
Ella se deleita todo el tiempo siendo juiciosa. La mayor parte del día atina a dar un buen comentario sobre los árboles, los papeles, sus hermanos, los pintores, los muebles. Es la hermana mayor, la que tiene el derecho resonante sobre todo lo que a su alrededor se mueva (me refiero, claro está, a lo que no sea hecho con aplomo y no provenga de su esencia preciosa). Siempre que se lo digo se enoja; piensa que se lo externo con sarcasmo. ¿Así actuarán todas las mujeres?, o será, más bien, un gen que detona ciertos espasmos de irritación sin que dependa en lo absoluto del género, la estatura, los detalles. Es un buen dilema: así somos todos, o así es ella.
Yo que la quiero distinguir de los demás, de lo obsoleto, de lo que a golpes se renueva y destruye afuera; en la vida social, en la vida paria de los amuletos y los metros y las muchedumbres, diré (arriesgándome, insisto, a que se enfade) que así es ella: la consejera perfecta, la hermana paradigma, el camino a seguir, la bondad desmedida. Dicho de otro modo: es la tibia tranquilidad que armoniza los males y bienes de mi mundo.
Deberías usar la camisa azul /… / Te va mejor / ¿Sí? / Sí.
Pero no sólo en lo importante, también para lo nimio. También en lo escaso y superfluo es la rebelión de mis sentidos y el elemento justo de equilibrio. Se sabe que Nietzsche describió una mala noche al amor como “un desbordamiento hacia algo ilimitado”; dónde está la tolerancia, el respeto, el desprendimiento del egocentrismo. Ilimitado. ¡Desbordamiento ilimitado!, aquí ya se escondieron los datos cuantificables, apreciables bajo reglas estrictas; ya, por fin, se quedó fuera del juego el amor dialéctico basado en valores, moral y libertad. Peter Ustinov habla del perdón interminable como prueba efectiva de amor. Qué irritante. Cuál es entonces la fórmula apropiada para amarse. Dónde acaba lo puro y empieza el exhibicionismo…
¿O todo es exhibicionismo?
O todo es arte, como opina el señor Fromm; don de algunos pocos; imitación de las grandes mayorías; actuares cotidianos de enfrentamiento y solución; decisión y permiso; tomas y dacas; anhelos y sacrificios; sexo a granel a costa de frivolidad en las cocinas; cuánto me debes; si se lo hizo a él seguro te lo hará a ti; qué horas son éstas de llegar; no sé tú, pero yo me voy a la cama; le faltó sal a esta ensalada; no hubo Coca-Cola pero te traje una Pepsi, mi amor; ¡mira nada más cómo vienes!; “¿te he dicho que con corbata te ves muy guapo?” / Sí, alguna vez... gracias / Deberías usar la camisa azul /… / Te va mejor / ¿Sí? / Sí / Oye, tú crees que tú y yo, no sé, podamos un día, quizá, si tú quieres claro está… / Sí.
¿... y si ni siquiera existe el amor?, ¿Y si se trata de una necia producción en serie de nuestro miedo a morir solos?, ¿y si sí había Coca pero por molestar me trajo una Pepsi Light?
Sería una hecatombe; sería la catársis más
/...
Insisto; no sólo es consecuente, también es sensata; y en eso encuentra deleite todo el tiempo, y en todos los puntos de encuentro.
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