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miércoles, 12 de junio de 2019

Casi

Para los amodorrados inquietos
















°|°

CLIC EN PLAY, Y LEE




no amanecía
pero casi

me diste un beso
¡trataste!
y casi

hubo saliva
labios que truenan
chas ~ qui ~ dos

aire fresco
melodía
árboles gritando
baja la voz

flores de durazno
ámbar
alquimia
salpullido

la pradera insomne
mis señuelos
¡tus sonidos!

la tierra entera girando
bestias que se acomodan
caballos salvajes duermen
los ríos

tus ríos

caricia torpe en la mejilla
torpes manos en las líneas
sombras que de azul morían

entre cuerpos
despertamos

y más paz
y otras curvas
nuevas rectas

el horizonte

no amanecía

y ya trinaba el cielo
y te fugabas
me hundía
regresabas
me iba

nuevas formas

dos minutos al alba
sin ayuno
dos paréntesis sonriendo
fuegos fatuos
muertos que embelesan
dedos que me aprietan
nonatos sabios
luna de los aúllos

unos se van
otros se vienen

fruta
sorbo de café
la madrugada

nuevas rectas, dije
nuevas metas

cerraste los ojos
yo estiré los brazos

...




Golden shimmer es una serie fotográfica de Jim Smith

| ° |


miércoles, 3 de septiembre de 2014

(im)pulsos gra(vita)to(rio)s


(vómito textual con corrección)

°

I. Enunciación


Nada significa nada.
No es no.

El vergel donde retozas es un verde no;
el arroyo en el que nadas: no bajo las ondas de tus calmas;
los astros vespertinos son un no a las calles sin farolas,
y la merienda, si vasta: pesadillas de carne con gusanos.

Las criaturas noctívagas:
lechuzas que no
debes ver
la gasa de la mujer fantasma,
la mesa triste de raso tablón
donde se barajan cartas
de las magas
con tatuajes,
y amuletos de esmeralda
predestinan:
-tocan tu luz, tu mantilla-
“vas a enamorarte”
(gimen las pitonisas).

El centro del planeta: lava helada
gritándote que no te sueltes.

¡No te sueltes!
Nada significa nada.


°

II. Duda


¿Mis retardos y mis logros,
mi enfermiza poma que tengo en la cabeza,
tu lunar en la entrepierna
¡y todas tus hijas con hijos!
el viento que apenas aletea
por encima de las palmeras
este calor salado
que te deja la noche
oliendo a invierno en primavera,
cada relámpago
que ilumina tus ojos marrones
o son azules
de mar
mis recuerdos?


°

III. Diálogo


¿Todo significa nada?
No es no.


°

IV. Infanticidio


No es en tus tampocos,
ni en tus sueños
donde  yo me yergo con la noble figura bulliciosa
de cabellos vueltos trenza en mis ayeres.

No me visitan tus multitudes.
No me fundo en valeroso traje
ni hablo de deportes con amigos
ni camino despacito
y a tu lado
mientras te terminas el helado.


°

V.  Impulsos gravitatorios


Ya no pinto acuarelas
- te gustaban.

Ya no buceo
en picada desprendida
buscando el talud continental
desdibujado
por temblores nuestros
luego con agua y saliva
lavados.

Ya no canto las de Callas
Ni toco a Zitarrosa
en la guitarra de Paracho
ni en la ducha
silbo mientras cae la lluvia afuera.

Ni me disfrazo de fiesta
ni de orquesta
ni de one man band
ni de coma limpia que me ensucie la hoja enhiesta.

Ni ando a marchas forzadas
ni hago rimas forzadas;
(risas)
me dejo llevar:
(más risas)
ya nada significa nada.


°
VI. Intermedio


(Nunca escucho a Ferreiro estando solo
por miedo a ponerme sereno.
Todas mis tizanas
se siguen pudriendo en la alacena)

Me taché de la lista de pendientes
e hice caso al holograma:
más acciones
menos dramas.

(Play!)

   


°

VII. Duda (2)


A quién le importa nada.
A quién que no sea yo
bastándome de los engaños.

¿Mis intereses?
tus sobregiros.


°

VIII. Pulsos gratos


Nunca quise echarte de menos
pero vuelves redentora
como vuelve mi infancia
mientras se alinean los planetas
y cada telescopio escupe fuego
por los ojos de las niñas
que quisieron ser galaxias.


