Me dijo el vendedor de plantas que no hallaba sentido su labor si el cliente no procuraba la compra; de inicio no entendí aquel concepto de la microeconomía: "procurar la compra" me es extraño pues no soy fiel adepto de adquirir seres vivos mediante un intercambio monetario.
(Sin embargo, pasada la mañana, recordé medianamente un poema de André Gide sobre el mito de Perséfone, al que tardíamente pondría música Stravinsky bajo una versión libérrima de Borges:
"Desconfía, guárdate siempre de seguir, hosca lo que miras con demasiado amor. No te acerques demasiado al narciso, no, no cortes esa flor."
Y el inventario sobre botánica se enjutó a lo circular cuando, sin la sinapsis completa del recuerdo, mi mente comenzó a vagar sobre la noche aquella en que un amigo me contó, con los ojos inyectados de aguardiente, la historia del monje budista que obsesionado por llevarse una flor silvestre al templo, terminó secándola, en vez de contemplarla cada día en su morada natural, haciendo más digno así su camino matinal hacia los huertos y el destino de la flor.)
Por eso no le compré la planta y sólo le tomé la foto.
¡Pobre vendedor que luego me maldijo!
Él solito se lo buscó.
La imagen es de un croto veracruzano captado con alto contraste; la historia del vendedor jamás sucedió (o en otras formas dicho: aconteció de modos distintos) y los divertimentos en paréntesis no intentan seducir al lector sobre alguna filosofía en particular ni esconden un pensamiento más allá del evidente. En fin; se trata de una lectura de autobús para un viernes sin mucho sentido de la prisa.
Esta existencia nuestra es tan pasajera
como las nubes en otoño.
Observar el nacimiento y muerte
de los seres
es como contemplar
los movimientos de un baile.
La vida entera es un relámpago en el cielo;
se precipita a su fin
como un torrente
por una empinada montaña.
¿Qué es nuestra vida
sino una danza de formas efímeras?
Lo asiento (sin cautela) ante el ostracismo que cada mañana me
escupe en la cara este rincón virtual al que disciplinado vuelvo y devuelvo. Ególatra, soy quien más me consumo: sólo así disipo
interrogantes de calidad, mediocridad, indiferencia, fragilidad...
¡Qué pesadas las letras,
qué lentas las miradas cuando no hay nada que decir!
Q u é p a r s i m o n i a
d e a r r a s t r e
p o r e
l t e c l a d o.
Por ahora, hay pocos pasatiempos mejores
que esperar la
lluvia y seguir a la deriva.
She's That Kind of Mystery by Bill Morrissey on Grooveshark
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La foto es un cielo veracruzano de julio,
sobre-expuesto a través de un filtro casero de celofán azul.
Intento (y las manchas en el cuerpo son notable resultado de los vientos a favor) sumergirme en atardeceres pardos; respirar el agua voluptuosa de las nubes que acarician las sierras o los mares o los valles o ninguna y todas las vastedades.
2.
...(y los pies gastados se me rompen por las venas de vidrio) por eso intento sobrevolar sin alas, bajito, agolondrinado, cada camino que escudriño; previa revisión del mapa de mi espalda, de mis manos, de mi mente, del encuentro.
3.
... (y las orejas resecas ensordecen contra los muros infinitos) pero intento imitar ciertas florituras en el lenguaje cadencioso de la piedra cuando siente la brisa ultramarina de las plantas.
4.
... (y el sudor se estampa en la garganta cual diminutas púas almidonadas) luego intento colorear inquietantes manías.
Y al final me reduzco a mis intentos, y enfurezco y entristezco, me acobardo, dígome mediocre (y salen al quite las ganas terribles de seguir tan vivo).
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_____ B O N U S _____
Espere paciente y descalzo a que concluya la magistral interpretación de "Ariles" a cargo de Chéjere, dele un sorbo a lo que sorba, sonría o defina no sonreír, siéntase pleno de estirarse, incluso tararear le vendrá muy bien.
Luego mire:
(Pantalla completa)
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Fotografías: Querétaro - Xico (y puntos circunvecinos) Mayo de 2012