miércoles, 18 de diciembre de 2013

(Romántica pausa musical de 4 minutos)


Infusión 13 / 30 
- la de la buena suerte -




Hubo una vez 
un cuento 
donde cientos de cangrejos 
salvaban 
a un caballo blanco 
de la corriente del río. 

No me preguntes más, 
niña de arena
Perdí ese libro. 
Guardo el instante más rojo.



La foto sin título es de Maribel Fonseca
(manipulada más tarde sin su consentimiento)

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martes, 17 de diciembre de 2013

Gabriel y su pasado planetario


Infusión 12 / 30


(Antes, ¡dale play!)




Una noche estando muy niño, mientras afuera se agitaban los árboles y caía la tormenta del divorcio de sus padres, la misma fiera y triste noche que el búho del pino sembrado en casa perdió su nido, Gabriel y su pasado planetario comenzaron a espigar momentos:

a) cosechas de triunfos rotos
b) el sorteo para ser asignado a la Tierra
c) amores en Saturno olvidados
d) atardeceres cósmicos
e) lluvias de meteoros
f) ¡trigo en Marte!
g) el baile más famoso de salón rayando la Vía Láctea
y h) ese juego de canicas donde perdió con los nonatos neptunianos.

Eso, mientras el germen campeón de su padre fertilizaba a Gabriela que ya merendaba saliva arrebatada de placer y fuegos fatuos.

De allí en adelante, de la noche torcida en ramas, ventisca y trueno, de allí zarparon Gabriel y su futuro terrestre a la búsqueda inclemente de más momentos espaciales, como tratando de regresar al instante aquel en que fuera fecundado la misma noche de la alineación ancestral, mismos astros rodantes, misma temperatura extracorpórea.

Logró Gabriel después de muchos años de alquimia, error-acierto-frustración-experimento-bodasceltas, curar lo descompuesto: hizo, con la poca savia de los árboles muertos, una resina resistente que por decreto universal los devolvía al verdor en primavera; montó una moto por cinco continentes cuyo único impulso era el batir de alas de cien aves; reconstruyó manglares, sembró ciudades con semillas, edificó enredaderas enormes sin usar alambres, desaceleró el proceso de las frutas maduras logrando llevar a buen tiempo comida y sonrisa a sitios insospechados donde vive gente insospechada.

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Gabriel tenía el mundo a sus pies, siempre bien puestos en dar el siguiente asalto a la ciencia. Se había convertido en el mago moderno, mesiánica figura de esbeltas proporciones que aclamaban multitudes, que besaban animales, que cobijaban plantas.

¡Cuánto despojo de alma en una persona!, ¡cuánto de filántropo, de circo humanista!, ¡cuánto, don Gabriel, de arrebatarle el sueño a las ovejas viejas convertidas hoy en inmortales borriquillos!, cuánto de gracia en buscar el recuerdo aquel, allá tan arriba, más allá de telescopios, más allá de innumerables anémonas cristalinas colgando en la negra vastedad; cuánto, niño Gabriel, de obsesión en hallar el momento aquel cuando aún no había nacido. 

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Me voy, es foto de Lorena Carbonell

