domingo, 24 de octubre de 2021

Estamos a salvo


Sigo pensando en mis pies desnudos cuando tocan la duela de pino de nuestra habitación. Huele bien. Se siente bien. Truena, concreta, la madera. Me abrigan las cigarras cantando en la ventana. Son las cinco. Ni tarde ni temprano. Las 5 son una oportunidad para escuchar la limpieza de nuestros montes.

(Antes, toqué tus labios con mis dedos sin que te despertaras. Imaginé una almohada, y avellanas. Qué quieres que te diga. Hundiste tus dedos en mis mejillas sin despertarte. Creo que pensaste en pretzels con chocolate amargo… ¡la cara que pusiste! Qué quieres decirme. Nos mordimos la boca con el diminuto entusiasmo que siempre muestra lo eterno. Estamos a salvo. Afuera, un perro merodea el frío.)

Salgo de la habitación; antes de cerrar la puerta, te miro un segundo: parpadeas despacio, te entregas a la tímida sonrisa y te acurrucas, arropando tu cuello con la cobija de alpaca. Suena una ambulancia. Estamos a salvo. Huele bien. Se siente bien. Cierro la puerta, queriendo más de ti. Me invento en tu recuerdo.

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lunes, 18 de octubre de 2021

Debut '21 / Ángel de la incitación



Por noches pienso que somos más que yo. Unos cuantos. Seis, siete. (A veces la torpe imaginación es eso: torpe.) ¡Debemos ser más! Punto. Al menos uno más. Muy adentro mío. Sin brillo particular. Lo que soy en otro polvo, lo que no seré jamás en agua. Más de lo mismo, quizá, y tan distintos a mí cada vez que miro. Piensan en otros rostros (o piensa lo mismo). Juega con nuevas manos (o juegan a lo mismo). Amarrados. Libre.

Si al verme en el espejo me muevo poco, se asoma. Si al desatarme los ojos, ahí. Está donde el peligro y la llama, hacia el centro del ombligo, en el vuelco de orejas: desde allí me impregna. Mi otra voz, mi tono distinto, el de abajo o el de adentro. Ahí; pero más lejos, más derrotero a mar abierto, y también mayor. Sin experiencias. Sin mis debates. A través de los inciensos. Con los prejuicios del roedor asustadizo. Justo ahí. Y tan valiente.

Se formó en el andar pre-galáctico del tiempo -quizá como un quiste-, tal vez llegó abatido tocando la puerta de Saturno con la palma bien abierta sin que le escuchara, o escucháramos, si es que desde entonces éramos más. En una de esas, apareció de la nada, ángel de la incitación, se apoderó de mis entrañas y -como bienvenida- me dio migrañas.

Nadie sabe. Les he preguntado uno tras dos, sin que el de adelante me escuche o el de atrás reniegue. Cuando hablamos todos, pocas veces realmente, bohemios y al mismo tiempo, llegamos a la feliz conclusión de dividirnos en estrella, luz, cometa, hielo, santuario, largo etcétera. 

Semilla voladora tal vez, no sé. El detalle es que siempre vemos lo que no está. Nos gusta privarnos de nosotros. Es nuestra sutil esquizofrenia. Así nos entendemos, bailando y doliéndonos. Asiéndonos y consolándonos. 

“Si yo soy capaz de desdoblarme, tú también”, decimos, y mediante el sueño nos encontramos. Intentando huir de mí. Para siempre y más.

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Si lo piensas de ese modo, es fácil. Es como aprender a escuchar el canto de los grillos en la noche tenebrosa. (A veces la breve imaginación es eso: viva.)


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Trípode es un dibujo digital de (el) peatón

¡Dale!



lunes, 26 de octubre de 2020

Debut '20 / ¡El corazón nos revienta!



Play and read!


¿Quién está detrás de la sonrisa?, ¿quién al otro lado de la máscara de ser uno mismo?, ¿cómo iluminar tu rostro sin velarlo?, ¿cómo caminar de puntillas sobre los pastos sin lastimarlos?, ¿cuándo comerse a besos?, ¿cómo nacen las promesas?, ¿cuándo abandonamos?, ¿por qué volvemos?, ¿hasta cuándo?, ¿hacia dónde?, ¿bajo qué contratos?, ¿comemos más?, ¿bebemos menos?, ¿gritamos lo que antes callábamos?, ¿paciencia, saciedad, torpeza, hipocresía?, ¿nuevos límites?, ¿menos jaulas?, ¿tijeras, cuchillos, piedras, pistolas?, ¿dónde te metes?, ¿por qué te escondes?, ¡no me asustes!, ¿caminamos? Y luego qué: ¿explotamos?, ¿entrelazamos los dedos hasta tronarnos los huesos?, ¿damos gracias al Cielo?, ¿al cielo?, ¿decretamos: aventura, bondad, fiesta con ginebra, globos rojos, látex? 

Vamos a suponer que caminamos, sólo por no perder el tiempo; ¿y luego qué?, ¿partimos de cero?, ¿dividimos dos entre dos?, ¿dos entre tres?, ¿nueve meses?, ¿chillamos?, ¿rezamos?, ¿nos abrazamos?

