miércoles, 8 de mayo de 2013

Es verano

Para Lalo, Ángel, Yoyo y familias Vovides & Valderrama


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Rodar colina abajo y toparse al río sonriente, fragmentado en diminutos millones de sol y agua / es verano / sentir el musgo suave y tibio con la palma de una mano y la nuca acariciarla con la otra / quieres / abrazar a los perros de pelaje blanco que te miran con sus lenguas de fuera y sus semblantes ingenuos / dejarse lamer / cómplicemente mirarse y dejarse lamer / y el pasto araña tus rodillas mientras tanto / y la arcilla por debajo se entierra en tu piel sin molestarte / mirar entonces al cielo y percatarte de las nubes-cocodrilo / nubes-castillos / nubes-hongo / nubes-barco de piratas / y en la frente limpia se te estrella el universo / tomas agua y te sacudes la nariz y las pestañas / y tus canes se alejan a cazar borregos / y eres dichoso sonriente por dentro y por fuera / no te preocupas, muestras los dientes / con razón te alegras / tocas el aire con tus brazos / tus vellos son rojos / tus cabellos lacios / observas la pendiente por la que rodaste / arriba vigila tu casa de grandes ventanales / pisos, techos de madera / sombras complacientes / salas con bocinas enormes y escondidas / es verano y desde el estudio donde pintas, trazas planos, coces muñecas, riegas plantas y alimentas a tu gato Moreira se yerguen el clarinete y la guitarra que escuchas en la brisa / vuelan presurosos por la espesura del bosque templado y llegan a ti, colina abajo, a toparse sonrientes con el río por el que viajan tristes jirones con tinturas rojas y hojas secas de un liquidámbar anciano.

Fotografía de Joan Trayol
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martes, 7 de mayo de 2013

Ciclos

(Infusión 2/30)



Aquel día que me mordió una estrella de mar y yo sin saber que no mordían me eché a llorar mientras mamá me salpicaba la cara con su limón asesino de almejas.

Mi gata está en celo porque no halla gato que la entretenga ni mano que la mantenga y por eso entre arena y arengas suelta la melena desbordada la pena almidonada y me ruge despacio y entristece la gata al verla.

Este té de las ocho cuarenta y siete de manzana y canela que me obliga a teclear sabe a cabaña y monte y pradera y sol azulado y verde templado el cielo que aquella tarde de otoño junto a ti que ya te vas y ya volviste pude ver desde un Volkswagen negro y seducirte y casi abrirte la capa de otros sueños más sagrados /

/ como los sueños de las orcas donde alados lobitos marinos las seducen día tras día hasta llevarles a mares menos profundos.

Nunca hay que decirle a la luna llena que de su lado estamos siendo sinceros es mejor decirle al sol que la busque detrás del huerto donde cada 28 días espera ansiosa eclipsarse y luego vestirse de duelo.

Metí siendo pescado por la cámara de fotos mis pies diminutos al océano gigante de Barra de Navidad en un diciembre acalorado sobre una barca blanca con un motor en desenfreno y pesca de Marlin que pensaba que yo pensaba que pescaba Marlin o atunes salvajes que luego en aceitunas y filetes delgados me iba comiendo poco a poco sobre una mesa de vidrio mientras miraba con nostalgia una vieja cicatriz en mi mano izquierda.


La foto es de Andrés Bonetti, en Patagonia.

lunes, 6 de mayo de 2013

Excusa

(Infusión 1/30)


Las horas del té me beben el tiempo. Casi aprisa, anoche, por ejemplo, anoté, dejándome llevar por la desesperación y exhausto por las comas anteriores: "no quiero abandonar al caminante ni caminar el abandono quiero / ni pretendo establecerme ni quedarme en las pretensiones". Tal cual y absurdo. 

De mi vida huyeron 10 minutos y 18 palabras que fatuamente intentaron dar vagas explicaciones alrededor de mi pereza hacia la escritura. Al no conseguirlo me senté de nuevo ante (el) peatón y decidí -por el duro placer y porque puedo- forzarme a aprender que finjo que aprendo.

...

¡10 minutos y 18 palabras, carajo! 

No es de sabios... ni de gnomos ni de genios. Por ello me enteré, absorto en el té de jengibre, que atesoro tanto mi memoria y mi futuro, tanto me gusta la vida sobre la memoria y el futuro que no la toco por temor a romperla. 

Así transcurre la vida de mis recuerdos futuristas: al lado, de lado, ni adentro ni encima, entre pestaña y pestaña, con gafas de sol, como la canción de Albert Plá: "Añoro solamente lo que no vi ni en pintura, lo que no quise que ocurriera, lo que olvidé por desidia".