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De barro, libertad


Infusión 11/30



Hubo donde no y donde no hubo, hubo también. Y luego se quebró; le cayeron cien piedras de dudas y roces y minúsculas tragedias que de pequeñas se hicieron más violentas y por violentas forzaron la maquinaria y el antojo. Se quedó sin par, sin Reino de los Cielos, sin esfera vivazul, sin horizonte que mirar. Y empezó a cambiar por dentro y luego se fue al bigote y a la planta de los pies; así mi libertad se quedó rasando el suelo: miró con vivo calor el asfalto y brincó entre musgo fresco y agua de callado manantial. Instalada en la mente y no en el deseo, suelta de ataduras, "nosoynada" y nubes grises, fue dando saltitos desde allí, desde la planta de los pies, hacia un mejor futuro. Miró precavida entonces la situación: "de aquí no soy", dijo. Libre, libertad mudó de origen y bailó por el mundo. En ese mundo cayó enamorada por vez primera y no tuvo a quien pregonar tanto amor de mundo. Suelta, rodó sin abrir la alas de cartón que le había prestado un moro en Gobi y anduvo y desandó los anchos mares de arena y viento. Silencio tras silencio, mareas de carne y fogata, sexo sin sexo y arriba de ese sexo mayormente su sexo, libre, libertad se llenó de miel y llegaron hormigas a picarle el orgullo. Los viejos de entonces cuentan aún a los pequeños sin estrellas que libre, bajó libertad a la ciudad entonces más cercana y pidió agua y canela para sanar la comezón de la llama primigenia. No sanó jamás esa llama, quedaron huellas hendidas de placeres pasajeros y nubes de mosquitos que nunca se le volvieron a quitar de encima. Decidió mi libertad volar hacia los ojos de los otros y ver sin calma o con desidia según los otros la vieran. Se quedó diez veranos viendo pasar a los demás y dando la mano a extraños, más extraños, libertad /// más extraños que saludan y se sientan a tu lado, te invitan un té de hierbabuena que te quema el paladar y tú tan suelta, libertad, te ríes con esos demás, con esos otros muy otros que de lejanos son ya tuyos y por tan tuyos vuelan lejos para no asfixiarse en tu helada conversación, libertad. Miradas tan frescas como otoño en Windham y céleres los ojos que apañaban movimiento y ensuciaban lo honestamente bello; lo ensuciaban por ti, libertad, hacían charcos con terraplenes de tierra infértil y aullaban a los lobos para impedir su reproducción, su caza, su olvido. Porque a ti te olvidaban. (Suelta desde niña, libertad) Te han usado para seguirse amarrando de algo, libertad, para entorpecer el paso y no dejar pasar el frío. Y tú tan solita, libertad, pletórica de misterios, errática infante de trenzas largas siempre callada, mirando lejanía, libertad, a través de los otros: lejanía; porque allá "en su lejos" lo sienten más cerca, libertad; porque no han tocado los otros lo lejos que llegas tan sólo de pensarte ahora, libre y suelta, sin marcas que aflijan tu pasado, sin prolegómenos que enturbien el presente, sin reyes ni reinas a futuro, libertad, ¿a dónde te fuiste si nunca estuviste tan libre, libertad? /// Nunca supe asirme a tu cintura, libertad, a secas fui el puente que tendió el entendimiento a los que siempre tienden a no entender ni pizca; y con ellos te quedaste, tonta, libertad insensible, porque desde tus vuelos eran ellos los sinceros visionarios que traerían al mundo, ese mundo antiguo del amor inexplorado en que creciste: paz, progreso, dicha, amistad y crecimiento. Y llegaron al punto final de sus finales y te dieron la espalda, libertad, suelta te volviste a mí sin encontrarme y yo que me había quedado a la espera de la yunta, libertad, con más canas y menos sueños y más hambre y más frío y más dueños, libertad. ¿Eso me diste? ¿Más dueños, libertad? ¿Más cuentas pendientes, libertad? ¿Más fotos, más hijos, más muebles, más autos, más viajes, más mujeres, más dinero, más felicidad, más manos que se ensucian? ¿Más ganas de tirar hacia adelante, libertad? Todo me lo diste y hoy te suspiro por falta de aguacero en mi terruño. /// Ni sabes dónde vives, libertad. Ni sientes igual que cada intento de ángel que moldeaste. Tú allá arriba y nosotros tan abajo hechos de barro. De barro, libertad, que si endurece se astilla y truena. No de agua, no de bosque, no nos hiciste de esperanza, libertad. ¡Nos hiciste de barro! Y lo sabías, pequeña necia, dabas por sentado que ibas a rompernos y nos rompiste. /// Y "¡a ayudar a los demás que el tiempo apremia!", tender la mano a los que llegan en el tren, los miles de infatigables nómadas de los que tanto leías cuando niña, libertad. Te ibas silbando con tus cantatas. Nunca te pregunté qué veías en nosotros, qué sentías, qué olfateabas, dónde y cómo nos darías las alas. Y es que nunca has pensado más allá de tus consignas.