¡Y cómo nos abrazamos!; ¿es magia?, ¿destino?, ¿caramelo?, ¿frívola casualidad?, ¿causa y efecto?, ¿un organigrama de crochet?, ¿líneas rectas de origami?, ¿hexagramas con billetes?, ¿diagonales como pizzas?, ¿biología?, ¿rutas de escape?, ¿taquerías?, ¿nardos en tu jardín?, ¿siemprevivas en el mío?, ¿tu casa de pastel?, ¿de acero mi casa?, ¿nuestra linda casa?, ¿su hogar perfecto?, ¿trapeamos?, ¿sacudimos?, ¿nos montamos altares?, ¿aprendemos recetas?, ¿que se pudran las verduras?, ¿que se nos tapen las venas?, ¿que el corazón nos reviente? 

¡El corazón nos revienta! 
Tanto entusiasmo vuelto virus fluorescentes. 

¿Para qué?, ¿para estancarnos como agua verde?, ¿para rendirnos al sol de la tarde?, ¿para hablarnos susurrando?, ¿lamernos como gatos las orejas?, ¿para ponernos la piel de gallina?, ¿el alma en vilo?, ¿la mente en blanco?, ¿todos los planes?, ¿todos los días, los años, las múltiples esferas de existencia?, ¿todas las vidas de todo el mundo? 

Quizá va siendo tiempo de los nuevos rostros, los ojos más grandes, las construcciones, los paradigmas caídos, nuestro alfabeto, tu grandeza, mi andar tan lento, su inocencia, otro comienzo con menos preguntas y más equivocaciones. 

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Cabaña en el bosque es un dibujo digital de(l) peatón

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domingo, 25 de octubre de 2020

Polvo de estrellas

Para Aurora, en su sexto mes de vida


Somos la espina en la rosa, poro que engulle agua; nos mantenemos titilantes, a la deriva, rebotando en acantilados verdes ocres amarillos. Nos suponemos luz. Estrella guía. Camino sin estorbos. Y así la vida entera.

La realidad es otra. La espina viene de otros poros, el agua crea su cauce en otras venas, la luz proviene del frasco pequeño con polvo de estrellas que mostramos orgullosos en el esquinero de la sala. 

Nuestras ideas forman la maleza en la frágil vereda de la existencia ajena. Nosotros solo apagamos y encendemos la lamparita que refleja planetas en las paredes pintadas de rosa pastel. 

Y así sí, su vida entera.

No siempre ha sido así. Aprendemos a encontrar tesoros y consejos sobre la marcha, sin mirar los mapas. De pronto aparecen, de la nada y relucientes, y nosotros simplemente alargamos los brazos y los apretamos con los dedos tratando inútilmente de asirlos...

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Sin tiempo para cicatrices es un dibujo digital del peatón

miércoles, 12 de junio de 2019

Casi

Para los amodorrados inquietos
















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CLIC EN PLAY, Y LEE




no amanecía
pero casi

me diste un beso
¡trataste!
y casi

hubo saliva
labios que truenan
chas ~ qui ~ dos

aire fresco
melodía
árboles gritando
baja la voz

flores de durazno
ámbar
alquimia
salpullido

la pradera insomne
mis señuelos
¡tus sonidos!

la tierra entera girando
bestias que se acomodan
caballos salvajes duermen
los ríos

tus ríos

caricia torpe en la mejilla
torpes manos en las líneas
sombras que de azul morían

entre cuerpos
despertamos

y más paz
y otras curvas
nuevas rectas

el horizonte

no amanecía

y ya trinaba el cielo
y te fugabas
me hundía
regresabas
me iba

nuevas formas

dos minutos al alba
sin ayuno
dos paréntesis sonriendo
fuegos fatuos
muertos que embelesan
dedos que me aprietan
nonatos sabios
luna de los aúllos

unos se van
otros se vienen

fruta
sorbo de café
la madrugada

nuevas rectas, dije
nuevas metas

cerraste los ojos
yo estiré los brazos

...




Golden shimmer es una serie fotográfica de Jim Smith

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miércoles, 22 de mayo de 2019

Debut XIV




Había una vez que vivieron felices para siempre. Aquella vez habida, “siempre” fue un para qué sin mucho afán de medirse en unidades de tiempo. “Siempre” VIVIR FELICES se convirtió en un conjuro de infantes, pelotas y perros. 

Pero el tiempo le ganó al “siempre”. 
El tiempo gana siempre. 
Y “siempre” volviose así en un estatuto frío de eternidad. 
Se le fue la gracia. 
Vivir felices ya no era más: ni conjuro, ni magia, ni enredo. 
Era otro deber, a pagos y a plazos. 

Por ello (y desde entonces), tanto las premisas como los finales de todos los cuentos, se ampliaron a una serie de recovecos y acciones y personajes. Es la manera, al día de hoy, que tienen las historias de recordarnos que no hay nudo que valga sin complejidad en los hilos. Tremendo lío. Prefiero andar desnudo.

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"Vulnerables somos porque estamos vivos
y estar vivo significa estar dispuesto"

Pedro Pastor Guerra



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viernes, 17 de mayo de 2019

Debut `19



Empezar desde cero. ¿O no? 

Picar piedra, moler a golpes la inocente cresta de mi razonamiento. Dar la cara. Mirar de frente a la pereza como quien quiere respuestas. 