Mientras nada sea tu punto y aparte
nada me significa nada:

Las cartas con chocolates,
los primeros besos detrás de los primeros árboles,
las risas cómplices
el agua que escurrió por nuestro cuerpo
-la sacudida instantánea
luego de ese sexo
y esos dedos
y esa menta por mirada-
los cielos añublados,
turbiones y lágrimas rotas,
las hormigas sin casa,
el deleite de volverme y verte,
los saludos secretos
el arma suculenta que es tu lengua:
celajes perdidos
por vientos de junio.


°

IX. Partida doble


Viajes exprés encima de centauros
besos en las cumbres de montañas
viajes exprés en bicicletas
besos de silueta fina
viajes exprés bajo el rumbo de estrellarnos
besos en los semáforos
viajes exprés a nuestros gustos
besos a quien más tú y yo queramos.

Algo está siempre empezando
como triste verdad
como dulce mentira
vamos a olvidarnos de nada.


///




///


La serie fotográfica es de (el) peatón 

El video del intermedio es Turnedo, canción de Iván Ferreiro al lado de su hermano Amaro Ferreiro contenida en el medicinal álbum Canciones para el tiempo y la distancia

 Una primera aproximación, más rudimentaria y tremendista de estos (im)pulsos gra(vita)to(rio)s, puede ser leída dando clic aquí.


°

miércoles, 27 de agosto de 2014

Tibio iluminarse de los afectos


(Un respiro)



Intuyo que nadie cree lo que digo. Al menos así no me he dado a la caritativa tarea de seguir tan vivo. Entreveo que las brisas me asedian en los túneles obscuros de un tiempo que se fugó dispuesto a no volver / Esta ventisca del otoño venidero. Seguro es ella la que aguaita al escritor cuando se torna presa. Palpitar estorboso, a medias, rutinario, vuelto nudo, de un núcleo sustancial entristecido. La pausa indebida: el tiempo fugado.


Creo que nadie intuye lo que digo. Irrebatible es el criticastro hacia la mala posición de mi sextante, allende los mares del espacio, estimulando mi raudo desvío de cada multitud en la que mal anido. Otra vez la cosecha sempiterna del mal tiempo. Otra vez las almas llagadas que se arrancan la tristeza con puntas ardientes de hierro. Otra vez la poca paz en lo que anhelo; el músculo vivaz de cada sueño; el tibio iluminarse de los afectos; la desusada calzada que por quejoso peregrino. Otra vez tu ortográfica hermosura en medio de la melancólica industria de los deberes mundanos. Otra vez mis epítetos tontos y las listas, las comas renegadas en cada servilleta de cantina. Otra vez las enumeraciones. Otra vez tú tras los velos delirantes del olvido. Otra vez nosotros a través de embozos níveos. Otra vez el sigilo de la memoria y el puente indomable hacia la remembranza, la tarde, esos saltamontes.


Digo lo que nadie cree que intuyo. Ni siquiera cedo en mis decires de nocivo caminante / Luego me distraigo / Este apaciguarme a lluvia torpe. Este diminuto gato que chilla. Estas veladoras que me calcinan la prisa y los planes. (Otra vez los planes. Otra vez los augurales malabares del destino. Las muelas del juicio. Los descansos que se otorgan mi cuerpo -poco prudente- y mi espejo -mucho arrogante-)

Nadie intuye lo que creyendo digo.

///


°

Todas las fotos de (el) peatón

martes, 13 de mayo de 2014

Cuatro Carrasquenses


(bajo una lenta progresión
en la pérdida de los sentidos)




||

I.

Tengo tréboles viejos en álbumes viejos. Rojos botones que cayeron en la cara de una novia. Unas hojas de albahaca aprisionadas entre micas. Miro el mar verdusco si entrecierro la mirada y sé contar estrellas sin señalarlas. Turbia la plaza de la Verónica forzada. Turbia la intencionada cornada.

Campeón de los desprevenidos, soy, divina mentira, el más precoz de los hombres excedidos. Sucio hilvanar con dramas, llantos, sacudidas. Lento en todas las despedidas, libidos vencidas, camas e inventarios, sueltos tantos textos, tanto manjar encriptado en tus aguas azucaradas. Libres las letras y las palabras, libres hembras que han planeado en sobres lacados hacia otros destinatarios.

