lunes, 14 de mayo de 2012

Félix

< Para un bicho siamés de acojinados lomos



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Félix murió esta tarde. Me duele saberlo. Siento ese vacío: la malhaya nostalgia de las despedidas que nunca llegan. Siento su ausencia aunque de ausencias sienta más la precisa esencia del tiempo aquel en que dócil y solícito, pese a las predicciones de su gentil compañera y a mis muchos temores y a mis negros recuerdos, lamiera gustoso mi cuello con su lengua de lija fina, murmurando felinas benignidades.

Le conocí por poco tiempo, quizá ante ello, por ello, a través, exprimo bajo la lluvia inclemente la fuga de mis recuerdos. Le escuché, por ejemplo, ronronear más de una vez bajo el cálido pecho de su aliada / maestra / su amiga vagabunda / mano dadora de alimento. Lo vi con los bigotes enchinados cuando giraban sobre la mesa salmones y aceitunas, pretzels de chocolate amargo, atún, calabacitas, frutos rojos, donas, pistaches, confituras. Algunas tardes sentí detrás mío sus delicados pasos sobre el barro precocido de la casa que convirtió en feroz campo de juego y batalla. Lo vi alejar a los intrusos, mostrando las garras, sin miedo a defender su territorio. Tantas noches cuidó celosamente el cofre del auto que yo (entonces muy feliz) montaba sin notar sus maullidos y quejas ante la maquinaria inclemente y los caballos de fuerza...

Félix me dio sin miramientos las microdosis de amor que tanto necesitaba y que de pronto (pese a mi reciente gozo y retozo con los gatos) permitía / Pero decidió partir esta tarde bajo el frío primaveral y no me queda más que buscar sus caricias en los sueños y en la mente.

Ahora mismo viaja, sin escalas, a su cielo que (me han contado) tiene nubes de terciopelo de donde cuelgan hilachos y escarabajos. Hay montones de peluches almidonados con forma de jirafa. Hay golosinas a granel, poca escarcha, pocos gatos, muchas gatas. Se escuchan quietos aleteos de las cigarras. No hay espejos. En el cielo de los gatos no existen las pulgas, ni el Frontline, no hay dilemas amatorios, ni baños, no hay amos, ni vencidos, ni castigos, ni mordidas, ni suturas, ni diálogos perdidos.

Hay espejismos de lunas llenas por donde se asomará contento a mirar sus estrellitas humanas, sus campos de cultivo, sus tardes con sol, sus tantísimas costumbres, sus amigos, sus múltiples camas, su Yanitsa; su vida, que desde arriba parecerá la más digna y brillante, la invencible proeza de un animal salvaje en tierra de los gigantes.

Félix se fue esta tarde dando brincos y alargando con alegres pausas cada maaaauu de regocijo... Sé que volteaste Félix, loco, diablo, bicho; sé que volteaste a despedirnos: ve sin cuidado gatito; aquí (si un día bajas a perseguirnos) serás bienvenido.

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(Pantalla completa)



Animación:
Teaser and the Firecat finding the fallen Moon
Cat Stevens & Spike Milligan, 1977

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2 comentario(s):

Yanitsa Buendía de Llaca dijo...

Es hermoso. Gracias por estos bellos recuerdos que me hacen llorar una vez más. Los peluches de jirafa lo tendrán feliz en el cielo!

Juan Carlos Medrano dijo...

¡Así será!

Su cielo es la recompensa por pasar tantas aventuras a tu lado y ser un compañero incondicional :-)