(¡Respuestas de qué quieres exactamente! Llevas dos años y medio dibujando garabatos. Pintando paisajes boscosos, gente posando, cielos rojos. Te has hecho viejo tan pronto y tus líneas se disipan entre niebla y llanto y aspereza. No visitas más tus breves praderas. Casi no cantas. No juegas. No enredas versos en rimas ni mides ni atinas ni muestras tus cartas ni entiendes del mundo ni pagas la vida.) 

Empezar desde cero. 
Por manda y por fuerza. 
Sin el as ni la manga. 

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lunes, 12 de septiembre de 2016

Tres minutos / Debut XIII


Texto para salas de espera y salones de belleza




"La esperanza lanza sus anzuelos desde un más allá 
y yo no me encontraré hasta que me deje de buscar." 

Nano Stern


Quienquiera que seas, donde estés, mírate en los espejos: sabrás entonar con dulzura tus distintas pieles a través del tiempo. Duele hacerse más ocaso y menos viento, duele reírse con los dientes maltrechos, duele aprender a vivir con menos ropa pero es un deleite quitársela más lento. Duele cada fútil momento que destinas a pensar a qué sabrá tu siguiente alimento. 

¡Pero sabe a tierra mojada el brillo con que te miras! Huele a fresas con crema el futuro que respiras y, quién lo sabe a ciencia cierta, puede que en tres horas cambie(s) tu vida e inviertas tu invierno al goce del atardecer perfecto. Debes estar preparado, maletas adentro, para salirte del eje, reinventarte entero, vociferar entonado cada uno de tus aciertos y miedos, salir resabiando la menta y el romero de tus instantes de quiebre, de tus treguas con el tiempo.

Cual sea tu virtud, doquiera riegues tu talento, deja que el silencio te calle la boca y te haga más noble, mírate en los espejos: ronda con la yema de tus dedos el pasado inmediato y entrégalo sin remitente a los carteros; llegarán tus mejores "yo" a otros destinos inciertos. No habrá quien pueda enfrentar el que fuiste con el que eres. Humedece entonces tus labios con agua mansa de riachuelos y deja que de tu lengua emane la verdad perfumada que acaricie corazones de gente que aún no conoces. Prométete sonrisas en rostros ajenos. 

Lima las asperezas con el tibio que llevas dentro y enciende otras almas y otros cerebros. Fabrica un ungüento con el ala rota de tu mariposa y frótalo con vehemencia detrás de las orejas, escucha el sonido de tu cuerpo al otro lado del espejo y déjalo salir a mirar el mundo con gafas de celofán y brillantina. Todo será lampareante y valdrá la pena el mareo.

Sea tu postura lisonjera y cantante o sea más bien de hierro forjado, petulante, cuídate bien de los reojos, encara tus ruinas, mírate en los espejos: tienes un lunar de niebla en la nariz que te obnubila el olfato y pretende a toda costa quitarte el gozo de oler con mansedumbre hirviente el cuerpo de quien amas. Vas a extirpar con fuego la carne vieja de tu carne virgen y a escupirte alcohol con ajo sobre la herida abierta, no dejes que infecte la experiencia tu anhelo de saborear el reino del aquí con su filtro de indiferencia. 

Has llevado tu vida con más decoro que paciencia y siempre es un buen momento para las pausas y los aplausos. Ríndete un homenaje. Fanfarrias y tecnicolor deben rodearte ahora mismo. Supongo que nadie está listo para esta clase de cinismo pero ¡que nada importe!, apaga la luz que llevabas prendida por dentro antes de conocerte. Hoy te sabes más vivo y más tuyo, sabes lo que engendras y lo que eres; no vas a parar de descubrirte nunca, más vale que te des el tiempo de acostumbrarte.    

Digas lo que digas, ardas con lo que ardas, rías por lo que rías y llores en multitud o a solas, mírate en los espejos, haz un esfuerzo, desdobla tu andar y tu monserga: riega sobre el cabello cada insondable batalla (las estrategias si las hubo, las piedras donde las haya, el ciclón de los temores, la imponente tormenta del olvido), espera unos minutos con esa mezcla espesa en tus ideas y, mientras nubes bajas se alejan aclarándote la tarde, prepara un té de durazno, de hoja de higuera, de hierbabuena, ¡de cualquiera de tus fortalezas!, y bébelo al tiempo que piensas si has ganado o perdido, si tu vida es la balanza con la que otros te miran o el martillo que fija las cosas en su sitio. 

Mantén la mente abierta, empapa tu paladar de incertidumbre y también de fiesta. Vuelve a tus espejos, sacude con fuerza tu cabello, camina lento y nota la ligereza en este nuevo andar sin atropellos. ¿Te diste cuenta? Funciona. Nadie sabe cómo ni por qué pero uno siente que domado el miedo, cabalgar se transforma en regocijo.

Por si pensabas que es fácil, debes repetirlo todos los días. No estoy diciendo que conviertas tu tiempo en un ritual, puedes cambiar las esencias; esta vez fue el miedo, mañana ataca a la pereza y presta atención en los detalles, o en una semana comienza por entender tu ira, dentro de un mes cambia la nostalgia por terrenos pletóricos de flor y confeti, en un año los gastos en navidad, en fin, lo que te duela, lo que te quite del camino: borra lo que te haga más parecido al espejo y no al "contigo". Date tiempo. Vete quitando el abrigo.