II.

Soy, más que menos, la entraña del pensar que se trunca por violenta. La aurora austral que evaporan los pingüinos. Soy el callejero, el diamantino, el sibarita postergado en cada postre; cigarrillo de mentol para tus asmas, viento a discreción en la entrepierna, lobo derrotero en tus cabellos, tronco en cada labio inferior de tus deseos, vívido espejismo, toro descastado. Más que menos soy también la manzana de Adán bien injerta en los huecos de mis Evas.

Ando el camino a machete, tuerzo figuras de monos y con ramas largas me decoro. Viajo sediento en estampa, pesado en silueta, rodeado de dagas, culpable de farsas.

III.

Bandido turbulento con gritos, cientos de poses, amenazas; quieto a mi pasar, sólo la aguja avanza, férrea en tus ombligos se esconde, penetra también tus labranzas. Cada "te quiero adentro", y cada que te retractas, una nueva aguja va desgañitando tus ansias.

Y dado que la posees, la abrazas con nunciatura, tengo que darte la aguja que acabe, puesta de mañas, con tantas, tantísimas ganas.

IV.

No por lunares esto soy, no por lumbre, tarde, luces, hijos rotos, esto soy. No más cartas sin más postilla. No en tus lugares ni en mis estepas te doy al galope entero. Ni yo te pongo alunada ni tú sabes cuál es la Luna. Esto soy: no el que araña ni el que rasguña, no el que quieres entre tus cunas, no aquel duende que se convierte de pronto en maraña. Esto doy: todos los besos de muerte. Todas las posesiones. Todas mis alimañas. Todos los trajes que usé. Todas y cada mañana. No nunca más los "contigo". No, nunca y ya nunca, sin ti. Ya no te acuerdes de mí; soy por placer, ya lo dije: soy tu enemigo, el esquivo.

||



El óleo es de Walter Zuluaga


jueves, 23 de junio de 2011

Mi pequeño abecedario

< Tibia cursilería en miniformato



De la siguiente mañana,
(y cada una de las noches anteriores):
n i n g u n a l u z

De lo que me conformó como un todo,
y de - ahora - lo que todo me conforma
(aquello, con lo que yo me conformo),
soy renuente a quedarme con algo.

Algo que no tenga alusión
a tus fechas de nacimiento,
tus horarios y estaciones,
tu desnudez y tu modus vivendi
(que de cuando en vez me parece extraordinario).

De la resurrección, si me dan a elegir,
no quiero quedarme con nada.
Ni cuerpo,
ni lengua,
ni ganas.
Nada que tenga, deba o preste,
ningún sobreviviente a mi pequeño abecedario.
Nada que escape
de tu inventario de pendientes
y tu lista de las compras;
ni con mi garganta quedarme.
Nada:
tu arte y mi provecta edad
(de niño emancipado).

Me alejo:

De las maneras, los principios, los abatimientos y pesares, las zancadas en lentos vagares, los santos sedientos de flores en las iglesias, las tabernas, los museos, las candelillas y los mástiles de barcos que jamás zarparon. Los insondables fastidios, las tardes finitas (inquebrantables), las diabólicas madrugadas, las odas, la métrica y la ruina, las cantilenas desbordadas de mezcal, los datos y referencias en las calles exploradas, la gente de los suburbios, los náufragos en torrentes y en océanos. Me alejo de las fiestas patronales, del artificio en fuego que sujeta el mirar del cielo, los paisajes, los juegos de mesa, los excesos, los tesoros sumergidos, la gula y los dinerales...

No me vale nada si todo escapa a tu calendario.



>

miércoles, 19 de mayo de 2010

Ninfa del hombre

<



En la escena ensombrecida mira al columpio roto, fútil estertor del movimiento. Rumia el color vitral de celajes niebla; páramo calmo en pastizal perdido y soles blancos, luz de petróleo. Se agrilla la noche, luna mentirosa.

Luego (antes), de ultratumba vuelve el penitente: (hombre o dios) pasta y rodillo. Toma la yerba, amasa la estampa cárnica, transforma en piel el oro natural de los enjambres.