No eres tú la que nos libras, libertad, eres tú la que nos ata a sentirnos libres. Muere con eso, libertad. Así fuiste concebida; para llenarnos de ahínco y de promesas por fuerza cumplidas, y de empuje, rabia, corazón y justicia, ganas de triunfo, sed de alegría...


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Cadereyta, es una foto de (el) peatón


jueves, 14 de noviembre de 2013

Almíbar


Infusión 10 / 30



Play and read!



Luego del rictus queda mucho. Nos lastima recordar el mucho. Nos duele la risa. Detrás de la risa hay más descubrimiento de lo que hemos hecho bien, del bien que nos han hecho.
            
Queda la risa, no los dientes; la sonoridad tangible en cada esquina de estas paredes amarillas. Y es que tu risa es ambarina, y es añil, turquesa y es magenta en las noches de abundancia y providencias.
     
       Luego de tu risa queda tanto. Me punza resonar el tanto. Me duele tu risa. Tu risa sobre mi espalda, a flor del llanto y la cosquilla / galope maestro y alas batientes en la mocedad del devaneo.

            Tu risa-quebranto de lisonjas en el jardín que no tuvimos, de juegos de mesa tu risa, de folios esparcidos en la alfombra: sigilo de un diario encapsulado que ya no secreta nada.

           Savia y corteza de un árbol segado para fuegos blancos en otras noches campiranas con grillos que no me cantaron. Tu risa allí se quedó volando muy bajo y a merced de tordos, las mariposas y sapos. Tambor lejano de las estampidas que biencorriste.

           Tu risa y el fango: restos sobre despojos de otros mares derivados de tus océanos. En las orillas: tu risa; de las cálidas habitaciones a la marejada repugnante. Hay unos ojos que te miran verter sobre tus labios humedad y carcajada. Mar de risa.

            Tu risa feroz, de leona hambrienta, de fiesta con orquesta, de carrerista fugaz a nuestro futuro infranqueable. Tu risa manierista de eslabonadas carnes. Risa cereza en el pastel. Risa y almíbar.

            Tu risa nevada bajo el sol abatido tras las montañas, y el carácter encima de vino añejo que has tenido desde siempre. Mi manta sobre tu risa urgente en las nubladas tardes del altiplano marchito. Mi manta. Todos los adjetivos.

            Luego de la risa queda el espanto de la risa a solas. ¿O por qué razón tu risa me queda tan alojada en la memoria? La franqueza, la obviedad, toda la picardía y tu risa en medio de nosotros, tan de aviones de papel y nubes que escampan sobre marfil-acero.

           El viento que trae tu risa y la reemplaza por celofán para envolver dulces de mantequilla. ¡Ni cuenta nos dimos! Tu risa mezclada de polvo y tosidos y teclas golpeadas de Bösendorfer, golpeadas con arritmia como tu risa de dimensión bondadosa y sabor membrillo que contagia.

           Todas las frutas sobre tu risa y el papel en el que escribo ante tu risa que no percibo. El entarimado de tus versos cuando ríes y el río por el que se estrellan sin prisa los dorremíes que de tu risa escapan flotando.

            La señal de gozo. Tu risa. Estertores de una noche duradera en magia, parafina, saliva y aliento. Tu risa allí, haciéndole frente al pensar desviado y al agobio. Entonces tu risa que después se ha vuelto tornado acalorando las líneas del olvido. Tu risa y el olvido. Formas antagónicas de no tenerte riendo.

            De(no)tenerte. (Riendo)

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martes, 5 de noviembre de 2013

Las mismas costumbres


Infusión 9 / 30
(también llamada: Eros y geografía)


Un té de amores velados, vapor que empaña los cristales de otros autos, rumbo sin sextante (mar violento), incierto destino por hilos de bambú manipulado. Fuimos. Éramos.

Volcanes.