Dedícate a progresar, a amar, a respetar, a dar un abrazo o a congeniar con el diablo. Tú eliges, la vida es un restorán con menúes que cambian a diario. Dice un cantar popular que vivir son tres minutos, y dígome yo: deja de estar, coño, sentado y aprende a ser un jinete. Si vas a mirar, no mires al de enfrente, ¡mírate en los espejos!, y resplandece.

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shh, play & listen!



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viernes, 22 de abril de 2016

Cruce de caminos 18 / n





a) Callejoncillo sin salida


Allí andábamos los dos; anidándonos, un brazo bajo el otro brazo, comprometido secuestro del tiempo y el espacio. Nos dábamos las pausas que predican los que fundan su amor en la libertad y luego nos las quitábamos, sabrosamente, debajo de almohadas y con la piel del otro como edredón ajeno, tratando de engullir el amor. ¡Que no se escape! Que se renueve.

Pero el amor (diseño universal, concepto en diccionarios) sigue su curso. No se escapa ni se renueva pues nunca huye ni envejece. Ahí está: vive como alfombra flotante, esponja que revienta y se torna jabón sobre otros pechos, agua al interior de otros sexos. Tan tigre el amor que defiende y ataca, que lame heridas y roe los huesos.

"Con sabrosura", dije; sí / con ilusiones puestas en volver a olernos, con salpullido de tanto no tocarnos, inobjetados amantes cuando hincha el sol cada nube de las tardes, luciérnagas ardientes en lo eterno.

No pudimos. 
Lo eterno aparece también en diccionarios.


b) Ciclovía del Niño Envuelto


Empalmar de nuevo la vida en cajas. Mirar cómo decrece. Pareciera que antes necesitábamos de tantos artilugios para sobrevivir en las selvas, y yo les insisto que tras cada mudanza mi patrimonio es visiblemente menor. Sigo cargando mis discos, por si hay alguien preocupado; sigo creyendo en la enorme belleza que encierra el papel celofán cuando recubre a un álbum nuevo. Porque fuera de ello, he perdido tantos libros y he robado tantos otros que se me empiezan a escapar las letras que me comía de noche estas últimas largas estaciones en las que crecí a solas... en las que, ¡por fin!, crecí a solas... en las que estuve solo, pues, dicho sin matices; ya que crecer sigue pareciéndome un verbo que me acerca y confronta con la muerte, de la que ya nunca hablo, por cierto, por miedo a morir de pie, como lo hicieran tantos héroes.


c) Breve caminata del Ocaso


Le hacen falta aciertos a mi existencia.


d) Rincón del soliloquio


Me impongo la limpieza como un hábito, más que etéreo y que poco engloba, digamos: eficaz. Me considero pulcro. ¿Cómo eres, qué te define? Pulcritud, señor presidente. Bien. Sin embargo quisiera todo lo contrario; reafirmarme en el caos de la obsesa necesidad de insanidad y basura. Alguien me dijo que desconfiaba de mí por tener mi casa limpia. "Escondes algo", me dijo con los ojos apretados de sospecha. "Escondes algo" se volvió mi martirio y me persiguió en pesadillas de esas donde las lavadoras se comen cósmicamente cada calcetín derecho. 

Así que llegaba a casa, a veces caminaba media hora rondando unos jardines cercanos, y al volver tiraba, sí, con desfachatez y sin cordura, mi rompevientos sobre cualquier sillón; dejaba que existiera allí, un par de horas, quizá tres; le inventaba nombre y voz, postura política incluso; si algún andar me cruzaba con él, lo miraba fijo, notaba su sonrisa irritante, retadora: ¡Quítame de aquí, méteme a tu clóset, princesita! Debía salir huyendo, volver armado, insatisfecho, atacarlo de frente con un gancho de colgar la ropa y llevármelo a empujones de vuelta al armario. 

Después de todo, quizá sí escondo algo.


e) Caleta Desesperanza


Cuando la gente habla de "reconciliarse con su pasado", a menudo pienso en dos siluetas que se abrazan fundidas, lacrimales, suerte de larguras negras que se vuelven un solo espíritu. Quizá sea eso; la gran mayoría de las veces gana mi cinismo creyendo que no tengo nada que perdonarle al pasado y me escapo del autoanálisis. Perdonarme. No perdonar el contexto, no soy el Papa para pedir que besen mi mano los personajes que han moldeado mi pasado hasta convertirlo en sombra triste. Soy yo. Uno más de la fila. Solo perdonarme, dictan los libros de autoayuda. El cinismo vuelve y ataca de frente: no sé qué debo perdonarme. Y eso me apabulla. Llena mis poros de espanto y mi presente de cuando en vez se quiebra en llanto.

¡No sé qué debo perdonarme!, grita mi grandilocuencia, grita mi ego, gritan mis dramas cotidianos, mi cuerpo, reflejo pálido y graso de ese no-perdón, también lo grita. No sé qué debo perdonarme, ya no hablemos del cómo.