De sus manos, barro,
caldo primigenio, plumas, lumbre, risa.
De sus hombros, rumbo,
huella mineral, cosecha y drama.
Hambre de sus pies descalzos.
Miedo de esos ojos negros.
Entre el cabello, calima.
Imagen de los labios:
rojo, rosazul en sus señuelos.
Flores en el pubis:
miel, invento, sentidos.
Pies de desierto que llagan la tierra.

Y prospera la invención: se enmarca bis a bis, teje las redes del viento, ensancha mares, planifica, rompe, hierra, mata (y en el sudor y sangre se entretiene y goza), perturba, ocasiona meridianos, alea campiñas, volcanes, hermanos. A fiebre batiente, conquista.

Y mira, en la escena ensombrecida, a Lilith.

Entonces jura paz, firma convenios, se dice dador y amante, pronúnciase elemento y dueño benefactor: pastor prudente, certidumbre, memoria. Colma la matriz, más feliz que precavido, de enunciados sin verbos. Manda a romper espejos. Y en su furia multiplica panes, monedas, astros. Conoce la finitud del universo. Ajeno a la obra incesante, se da sus pausas y refrescos: mira pájaros hechizos y rompe en carcajada, poderoso. El hombre entonces se restaura. Resucita de un trigal en siesta. Alguien le mece los cabellos. Amanece en el monte. Despunta azul al alba.



Foto: Potrero en La Joya, Veracruz. Septiembre, 2009

>

miércoles, 29 de octubre de 2008

Doce de Doce del Doce

>



Cierra esa imagen de lucha.
Abre una nueva de montaña.
Cierra los “detente”, los “no vuelvas”.
Ocúpate un poquito del alma.

Cierra el invierno, las bufandas.
Ármate de intereses nuevos.
Cierra el cielo de octubre.
Pinta un paisaje sonoro sin aves.

Cierra las marañas y los celos.
Unta de bálsamos a tus vientos.
Cierra el ciclo de la noche.
Ponte a correr sin consejos.

Cierra el telón de anfiteatro.
Canta y juzga con el coro griego.
Cierra las ofertas; cómprate algo.
Desamarra los anzuelos.

Cierra tus errores; respira.
Date a los momentos tibios.
Cierra enredaderas y ventanas.
Crece, grita, interrumpe, bosteza.

Mira cómo cierras tus agallas.
Planta bolitas de estambre.
Cierra el baúl de recuerdos.
Consíguete una ciénaga;
ponte a jugar con las ranas.

Cierra la aventura rutinaria.
Diseña un mejor aeroplano.
Cierra la herrumbre y la humedad.
Visita a los amigos; hazte suya.

Cierra el lamento y la otredad.
Apiádate sin censura.
Cierra las tachuelas, las espinas
(o aprende a vivir con amargura).

Cierra los catorces de febrero.
Come chocolates, degusta y cata.
Cierra las manecillas a las doce
(doce de doce del doce);
entonces me abrazas.

Cierra los zaguanes, las cloacas.
Comienza a nadar, come manzanas.
Cierra las fábricas, las calles, los andamios.
Destruye, por favor, esas ramas.

Cierra las muecas y regaña.
Teje tus telas de arena.
Cierra el marcapasos,
Muere conmigo, risueña.

Cierra las diatribas oficiales.
Redáctate un discurso sin debrayes.
Cierra el clamor de las voces inquietas.
Navega, en vez, por los desiertos
que agrandan el espíritu y lo aquietan.

Cierra los buenos modales.
Quiero ver tu desnudez en matorrales.
Cierra, despacio, la puerta.
Duerme a los reptiles; toma la siesta.

Cierra esa ingenua marea.
Pesca mejor cuatro bagres.
Cierra el silencio, los “en serio”.
Camina a tientas sin miedo.

Cierra el paraguas si llueve.
Declámale a la gente;
vuélvela, no objeto, sino remedio.

Cierra las recetas de doctores.
Propón artesanías contra dolores.
Cierra bien tus ojos y detente:
Afuera estoy rezando para que no llores...

