lunes, 18 de febrero de 2008

Ojo de Caza

-

Carmen Izquierdo me dijo anoche, entre Portobellos asados y Rosé de Anjou, que su vida es un desastre. Que sepan todos su nombre y apellido pues el gesto es de admirarse. Sin caer en más detalles, me dijo que su vida es un desastre; que pide a gritos el suicidio, que qué difícil es arrepentirse y soltarlo todo, y dejar que se vaya a la mar.

La conocí durante un mayo de tormentas; jugábamos a la baraja española, bebíamos café… (y así) un relámpago cegó la partida dejándonos sin luz ni sombra. Me acerqué una vela roja, bromeamos sobre la impotencia que causa la oscuridad, se me ocurrió platicarle de mis miedos (los paranormales y siniestros que me aquejan), ella oyó paciente, interrumpía el delirio de cuando en cuando asintiendo con su dedo índice, tosiendo; noté, no sé, cierta incomodidad en el ambiente, algo que dije o dejé de hacer la perturbó.

La luz no volvió esa noche; a las dos de la mañana se fue de casa: feliz por haberme ganado, satisfecha con ese delicado escáner psicológico que me hizo, triunfal, vigorosa y algo nublada en vinos. Luego no dormí muy bien, cavilé cada palabra que ella pronunció. Daba vueltas en mi cama, y además, mis ojos me dolían.

Nos habremos vuelto a ver 12 o 15 veces más, y anoche de la nada (prendió un cigarro de clavo, caló profundo mirando al techo) me dijo que su vida es un desastre. Parece que Andrés ya no la toma en cuenta, siento su desgaste, me puede en el alma su tristeza… porque la conocí feliz y plena: me ganó todas las carreras, contó mejor los chistes y, con el tiempo, llegó a ser mejor persona que yo (“vaya reto de campeones”).

Luego verla ahí, anoche, tendida en el jardín, oírla cantar llorando a Lady Holliday, me perturbó bastante, aniquiló a mi ojo de caza. Su vida es un desastre dice y se llevó la calma con el verbo. Su cabello castaño, sus pecas de almendra y los labios de fuego, mordidos y brillantes, lo dijeron todo.

Entonces se paró de golpe, me estrechó las manos (frías por el viento y el sereno) y lo dejó muy claro: “me voy pa’ no venirme” dijo, reímos los dos haciendo muecas tristes… no intenté alejarla ni ofrecí llenar su copa. “Malentendí las cosas Juan Carlos”, fue puntual, certera y lamentable.

Allá me quedé sentado, en el borde de su abismo, en la calma sosegada de sus ojos. No pude pararme. Lamenté no poder pararme. Lejos, se oyó el cerrar de puertas, quedo, insomne. Cerca, mis latidos con pavor de arritmia lo notaron: era Andrés en mi memoria, reprochándome a gritos la estúpida manía de hablar mas nunca actuar.

-
-¡puta madre!
-
-
Les jodí la vida.
Les jodí su existencia.
Oriné en sus sueños.
Les jodí la vida.
-

1 comentario(s):

Anónimo dijo...

Matador!!...

Jajaja... está bien loca la mujer ésta que se pone anónima... oye pero ya quisieramos algunas tener tanto pegue!!...mírale el lado bueno... se ve que te quiere... a petición leí éstas locuras... a petición prepararé algo nuevo...

Ya no publiques tanto y de golpe porque no me da tiempo de leer!!


Fraternalmente YO!


Un abrazó...