¿Debo perdonar a mi pereza y mi desidia?, o más bien dejar de escribir estas líneas panfletarias de autosabotaje y estorbar mi mente con otros árboles más grandes y de mayor fronda que se vislumbran en el futuro.

Qué debo perdonarme. Me gusto, no lo suficiente para hacerme un monumento pero a momentos me gusto. Claro, también me duelo, me sobo, me aplaudo, me regaño, me entristezco o sacudo. Golpes de pecho y de pecado, golpes de conciencia, golpes de cansancio. ¿Debo encumbrarme en estatuas con todos estos colores?, ¿con estos diversos pasados?, ¿con el atormentado presente por no saber perdonarse?, ¿por no saber andar sin un abrazo?


f) Banqueta del reojo


Sólo hace falta llorar un poco para notarle al cobarde la mayor de las antipatías.


g) Avenida Reconciliación


(El) peatón cumplió diez años y dos largos intermedios sabáticos caminando tímidamente en la blogósfera. En 2004 la gente producía contenidos muy específicos para las incipientes redes sociales. Muchos nos hicimos bloggers creyendo que las bitácoras electrónicas durarían toda la vida y nos terminamos mudando a otros espacios donde el ego y la necesidad de acrecentar a la clientela se colocaban por encima de la calidad. Y si no de la calidad, al menos de la honestidad.
                
Me propuse no cerrar el sitio hace ya varios abriles; mantenerlo como un rincón cálido donde darle desemboque a mis fiebres y espantos. Pero era inútil: me gusta que otros caminantes lean y perciban sobre estas fiebres y estos espantos. Desde entonces me he censurado para que no me dejen de hablar en los bares, o... visto lo visto, para no dejar de ser un ciudadano de a pie que va cabizbajo hablando de lo cotidiano. Volví a escribir para mí, y hoy es el mayor de mis disfrutes.

Así que muchas gracias por la compañía, la paciencia y la negociación entre ustedes y Juan Carlos (esa suerte de alterego) en cada una de mis caminatas y descansos. A los otrora escuchas en la radio y a los lectores vigentes del blog: tenquiu. Al caminante novel y al peregrino viejo: gracias. 

Habrá que volver a redimirse. 
Tendremos, otra vez, que desnudarnos.


h) ¡Parma y jaleo, jopúz!


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La foto de los campos de trigo en Tlaxcala es de (el) peatón.


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viernes, 10 de abril de 2015

Amor gorrión





Antonio goza fragmentar los diálogos en tenues espacios, repasando sombras, luces, abandonado a la contemplación del polvo y el aire que se minan por los huecos de las conversaciones: nada tan preñado en adrenalina como un silencio arrebatado entre dos que se quieren.

Y Bibi no sabe dónde meterse, quiere volverse mesa, mantel, tablajón, duela, cemento, juega con vicio y ternura con la cucharita del café, gusta de marcar con taches de espuma el filo de los platos, relame esos silencios, se mete bocanadas al vientre que inflan su memoria intacta. No tengo recuerdos con “éste”; suele pensar de un tiempo a esta parte: no me ha hecho daño, no me ha hecho prenda, me abre las puertas, me abre las piernas, ¿me besa las manos?, me invita a cenar. Lo quiere bien; una suerte de amor gorrión que vuela bajito para estar mucho más cerca de los olores, las texturas, la importancia. Las cosas que una piensa, dice. Amor a secas, piensa.

Y Antonio en el silencio engulle su cítrico perfume al tiempo que ella sorbe dos traguitos del expreso que le empaña los anteojos.

Viaja ligero en equipaje el sonido de un trinche que rompe la capa de una crema catalana en la mesa del fondo. La visten y la sientan Doña Luisa y Gabi, ataviadas en perlaje verde y satén marfil. Dos gotas pretenciosas de Perrier bebiendo Bellinis como en cualquier tarde de domingo. 

Ya miran a Toño quitarse el saco y aflojar discreto la corbata. Musitan. Airosas y apuestas. Se ve que la quiere Dani. Dani apura el trago sin quitarle la vista a la Brioni en el cuello de Antonio. Me tiene sin cuidado si la quiere o no; no sabe ponerse una corbata. Ya no te hagas más daño Gabriela: mírate lo guapa que estás, lo afortunada y linda. Los hombres son como los músicos, hija: entran, tocan y se van. / Mamás. Se creen la savia dulce de la Madre Tierra.

Una fresca risotada exclama Antonio que hace que las burbujas del champán se rompan. Con galanura se excusa levantándose de la mesa nueve y se dirige con mohín alegre al tocador. El garzón en turno, un tipo solícito, le procura una flauta de Midori y espumoso seco a Bibi: cortesía de las damas del fondo, explica. Puesta en labios apretados, agradece tímidamente con una risita turbada. Su lengua aprehende las primeras notas dulces del melón dejando para el final un amargor nuevo y excitante. Es la tercera vez que Gabriela intenta quitarse de enfrente a los estorbos.