(al menos nunca más de mal de amores)



<

sábado, 25 de octubre de 2008

Fronda y Farfulleo

>



Cresta y piélago cruzando corduras.
Sal de potasio.
Sortilegio y sitiales.
Coplas de tierra, de chubascos y de miasmas.
Nicho que enclaustra la savia.
Cruz de temblor.
Tono magenta.
Cielo iracundo.
Roble, vainilla, lamento.
Piedra sobre piedra.
Anturio, mirasoles.
Holgada tela blanca al viento.
Rubor incontenible de temores.
Lazo entre los perros y los hombres.
Arde, lame, esculpe, palpa, mimetiza.
Caldo mineral: farfulladora y frondosa.
Enjuaga la tormenta, cosecha y genera.
Oro conferido a los dioses.
Grano de café que inmaculado progresa.
Silbido lejano que ensordece.
Armonía, tapias, artesano.
Ronda de sombra.
Alta pleamar.
Sueño de ovejas.
Luna, miel, terrón de almíbar, epístola, lisonja.
Primavera a caudal de las tonadas longevas.
Vientre taciturno, pies desnudos, dientes frescos.
Antes de siempre, mañana.
Horda madura de abrazos y centellas.
Mártir del tiempo, tirana ensombrecida.
Rauda mariposa negra y nocturna.
Viajera errática sobre sienes plegadas.
Tundra y pensamiento libre.
Agua de cien mil colores.
Viento a favor: ancla, vela, popa, polizón.
Orden de mando: sol y cometa, punta del norte.
Enérgico arbitrio.
Rol de castigado.
Carne al vacío: tronco, pedrada.
Paz azul, onda sonora, rica fortuna.
Grande la compaña, seria la comparsa.
Lacra de pecado.
Indómita, cardumen.
Monstruo meníngeo.
Alba de noche, adagio, heredera.



<

miércoles, 27 de agosto de 2008

Déjame aquí

> Un escaparate.



Le dijo que sí.
Sacudió las telarañas en sus ojos.
La ubicó de entre la nieve.
Farfulló en un leve suspiro:
“déjame aquí, contigo”.
Tarareó sus danzas.
Atinó en robarle un beso.
Le quitó el abrazo
del brazo y al hombro quiso.
Blasfemó tiernamente;
dijo algo así como “te quiero”.
La envolvió en arrullos.
La durmió despacio.
Enterró sus miedos.
Se apalancó.
Quedóse muy quieto.
Le sonrió mientras soñaba.
Caminó cien pasos.
Fue astuto; no corrió.
Dio de sí.
Amarró las velas.
Tiritó por nervios.
Se esforzó en la última curva.
Aclaró la garganta,
el tiempo, los años.
Dividió cada estrella.
Planificó sus victorias.
Tuvo que rodearse de enemigos.
Tuvo que traer nuevos pesares.
Tuvo que alejarse de los otros.
Tuvo que comprarse más anillos.
Le dijo que sí.
Y salió a cantar.

Cuando canta, ríe.
Llora mientras sonríe.
Y viceversa.



Dibujante: Irlyan Cora (Acuarela 32 - Ocre)

<

domingo, 24 de agosto de 2008

Entre todos los Deseos

> Para Tania, en su no cumpleaños.



Play it and read it!



