causa. Adentro es donde se quedan los miedos, es afuera donde la luz descansa. Adentro reina el silencio, la calma después de la calma, la esperanza en los reencuentros. Afuera queda el relumbrón, desasosiego quieto de nuestras andanzas. ¿Hay certeza, buenas mañas?

Uno) Soy incorregible. Ella es liberada. Soy de plomo y de rastras. Ella constructora. Soy férvida utopía de la pretensión pudiente. Ella caña de pescar, paciente cazadora de los seres vivos que habitan su mar. Soy hielo encendido que en vez de convertirse en agua se evapora. Ella es diseño universal, estado sólido, aparente, de verdad. Soy la resurrección de las almas que enseñan tácticas de guerra. Ella es simple, es árbol, es banca, es un viejo lucero del alba, es paz. Soy su enamorado de otros tiempos, y ella antefuturo del verbo zarpar. ¿Lo hará conmigo en vida?, ¿lo hará una vez que la nave del misterio me ancle en altamar?

Cuatro) En esta esquina del terror no me conviene estar. Dado que somos dos, es mejor caminar. Bajo el supuesto de la unión, caminar. En las legiones de los desiertos internos, caminar. De entre los abismos, salir. Perseguir a los vivos, amortiguar los pesos muertos, andar, caminar, caminar de la mano por los bosques que atenebran, visitar las postales familiares, eludir al enemigo (dado que somos dos, distinguir al enemigo) y caminar. Bostezarle al de enfrente cuando no hable de amor. Rezarle al semidiós de las tragedias y así ahuyentar malas hierbas, malos tratos entendidos como buenos. Habrá que adivinar. ¡Muera el azar!... muera temprano el azar.

Cero) Auméntame ya la dicha, corazón / Lo quieres así o más despacio…



Una puerta abierta: Rodrigo Casares

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