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En una ventana es un óleo formidable de Bartolomé E. Murillo 

jueves, 9 de abril de 2015

En un hilo





Ando y desando con el alma en un hilo de seda que años atrás un gusano labriego escupió en Japón durante la guerra civil que llevó al país del sol en su bandera a la bucólica ruina como aquellos fastuosos edificios españoles del barroco tardío destruidos durante la dictadura militar del General Francisco Franco al que mi abuelo topó en un buque que célere partía de Huelva a Veracruz donde desafiando lengua y costumbres el hijo ilegítimo de una mora y un trujillense ladrón se apoderó del oro azteca con la ayuda de los jarochos a los que de un tiempo a esta parte noto apaciguados con las discusiones sobre el clima y el precio de los perfumes piratas que los rusos en franca colaboración con la aduana desembarcan en el Puerto insigne de la Villa Rica para deleite de las narices de chicos y grandes como los tres hules viejos del jardín materno que en el ‘85 un ventarrón del sur nocturno y caliente derribó provocando estropicios en la tapia en la que pandillas pueriles solíamos mirar la tarde agonizante y los tordos volver a la guarida arbórea en la sierra eterna que esconde en sus parajes de ocaso la Madre Oriental de este inmenso mundo de nubes con formas de cocodrilos y olor de azafrán en flor.

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Luego (y cantado entonces lo anterior, paisano), seco de saliva y licor, pronuncio en fiel altavoz los estambres que rígidos nacen de mi patria chica: vientos tibios, sol de moribundos, garzas, valle verde, zafra, canción, vereda, palo de la guayaba, tramperos, quijadas, dóciles cabritos, matorrales, madre horadada, lluvia, flor, mujer honrada. ¡Bórdame estos nombres en la piel, petrona! No sea que vuelen a ras los quebrantahuesos y nos tapen el camino con sus antenas y tuercas.

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La blusa con tira bordada tabasqueña es foto de (el) peatón

miércoles, 8 de abril de 2015

Smart Dream


- o El tufo de las terneras -



Me ha parecido verte en la cocina el otro día; jueves. Ibas a preparar risotto con solomillo y recordé la discusión que tuvimos meses atrás sobre el tufo de las terneras. Quién sabe. Estás muy guapa como para llevarte la contra en olores. 

Te pediría que saliéramos a pesar del visible anillo que presumes. El viernes soy sous chef en la apertura del Salado, sábado se me casa la sobrina mayor y mi hermano pidió el display de postres. Además debes pensar que soy una especie de bicho raro: cocino siempre con la filipina negra, no uso toque blanche, regaño siempre en francés, ando en moto, fumo y fumo en el traspatio y paso gran parte del día viéndote los senos y las nalgas. De seguir así ni siquiera te voy a dar la oportunidad de que me mandes a la mierda.

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Y yo queriéndome comer tus labios, los de arriba y los de abajo / Siento que eres la modosita perfecta en la cama / Anoche me llegó a casa el Smart Dream que me recomendó esta chica muy espigada que está en caja / Ni yo sabía ¿eh? Mira que hay de dónde elegir / Es un, cómo decirte Vale, aparatito que… da… viene como en colores… ¿morados?, lo más nuevo ¿eh?, y limpio, limpio, seguro… como una especie de… estimulador…

clitoridiano.

¡Ya está! 
Lo dije.
Las cosas como son.

No he tenido tiempo de usarlo; esta mañana La Roque me llamó con su tonito burlón de niño tonto para pedirme orozuz ¡Dónde le consigo orozuz al nene! Tuve que ir a un sitio horrible, me salió carísimo y el muy cabrón no me va a pagar ni el taxi. 

Pero pensé, pensé mucho tiempo, en la ducha, al ponerme la ropa interior, en el café, en la Ducati, al notar tu ausencia en el restorán los últimos días –ya sé: la boda, me imagino-, que bien podría enseñarte a usarlo. O que lo uses conmigo, bombón. No sé: me tienes fascinada, magnetizada Valeria. Caliente, ¡feroz!, atormentada. Vaya vergüenza. Y vaya tristeza también.

)

¿Será que yo te gusto?




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La tetera de cobre es obra de Jorge Pineda

martes, 7 de abril de 2015

Esquema provisional de censuras



Te sobreviví a las largas heladas de la adolescencia, a los besos que robaste y te quitaron en las fiestas infantiles. Luego viajamos, cada quien con su entonces cada cual, y en parajes remotos a los ojos de los dos nos llenamos el rostro de aurora sin pensar tanto en el otro.

Entonces, lejos de atavismos, cargados de eclipse y niebla, nos dimos la mano en un diciembre ligero; nos dimos la boca y los vientres, nos dimos la luna y el frío y la danza.

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Cuando cobré la conciencia que me debían antiguos fantasmas me hice pobre en inconsciencia y dime cuenta enseguida que si quería alcanzar mi plenitud

(PLENITUD: pies en la tierra mojada, alma vuelta papel de colores, mirada boscosa, alegres manos jaraneras, lluvia en la piel cobriza, voz de miel y nuez moscada, ojos anisados, dedos de novia, ombligo de tabaco, etcétera, etcétera, tantísimo de etcétera)

                                      debía escabullirme de cualquier estándar de belleza que antes me haya enunciado como “amante de lo bello”. Pensé: no puedo,  y sucumbí a la llana contemplación de miradas portentosas. Me di a tu forma de ver el mundo. Abandonado en vista, miré a mi alrededor.