Amor de distintos tenores, de garra y oído, de antiguos dolores. Amor locura, amor verano, tibio amor, antojadizo, dulce y salado. Amor humilde, sabio, sagaz, vociferado, lento amor, flor amor, amor vancuverita. Ríos de amor mordaz y risueño, calentado amor y enfriado al trote de la distancia. Amor a camas y sueños y besos y rutas y entrañas, amor pagano y servil, cantado amor, dolor, amor, pasión de amante amor a modo de amor amigo. Balbuceante, iridiscente, loco amor de vino tinto y calamares, amor paracaídas o lúgubre o estático o simplemente amor de lejos y de cerca, de tuyos y míos, de ajenos, de vientres, de dedos, de paz, lóbrego amor campirano, suspiro amor, reitero amor, casi presiento amor de amado, estantes de amor y amor de plásticos alambres, casas de amor o pasajes llenos de anturios, vida en amor o en amor sin vida de enamorada y linda luna lacustre, labia lúdica, loca y longeva, lumbre lacia le limita. Amor, amor, ¡carajo! amor. Por todos lados amor, en toda acción el amor: sobre patines, en avenidas, en autobuses, bajo la lluvia, entre la noche, por la vereda, hacia el sosiego, hasta el cansancio, desde la punta del cometa hasta su helada cola de destellos. Amor fraguado y sin anzuelo, amor. Pasos, estilos, martirios, memorias, cigarros, alturas, deseos (y entre todos los deseos, amor del más alto calibre y calentado a fuego lento). Vuela y camina, trota, conduce, sonríe, platica, corrige, seduce, descubre, sucumbe, marea, posterga, enajena, paraliza; vive. Amor que vive en Firenze, en Itaca, en Nueva York; que vive y se queja, que vive y se alumbra, que vive y se pierde, que vive y no llega. Amor que no llega. Amor pastilla, amor cristal, ápice, melodía. Tormenta distante, nube negra, cielo claro, cielo rojo, cielo azul. Amor azul y de estudiantes, amor de lujuria, fragante, postal. Amor por donde quieras: hasta en los marcos para fotos, hasta en la ceniza, hasta en el valle. Amor que inunda el valle, que destroza, que construye, amor doliente que huye y no huye, que quema y cura, que ata y desata, que come gladiolas, que bebe espejismos, que intuye fracasos, que quiere alegrías. Amor y antojo, sonrojo, volumen, valentía. Casi amor, todo amor, más allá, siempre aquí, por ahí, encima y debajo, desnudo y tapado, amor confesionario, voz de dios, empaquetado, torturado, rítmico, metódico, saludable, light. Amor a dieta de agua, a prueba de incendios, amor de alarma, de comercios, de estatutos, de sedientos. Hambre de amor. Gula, pecado, alas, flamingos, hojas, té, nuevos rincones, amor intruso y sosegado, libidinoso, entusiasta, malabarista y chueco que endereza la estatura de mis ansias. Huérfano amor, natural y primigenio, sensual y coqueto, altivo y casual, amor de elemento. Amor a la cuerda percutida, al sufrimiento, al regocijo, a los fandangos, a las romerías, a lápices y cartones, a cervezas, a empujones, a besos quietos, a caricias mustias, a almohadas de hielo, a carne y a acero. Carcajadas de amor, de luto y silencio, risa airosa demencial, que llena el corazón, que lo hace más necio. Amor que elude a reptiles, que porcelanas repara, que dibuja, que reta, que entretiene, que malentiende, que siempre atiende. Amor que da zarpazos, que degüella, que cuenta las horas, que evoca a los dioses, que equivoca, que resopla, que bebe el café que se le antoja, que antes seca flor, que hoy maravilla. Amor con polvo de hada enamorada, amor con cicatrices que no cierran, amor lombriz, amor de mirada, de labios, de cuellos, de gargantas, de atropellos. Amor y amor que entre más ama más se desarma, amor de dobles y de singles, de asuntos importantes, de pueriles. Amor insólito, indómito, infeliz y descarado, tonto amor a los muertos, amor que cuenta cuentos, que hace mutis, que se viste y desviste, que propone y altera, ¡qué estúpido amor de calaveras! Qué sinrazón, qué caderas, vaya cabellera: mira que oír y no erizarse, se lo perdono casi a cualquiera. Amor con tintes de eterno, de embrujo, de fugaz, de sorprendente, de vital, de diferente, de crimen pasional, de muy latente, de salud y enfermedad, de lecho ardiente, de futuros, de pasados, de presentes. Amor en dos vertientes: cara o cruz. Tengo la moneda que utilizan los magos y circenses...



<

miércoles, 6 de agosto de 2008

Rito de la Locura

>



Es ya la noche; lugar del viento, el tiempo, el cierto invento del momento. Es momento de drogarnos; de inhalar humo real (no fantasías) a través del fresco sabor de la sandía, de tragarnos todas las pastillas del rencor y vivirlas y soñarlas y viajarlas con agua y en dancefloor.

Es el instante más sabio, el más definitivo, es el mejor. Vendrá otro año la calma y nos pegará secamente en la mejilla devolviéndonos aromas de adolescencia, libertad y buen karma. Ya es tiempo; tenemos que irnos. Zarpar, irnos, despedirnos.

Ya es hora de subyugar toda memoria y todo encuentro. Es ahora o nunca; ahora de decirnos cosas lindas o nunca de jamás oírlas. Hoy de inventarnos otros disfraces y mudar la piel seca por nuevas escamas. Tiempo de interesarnos, de zambullirnos en otros olvidos, de mitigar antiguos miedos, de sacrificar los gustos, de conocer otros nuevos, de volver a besar con parsimonia y delirio, de sacudir las nucas, de bostezar de compromiso, de atiborrarnos de regalos, de saludar a la misma gente, desear a la misma gente, cantarle a la misma gente.