Hoy, como ya lo cantan en las romerías y otras fiestas populares, somos dos islas en medio de la ciudad sin nadadores que habiten nuestras playas (pobladas -sólo si se quiere- de dos caballos salvajes que nunca duermen). 

Trino de primaveras y cantares mansos que arrullan cabelleras. Somos con alguien más la senda descubierta por ríos de luz y fuego en amalgama, lastre que deja la saliva, hombros desnudos por otros dedos, lenguas que se esparcen sobre areolas de sandía, sabores nuevos, olores distintos, mapas corpóreos dibujados, arañados, poseídos en los sueños más profundos. Sexo de una mantis sin marido.

¿Un té de amores velados? O un cognac de lujuria y glúteos, de sombras en la alfombra, de rodillas quemadas, de “ayes” y “oues” y “diosmíos”, de viento que refresca los rubores en mejillas coloradas. Nunca fuimos. Éramos.

Volcanes que se mueren.

Hoy, como lo claman tantos cancioneros en barriadas, somos la vorágine que al encuentro de otros ojos explota, vierte su jugo mineral en otras bocas, rompe las telas de otros silencios y juicios, juega con otras bragaduras, lame nuevas axilas, gime en fa sostenido, corre por nuevos ombligos.

Vasto desierto con cuevas de alabastro, muslos humectados, tierras prometidas nunca antes exploradas, cielos más azules somos hoy; bajo manos cruzadas, limpios sudores; bajo techos intactos, tímidas voces; “encima del mundo”, las mismas costumbres.

Volcanes que se mueren de furia.

¿Un té de amores velados? O chocolate con menta y mezcal, con arritmia desmedida, con despecho y rancheras de la Vargas, la Beltrán y la Mendoza, rompevientos que detienen escupitajos al cielo, sal y chile en la herida, sal con chile en cada hueco, limón en los recuerdos, cloro en los ojos, sosa cáustica para las úlceras, adrenalina en el núcleo insustancial de cada reprimenda nuestra.

Volcanes que se mueren de furia mientras llueve.

¡La cordillera en celo! ¡La nueva distribución continental! ¡Las placas de nuestros cuerpos formando nuevos ejes! ¡Carreteras que se quiebran! ¡Frenos que no sirven! ¡Área de restricciones! ¡El abismo, insondable y bruno! ¡El horror!, y nunca más: la calma.



No es probable: cordura, comedimiento y parquedad aconsejan la razón. Un té de amores velados.



#infusión

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Hawaii es foto de Kawika Singson

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viernes, 1 de noviembre de 2013

Lumbre y fanal: tu ritmo

Infusión 8/30


Ni siquiera forzándome a no ver, no vi.

Cuando la génesis de una idea está incrustada en la médula, (difícil, chica) difícil es moverse sin que se encaje más, se meta bien profundo en las galaxias del espíritu y te renueve como individuo. Sin embargo, no siempre esas transformaciones son útiles para el cuerpo y el pensar; estamos tentados todo el tiempo a los cambios anímicos que viran hacia nuestros lados más foscos. Entonces empezamos a sentir comodidad en el andar, no antes, el ser, no antes, y el amar: siendo fuliginosas máscaras de la conciencia nuestra.

Esto, que parece gestarse desde la entraña y el revoltijo (no en el cerebro congelado, el temple y la razón), en realidad ha sido un parámetro en mis últimas vidas: la medida exacta de hosquedad me blinda la voluntad de querer ser otro contigo.

Esto, que en ideales, es soliloquio fugaz de una tarde calurosísima de otoño, me hunde en el "cendal de la leve bruma" que imaginó de forma tan cortés don Bécquer. Así que hay poco que decir de las acciones que a continuación serán pauta diaria de mi persona, agüero de perversidad, de la tiniebla, tu lumbre, la dura calma.

Ni siquiera forzando mi vista no me vi tan lejos estando tú tan cerca. Astigmatismo del que desea, miopía del que ejecuta.

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La foto (kokeln) es de René Fabro


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