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No hay nada / No hay focos / No hay rastro / No luz / No magma / No cristales ni vendimias ni ventanas / Nada ni habrá / Nada de nada / Nada de viento / Nada de eterno / Nada de bueno / Nada de blanco / Ni negro / Ni mientes / Ni estorbas / Ni huyes / Ni nada.

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Me estás prohibiendo mi emoción y los asombros, sentencié con voz de trueno. Por ciclos tengo impulsos de ser el árbol y el agua, la caracola anciana donde el mar se reproduce, el pájaro que duerme a las seis de la tarde, el gusano que se esconde del pájaro, la fruta que no cayó del árbol. Pero vuelves, inquirí, robándome todas las ganas de ser el globo que deja escapar el niño envuelto en llanto; logras con tus trucos que ya no quiera parecerme al lobo que patrulla las praderas congeladas hostigando a los bisontes viejos.

Le haces daño a mi sombra de palmera datilera, quitas todo el frío de mis noches estrelladas en el Perito Moreno, te comes la manzana que puse en el camino de los primeros hombres, me robas el abrazo en el que quiero fundirme contigo, dinamitas los montes donde he visto dormir a tantos soles, riegas los árboles de mis caminatas a sabiendas de mi completo disfrute al verlos secos, rompes la soga con la que cada abril comienzo a suicidarme, bebes del agua donde mis salmones nadan a su encuentro con los osos, te vuelves carnaval con las plumas de mis faisanes, declaras sitio inaccesible a los jardines de Aranjuez matando de un soplo el vago recuerdo que sostengo de mi padre y de su mano fuerte como guía.

Si quiero cenarme un pato tú cocinas perdices, si quiero cazar un alce tú me engañas con cualquiera, trazas mis itinerarios para que vaya donde vaya, de ningún lugar me sienta dueño, ningún lugar me haga falta. Eres cada uno de mis espacios. Soy todos tus sitios.

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Anoche perdí el deseo que tracé con la estrella fugaz de los mediados de agosto.

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No niego mis miedos, no ensucies los tuyos. No me mojes los cigarros, son los últimos que tengo. No me digas que sí cuando sabes bien que no. No lo sientas. No me perdones. No te distraigas. No te enojes. No jugar en el césped. No molestar: recién casados. No estacionarse. No mientas. No al aumento de la gasolina. No te metas. No te salgas. No te duermas. No desvíes la mirada a los lugares comunes. No queremos pan, queremos educación. No me colmes la paciencia. No te quieras pasar de lista. A mí no me gritas. No me toques. No funciona. No te había visto. No me dio la gana. No sabía. No tengo cambio. No hace frío, no jodas. No lo creo. No sé. No tiene madre. No me gustó. No te lo comas. No va a pasar nada que no queramos los dos. No hay agua. No lo tengo en existencia. No juegues con fuego. No hables con extraños. No controles mis sentidos. No rompas más mi pobre corazón y otros muchos éxitos del verano.




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El esmalte es de Maritza Morillas


miércoles, 21 de enero de 2015

Axioma





Cuatro meses de abundante desapego. 

A través de caminarlos: nueces del invierno, soles tristes rodeados de ese cierzo, nubes y la calma de la memoria, plumas fuente desgastadas, breves sueños con la garganta sana, muchos caminos de tierra, siete suelas maltratadas, espejos rotos que adelgazan, dientes que ya no sonríen, piernas que nunca responden, voz de fuego y rabia, aguas termales por las que tenue resbala el olvido. Cuatro meses de punto y seguido.

En el fulgor de las obsesiones sociales, y bajo la tutela del quehacer cotidiano, me he ido volteando a otro tipo de espesuras, de pasiones y conductas que antes desconocía; al menos bebo menos alcoholes y pierdo el tiempo en graciosas formas: juego mucho con lápices de colores, circulo lento en calles desoladas, me imagino todo el tiempo las mismas recetas para ser feliz y en noches nuevas de guitarra me reinvento como el eterno aprendiz sin mucho más decoro que las eternas posibilidades de seguir equivocándome.

Cargo a cuestas anteojos y paraguas y vuelvo al misterio inicial de esta bitácora suspendida en el tiempo. Diez años mirando atrás, un hombre a pie arrastrando las manecillas de amigos y familia, amores y piedras, sexo y mentiras, libros, discos, cine, descuidos, pinturas, álgebra y desconsuelo, fotos y manantiales, ciruelas, viajes, estrellas y decorados. Mejor no me sigo inquietando.

Detrás de las ventanas parece que sigue la vida sin importarle si voy deprisa o me detengo. Así debe ser la matemática que ordena al mundo: desenfrenada, me imagino. Desenfrenada, sin sutileza, menoscabando, encumbrando, tirando dados, reina del sinsentido, fatamorgana en carreteras abandonadas, oasis para aquellos con cantimplora.

El punto no es la vida, sería tremendo y pretencioso; ni es el tiempo ni el pasatiempo ni las veredas ni la distancia. El punto (compañera, amigo, vidamía, halo lunar, madre, campo, viento, padre, ombligo) es el marasmo de todo recomienzo.