Se nos hizo tarde para todo lo otro: el vino, las bohemias, los abrazos, el “hasta pronto”, las almendras. Por eso es tiempo de dejar de perder el tiempo; tiempo de amarrarlo y tocar cada segundo con firmeza y ternura. Ya es tiempo de enamorarnos de algo más peligroso que nuestra triste “figura”. Enamorarnos de vivir y ser vividos, amarnos por la añoranza y no bajo cualquier motivo, querernos hasta que duela, hasta el insomnio, hasta la náusea. Pero querernos bien, con gracia.

Ya es de noche,
ya te espero,
ya te vas,
ya te viniste.

Se nos pasó tan rápido el mito, el “yo te invito”, el más bonito de los ritos. Ése sin instante ni abreviatura. Rito de la locura. Una bella afirmación de lontananza y ganas de estar contigo.



<

viernes, 1 de agosto de 2008

Ya me querrás volver a ver

>



Acotación: Ayer me dejó Jennifer Connelly, y yo sin más, le compuse una canción con Los Amigos Invisibles. Malditos amigos que movieron mi núcleo de extravagancia y tontería. El caso es que, por pasados de copas y algo más, y añadiendo que al coctel se sumó Don Goyeneche, nos salió algo rasposo y de arrabal éste que empezó siendo un soneto. Cántese en tango o en bolero, pero cántese bien, cual caballero.

Aquí la sesión:

///

Ayer tarde te dije:
te amo mucho mi bien;
¿que es pecado quererte?,
bien lo sé y lo mismo da.

Ayer noche te quise
romper la ropa en pedazos
y no hallé en ti más que manos
que negaban la pasión.

Luego me lloras que por qué,
por qué, por qué,
que por qué ya no te hablo.
Y es que no sabes que yo sé,
que, aunque lo quiera, no me aguanto.

Pero es deber del hombre ver,
antes que pase del espanto,
si una muchacha quiere arder
o es puritito y vil engaño.

Y así no puedo más vivir;
sin tus mejillas calentitas.
No me verás jamás decir:
“hoy me lo pongo y me lo quitas”.

Si es tu razón yo entenderé
todo el matiz de tu argumento,
y ya sabré (o no sabré)
si quiero o no: quiero, le entro.

(Coro 1)

Entonces tiraré /
todas tus fotos y mis fobias,
haré un buen fuego y quemaré
los peluchitos que más odias.

Vendrán amigas de a montón,
casi subidas de colores;
me pedirán: ¡dame pasión!
¡me muero si no estoy con hombres!


Yo cumpliré, me montaré,
a los caballos del ensueño;
olvidaré tu nombre y ya
no me podrás quitar el sueño.

Fíjate tú por qué lo hago;
no vayas a pedir perdón,
si alguna vez tú y yo cruzamos
una avenida sin condóoooon.

Visitaremos los moteles,
recordaré cada lunar,
sofocarás tu grito: "¡gueyes!,
nadie podrá hacerme sudar". (Sólo túuu)

Me abrazaré de tu cintura,
te prenderás de mi barriga,
sacudirás tu cabellera,
y pedirás un poco más. (¡oh, yea, más!)

Un poco más yo te daré,
y tú, saciada arañarás (mi piel).
"Quise decírtelo antes pero
no pude por temor a él:

Ayer brindé con tu marido,
me lo encontré en el bar aquel;
venía mostrando nueva niña,
y al verme se quedó de a seis.

(Coro 2)

Comprende amor, de buena vez,
que todo amor, que toda hiel,
se nos rebela,
se nos revierte,
da puntapiés.
(pacha cha chá)

No llores más,
pídeme más,
mejor mi bien,
que estoy pensando
en empezar
negooocio en piel.


Tú me podrás llevar las cuentas,
yo confiaré en tu sensatez;
conseguirás buenas ofertas
de señoras de 36.

Saludaremos en la calle
a otras matronas de alquiler,
visitaremos a compadres,
(¡sube!)
invitaremos vino y miel.

