martes, 27 de marzo de 2007

Kafka y la Pesca con Mosca

Con qué he llorado. ¿Realmente he llorado?, o han sido simples espasmos de una tristeza crepuscular que a ratos me habita. ¿Han parado de crecer los árboles que un día planté, jurando morir de cara al cielo arropado por sus sombras?. Cuándo lo juré. Cuándo juré eso. Cuántos mares he cruzado. Cuántas míticas canciones me he aprendido. Cuántos poemas. Cuántas recetas me han dado los doctores. Cuántas he seguido. Quién me ha enamorado. De quién lo he hecho. Cómo. En qué momento. Por qué exquisita desazón me he deprimido. Cuántos labios me han besado. Cuántos he besado yo. Quiénes han lamido mis heridas. Quién no me ha devuelto un libro, un disco, un refractario, una camisa, un guiño. Cómo vine a dar rebotando a esta silla -callada y fría- que no hace más que hundirme en arena, plumas e insectos. Cuándo empecé a tolerar a las arañas. Por qué me resfrié en aquel invierno. Por qué llegaste a mi vida en aquel invierno. Por qué aquel invierno se fue. Por qué se van los inviernos. Por qué no se quedan. Por qué no… se quedan y… e… e ideamos

/ cosas; no sé: abrazos eternos, minúsculas fogatas, conversaciones con códigos numéricos, amigos imaginarios, sapos sin verrugas, princesas feas. Cosas. Cosas ideadas en los inviernos que se quedan. Por qué no se quedan los putos inviernos. Por qué tienen que irse por el mundo repartiendo frío. Por qué esperarlos ocho meses. A ti no te esperé ocho meses; no eres estacionaria para hacerlo. No estás viva, ni disecada, ni muerta: eres la exhubia de otra.

Eres la exhubia de otra.
Qué sonora venganza.

viernes, 23 de marzo de 2007

Mejores Personas

No hay quien despacio quiera. A veces la pasión es de ermitaños.
No existe la reflexión sobre el amor sin beso que atestigue al ser amado.
No inventen paradojas de dolor en caminos transitados tantas veces.
No inventen.

Logro en ocasiones discrepar con mi mujer amante.
Le cuento lo feliz que estoy y ella me hace muecas de ternura, de envidia malviviente.
Si le canto en sol mayor, me devuelve un desafino con vehemencia: silba.
Hay días que persigo el sexo y ella viene congelada pidiendo a gritos que me aparte de su cama,
que me lea una revista en el retrete o me prepare un frígido "emparedado de lata".

No hay vuelta atrás; la incompatibilidad me vuelve impermeable...
-¡que ya no lloro nunca por amor! quiero decir-

Y luego...
Y luego están los escaparates.
Las modelitos, los guiños efímeros, los reojos, el calor, los calamares.
La champaña barata que vierto en otros muslos, el idilio de cualquier atardecer.
El calor.
.
El c...
.
EL CALOR.
..
...
Las duchas nocturnas en mieles ajenas.
El estrepitoso grito de la conciencia.
El llamado a la cordura.
La paz, la guerra, la vida entre dos, el insomnio, la paranoia.
Los celos que malvadamente la alimentan.
La cuidada madición de la matemática: uno más uno / valor negativo.
-¡ Rompamos entonces ! - quiero decir - con un carajo.

¿Y qué con eso?
¡Mejores personas!
¡Eso con eso!, mejores personas sin diluvios infernales, castrativos.
Seres libres, imaginarios, no cautivos, l i b r e s .
Seres libres. Sin ungüentos malevos, sin lechita, sin lecturas compartidas.
Seres que amen a otra gente y puedan un día, verse en un café por "azaroso designio".

Y ser infieles.

Manosearse. Acariciarse llenos de euforia. Comerse cual divina ambrosía.
Recordar a sus parejas durante el orgasmo.
Hincharse de vergüenza.
Interrumpir al amor de un golpe.
Sentarse en la cama del hotel.
Ver la tele calladitos.
Deseosos, de que en otros tiempos de tregua, se repitan sus encuentros.
Pagar la habitación.
Llegar a casa.
Dormir a pierna suelta.

Su novio le espera, mi niña descansa.
- ¿dónde has estado? - me pregunta.
No contesto.

m u t i s m o

Envuélvome en la sábanas.

No contesto.
La incompatibilidad me ha vuelto impermeable.

martes, 13 de marzo de 2007

Debut VII

La necedad me complementa... me hace fuerte. La necedad me reinventa cada que así lo imagino. Por eso vivo necio, apegado a los maltratos y a los malos entendidos. Por eso intuyo el fracaso, lo induzco, lo persigo. Y así la necedad que me habita se vuelve necesidad.
Aquí me planto; hoy ya sin promesas, hoy con menos virtudes, más gélido, más estatuario, más irasible. Aquí me planto y vocifero a buena voz mi desprecio por toda disciplina. Aquí me planto; dándole cara al personaje viejo que en mi espejo noto; dándole cara al soñador antiguo que en mi mundo no progresa. Aquí me quedo; soltando pétalos, comiendo tallos. Amarrando estrellas con cabellos largos.
Debut de frágiles hormonas y hormigas callejeras, de santos santiguados, de vientos alisios que con ternura me soplan las manos, enjugan mis mejillas y me obligan a luchar por toda noble nación HECHA de hermanos escribanos.