Transcurren ligeras las horas sobre la montaña, y lejos entretengo el lente y la sombra a favor de estar perdido. Perdido así puedo volver sobre mis huellas sin asustarme o asustar. Desbrujulado y angustioso, cantarín de sermones y escapista de las epístolas con moraleja, voy desdibujándome sobre mis propios andares. Hasta que ya no quede nada. Hasta que ya no sobre nada. Hasta que al filo de tirar la toalla y entregarme a otras fruiciones un ignoto grito me recuerde las valías fundamentales que me habitan. Soy yo en la cima y no en la cueva, yo como el ojo triangular que llevo adentro, yo detrás de mis yerros inconclusos.

Prefiero silbar, trazar a machete mis bordes y darme entero al trinar piadoso de amores nuevos en tiempos sibilinos. Por qué vociferarle al mundo entero mis virtudes y rencores, por qué arrancarme la piel si es impasible el segundero. Prefiero silbar.

Sólo hay algo incuestionable:


La milpa es foto de (el) peatón

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miércoles, 3 de septiembre de 2014

(im)pulsos gra(vita)to(rio)s


(vómito textual con corrección)

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I. Enunciación


Nada significa nada.
No es no.

El vergel donde retozas es un verde no;
el arroyo en el que nadas: no bajo las ondas de tus calmas;
los astros vespertinos son un no a las calles sin farolas,
y la merienda, si vasta: pesadillas de carne con gusanos.

Las criaturas noctívagas:
lechuzas que no
debes ver
la gasa de la mujer fantasma,
la mesa triste de raso tablón
donde se barajan cartas
de las magas
con tatuajes,
y amuletos de esmeralda
predestinan:
-tocan tu luz, tu mantilla-
“vas a enamorarte”
(gimen las pitonisas).

El centro del planeta: lava helada
gritándote que no te sueltes.

¡No te sueltes!
Nada significa nada.


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II. Duda


¿Mis retardos y mis logros,
mi enfermiza poma que tengo en la cabeza,
tu lunar en la entrepierna
¡y todas tus hijas con hijos!
el viento que apenas aletea
por encima de las palmeras
este calor salado
que te deja la noche
oliendo a invierno en primavera,
cada relámpago
que ilumina tus ojos marrones
o son azules
de mar
mis recuerdos?


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III. Diálogo


¿Todo significa nada?
No es no.


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IV. Infanticidio


No es en tus tampocos,
ni en tus sueños
donde  yo me yergo con la noble figura bulliciosa
de cabellos vueltos trenza en mis ayeres.

No me visitan tus multitudes.
No me fundo en valeroso traje
ni hablo de deportes con amigos
ni camino despacito
y a tu lado
mientras te terminas el helado.


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V.  Impulsos gravitatorios


Ya no pinto acuarelas
- te gustaban.

Ya no buceo
en picada desprendida
buscando el talud continental
desdibujado
por temblores nuestros
luego con agua y saliva
lavados.

Ya no canto las de Callas
Ni toco a Zitarrosa
en la guitarra de Paracho
ni en la ducha
silbo mientras cae la lluvia afuera.

Ni me disfrazo de fiesta
ni de orquesta
ni de one man band
ni de coma limpia que me ensucie la hoja enhiesta.

Ni ando a marchas forzadas
ni hago rimas forzadas;
(risas)
me dejo llevar:
(más risas)
ya nada significa nada.


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VI. Intermedio


(Nunca escucho a Ferreiro estando solo
por miedo a ponerme sereno.
Todas mis tizanas
se siguen pudriendo en la alacena)

Me taché de la lista de pendientes
e hice caso al holograma:
más acciones
menos dramas.

(Play!)

   


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VII. Duda (2)


A quién le importa nada.
A quién que no sea yo
bastándome de los engaños.

¿Mis intereses?
tus sobregiros.


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VIII. Pulsos gratos


Nunca quise echarte de menos
pero vuelves redentora
como vuelve mi infancia
mientras se alinean los planetas
y cada telescopio escupe fuego
por los ojos de las niñas
que quisieron ser galaxias.


Mientras nada sea tu punto y aparte
nada me significa nada:

Las cartas con chocolates,
los primeros besos detrás de los primeros árboles,
las risas cómplices
el agua que escurrió por nuestro cuerpo
-la sacudida instantánea
luego de ese sexo
y esos dedos
y esa menta por mirada-
los cielos añublados,
turbiones y lágrimas rotas,
las hormigas sin casa,
el deleite de volverme y verte,
los saludos secretos
el arma suculenta que es tu lengua:
celajes perdidos
por vientos de junio.


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IX. Partida doble


Viajes exprés encima de centauros
besos en las cumbres de montañas
viajes exprés en bicicletas
besos de silueta fina
viajes exprés bajo el rumbo de estrellarnos
besos en los semáforos
viajes exprés a nuestros gustos
besos a quien más tú y yo queramos.

Algo está siempre empezando
como triste verdad
como dulce mentira
vamos a olvidarnos de nada.


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La serie fotográfica es de (el) peatón 

El video del intermedio es Turnedo, canción de Iván Ferreiro al lado de su hermano Amaro Ferreiro contenida en el medicinal álbum Canciones para el tiempo y la distancia

 Una primera aproximación, más rudimentaria y tremendista de estos (im)pulsos gra(vita)to(rio)s, puede ser leída dando clic aquí.


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