Y cuando haya ganado un peso, (¿que qué?)
te llevaré a comer después,
a ese lugar que tanto admiras
donde los tacos son de a diez.

Podremos poner una tienda
de esas que venden leche y pez
bien secadito pa’ diciembre,
salado y con harto interés.

Ayer te dije: te amo mucho;
tú no quisiste comprender
la magia de cada palabra
que yo soltaba sin querer.

Ayer dijiste: ¡largo, intruso!
y no me pude contener
de echar la risa para el cielo;
ya me querrás volver a ver.

(Coro final / gritos y jaleo)

Ya me querrás volver a ver.
Ya me querrás volver a ver. (Bis)


Volver a ver.
Volver a ver. (Bis)

(Grand finale / con tenor invitado)

Vol

ver

a

veeeeeeeeeeeeeeeeeeeer.

///

¡Jolei!
¡Bravo!
¡Venga ya!




Deje usté la tristeza,
¡... y que siga el baile!
esos de atrás:
¡pásenlen, pásenlen!.

Aquí todas las damitas entran...
¡graaaaaaaatis!



¡no le tengas miedo al monstruo!
¡menéalo, menéalo!
¡aprovéchate... eh, eah eah eah!




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miércoles, 9 de julio de 2008

Dónde estabas en noviembre

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¡...y yo para qué los quiero!



Bastó un terco abrazo, una mirada de antaño, un pedazo de cielo en sus labios, una lámina volátil de espejismos y vidrieria. Sólo esto; sin más. No para volver a enamorarme, ni para quitarle el sueño a mi futuro. De la calle al beso y del beso a la cama y de la cama a la calle. Técnico, eficaz, fútil tropezón de saliva, glúteos y semen…

Los re-encuentros, cuando adecuados, son capaces de plantarte dos bofetadas bien puestas en tus olvidos. Las ex-novias son santas devotas de su vanidad a cuestas. Muertas vivientes cuando las encuentras, llenas de alguien más con ganas de tu persona. Dos asientos de atrás en un autobús de tercera.

Si se ciñen al arreglo, ponen las reglas. Si deciden nunca más es mañana. Si, por rencor, te muerden o arañan, ya te cargó la chingada. Fórmula efectiva de mariscos, ron y soledad. No hay tortura aquí: sólo migajas. Quién se engaña si los dos miran y sienten, si ella palpa y tú gustas, si ambos huelen y nadie intuye. Qué sentido corporal nos queda. Cuál de estas instancias es la pasajera. Nunca ninguna, siempre todas, hay de chile y de mole. Tú con la manteca te quedas, ella con las manos en la masa. Y qué retebonito gritan. Y cómo se menean y se empinan. Y “cuánto has aprendido en estos años”, cuánta risa, cuánto humor, cuántos detalles. Dónde estabas en noviembre. Por qué te fuiste.

Porque hay miradas de culpa, jamás de descuido. Hay lumbreras en su mente, en su vagina, en sus mediodías. Hay fin de mes, hay fin de ciclo, hay fin de novio, hay también las alturas y las fobias y los gustos y el divorcio. Hay el divorcio. Se tienen las ganas, el dinero, los moteles, el tráfico en las noches, las cartas perfumadas. Hay los elementos. Las consonantes hay, los plátanos hay, las alcancías y los pepinos, hay las velas y los fuetes, el plástico y las narices frías; hay el frío; eso, el frío. Hay el invierno, los árboles y los columpios, las veredas junto al río, las playas desiertas. Hay (y muy buena) imaginación. Hay hay hay hay hay, cómo te duele ¿verdad?, cómo te gusta que te duela el gusto, cómo te gusto cuando te duele y gusta, cómo te duele cuando te gusto a gusto.

Son verdades que te recogí en la madrugada cuando te dejaste y re-dejaste. No son inventos o ripios que te escribo por jactancia. Bueno sí… más bien sí. Me caben otras dudas esta noche: me quedo colgado, por ejemplo, de tu idea de pintar mi techo de verde claro. Me gustó el color de esa paleta, de la neutral que me viniste a vender. Tú ofreciendo lápices y colores, qué desfachatez de tu jefe. De haber sabido que ahora vivo aquí ¿hubieras tocado el timbre? Hoy me siento positivo y diré que sí, pero entre nos, que no. Que nunca es nunca y se acabó.



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