Las horas del té no se beben mi tiempo: 10 minutos y 18 palabras son la pérdida del tiempo (intransitable ahora) sobre lo que no llegó a ser un cuento. 


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domingo, 5 de mayo de 2013

Lío de faldas



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Cuando cierro los ojos para ver, oír y oler un país que he visitado, experimento una inquietud y una alegría semejantes a las que me reportarían el regreso de un ser querido.

(...) tampoco me alimento de recuerdos abstractos y si esperara de mi espíritu que me librase del sinnúmero de mis vagas alegrías físicas con un solo y puro pensamiento, moriría de hambre.

Cuando cierro los ojos para gozar de nuevo de un país que he visitado, son mis cinco sentidos,
estos cinco tentáculos de mi cuerpo, con sus bocas ávidas, los que me empujan para traérmelo.

Colores, frutas, mujeres... perfumes de jardines, olores de callejuelas sucias y de sudor, infinitas extensiones de nieve iluminadas por relámpagos azules... playas ardientes y ondulantes que se agitan al sol... lloros, gritos, danzas, cantos y lejanos cascabeles de troikas...

Existió un tiempo, en mi primera juventud, en que intenté hacer ascética mi insaciable alma, alimentándola de abstracciones. 


Pensaba que el cuerpo no es más que un criado cuyo deber es el de recoger las materias primas y verterlas en el laboratorio del alma, para que allí se transformen en ideas. 

Extracto de Japón, por Nikos Kazantzakis











/ Fotos del peatón en Pedro Escobedo, Querétaro
durante el Festival de Danza para adultos mayores /


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domingo, 20 de enero de 2013

Cruce de caminos 17/n




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1.

Llevo en mis ojos la hinchazón del monte: grillos que despiertan en la madrugada; halcones en picada franca tras el roedor; soles y lunas que arañan por encima de los bancos de cantera; almas aradas con dinero del patrón; rocío congelando los lomos de hombres, caballos, parcelas, desiertos; socavones sin hueco, sin aire ni alacranes.













2.

Hallé, bajo la ínfula del despiste, una instantánea de Magritte sin bombines, ni paraguas, ni homínidos en traje obscuro. Digamos entonces: una estampa escondida en los cajones siniestros del olvido con ciertas remembranzas del arte en los discos de Pink Floyd. Y detrás de esa ventana me encontré feliz por casualidad, con esa luz de cinco de la tarde: como se debe ser feliz (momentáneo, redondo, perfecto).


3.

Diariamente me doy a la búsqueda del mar anclado en tierra; mojo mi sombra en la savia precavida de los cactus y me adentro en las claras de este universo renovado que me envuelve. Busco el verde y la humedad de mis pasos infantiles, muerdo el polvo que levantan mis escarpines. Tomo y protesto, clavo banderas: ¡esta flor es mi flor, y éste de acá, mi espanto! Se cierran las fronteras.











4.

Quizá he pecado de frío e insensible y por eso ahora me atormentan los monstruos de carne y garras con sus dientes en sonrisa directa del no-entendimiento / Quizá merezco el peor destino por haber gozado tantas frutas mágicas en la infancia sin haber tenido las vergüenzas divinas del destierro, mientras esta gente (inquieta de escalones) nacía entre la tierra infértil, entre estertores de la no-opulencia, entre mentiras de cartón y de sangre / Por ello me falta el odio de los comunes y hoy obedezco / pero odio y obedezco / y odio y obedezco sin aparentes razones ni poderes ni mandatos /



llevo el estigma de ser afortunado siempre /


Quiero entonces (debo-quiero-debo-tengo que-debo-podría hacerlo-debo) revisar las inquietudes de la gente, ponerle menos sal al mal tiempo y sanar sus heridas más profundas / Seguro que para eso vine, y sin eso quiero irme. 






5.

Qué manía por perder los pies del pavimento: 
ni Dumbo pudo hacerlo, 
ni ET sin bicicleta.



6.

Conocí un lugar de paz donde el Dalai Lama jugó a sentirse libre.




7.

De nuevo la estrategia, el europeísmo, la tarde a secas que aquí se desmorona cargada de títulos nobiliarios... y yo con mis ojos irritados: con mi "hinchazón del monte". Menudo miope.






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Todas las fotos entre noviembre y diciembre de 2012
Los aires rodean Guanajuato y Querétaro

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lunes, 14 de enero de 2013

Hay unos ojos


Carmen 


Me cantaron "Hay unos ojos" en Ajuchitlancito. 
Una de ellas, la mayor, era ciega. 
Otras dos vendían bordados 
con flores, callejas, 
olores de otoño, 
colores chillones. 
La cuarta se moría de frío.


Hilda 

J. Luz



Querétaro, México